Cultura y neurosis

¿Cuál es el efecto psíquico de criarse en una cultura atea competitiva? ¿Existen ciertas formas de neurosis inducidas culturalmente?

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Dr. Zev Ballen

Posteado en 12.01.20

¿Cuál es el efecto psíquico de criarse en una cultura atea competitiva? ¿Existen ciertas formas comunes de neurosis inducidas culturalmente que se reflejen en aquellos que viven en una sociedad competitiva?

 

La vida moderna se basa en el principio de “competencia individual”. Se espera de la gente que se peleen entre sí, se superen e incluso se quiten a la fuerza los unos a los otros de la carrera de ser necesario. En una economía competitiva siempre hay "ganadores" y "perdedores". Eso significa que, si tienes la suerte de cerrar un buen trato para tu empresa, hay una o más personas que se vieron perjudicadas con tu éxito. A primera vista, esto tal vez no suene tan mal, ya que, después de todo, aquellos de nosotros que nos criamos de esta manera ya estamos acostumbrados. Pero pensemos en los resultados psíquicos de dicho nivel de competitividad. El resultado es que casi siempre existe una tensión hostil entre unos y otros.

 

Esta tensión se manifiesta especialmente entre los miembros de los mismos grupos profesionales y ocupacionales, independientemente de lo amables y educados que traten de ser entre sí. La competitividad prevalece en casi todos los aspectos del mundo moderno: popularidad, influencia, atractivo, inteligencia; la rivalidad resultante hace que sea difícil para las personas confiar las unas en las otras. El resultado es el aislamiento del individuo.

 

Hijos y padres, madres e hijas, un hijo contra otro, hombres contra hombres, mujeres contra mujeres: necesitamos entender cómo la competencia altera las relaciones normales entre las personas. Cuando Aaron se enteró de que su hermano menor, Moisés, había sido elegido por Dios para sacar al pueblo judío de Egipto, se puso muy feliz por él y estuvo dispuesto a ayudarlo de cualquier manera que pudiera. No hay lugar       para la rivalidad entre hermanos o cualquier tipo de rivalidad en una cultura que cultiva la fe en sus miembros. Cuando las personas creen que lo que hace Di-s es lo mejor que pueden, aceptan y agradecen cualquier rol que Di-s les asigne.

 

Una cultura atea competitiva moderna es un caldo de cultivo para la tensión hostil entre las personas. Vivimos en una generación de miedo. La gente le teme a los motivos hostiles de los demás y temen sus represalias. Otro miedo es el temor al fracaso, ya que las posibilidades de fracasar son mucho mayores que las de tener éxito. Puede tratarse de un fracaso en términos económicos o puede ser una pérdida de prestigio. Según la ideología secular, el éxito o el fracaso dependen únicamente de tu propia capacidad o falta de ella. Si tienes éxito, vales algo; si no, no vales nada. Incluso cuando tienes éxito, esa es una base inestable para la autoestima porque tu valía depende de tu último éxito.

 

Debido a que estos factores culturales hacen que las personas se sientan asustadas, inseguras y solas, el amor está sobrevalorado en nuestra cultura. El amor conlleva la ilusión de que puede ser la solución a todos los problemas y la gente espera que el amor cumpla mucho más de lo que realmente es capaz. De hecho, el gran enfoque en el amor es solo una forma de encubrir los factores ateos que crean esa necesidad exagerada de amor. La mayoría de la gente hoy en día busca mucho afecto y le cuesta mucho encontrarlo.

 

La persona que quiere emular el ideal de la Torá de amor fraternal, humildad, desinterés, caridad, tolerancia y juzgar a los demás favorablemente se enfrenta a un dilema si todavía está apegada a la necesidad de usar la agresión y la fuerza para sacar de carrera a los demás en pos de su propio éxito. No hay alternativa: es necesario elegir entre uno y otro.

 

 Para vivir con alegría y tranquilidad es necesario rechazar la filosofía atea de que puedes obtener lo que quieras si eres lo suficientemente eficiente y enérgico. La observancia de la Torá nos muestra una forma de lidiar con los desafíos sin los conflictos neuróticos que dañan la personalidad y hacen imposible que las personas mantengan buenos sentimientos acerca de sí mismos y de los demás.

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