El “fracasado” más exitoso

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 24.01.22

Existe en el judaísmo un concepto –que incluso aquellas cosas que dan la impresión de ser lo peor que nos podría haber pasado en muchos casos resultan ser lo mejor que nos podría haber pasado– vamos a relatar la conocida historia de un multimillonario que era tan analfabeto que ni siquiera sabía escribir su propio nombre, hasta tal punto que firmaba los cheques con su impresión digital. Un día, su secretaria juntó coraje y le preguntó cómo era posible que alguien multimillonario como él no supiera ni siquiera escribir y cómo fue que llegó a lo que llegó. Él le respondió: “¡Justamente! Si hubiera sabido escribir, hoy no sería multimillonario. ¿No me crees? Espera a que te cuente la historia…”.

Él se había criado en un hogar destruido y nunca llegó a aprender a leer y escribir. A duras penas consiguió trabajo en una fábrica para un puesto de empleado. Un día, el gerente de la empresa decidió que todo el que no supiera leer y escribir no iba a poder seguir trabajando en la fábrica, así que le pagaron la compensación y se fue. Hashem lo ayudó y a pesar de que se quedó sin un lugar de trabajo, no perdió la alegría porque tenía la total convicción de que lo que le había pasado era para bien.

Con el dinero que le habían dado de compensación decidió abrir un puesto de venta de tabaco y el éxito lo acompañó. Con el tiempo abrió otro puesto más y otro más, hasta que se volvió relativamente rico y con el tiempo se transformó en un empresario industrial de gran envergadura y un millonario… “¿Ves?”, concluyó el hombre sus palabras. “Si hubiera sabido leer y escribir, habría sido toda mi vida un simple empleado de fábrica y hoy estaría luchando por llegar a fin de mes…”.

El mensaje que nos transmite esta historia verídica es el mismo de antes: que la persona no ve lo que ve Hashem, pero si tiene emuná, entonces se queda tranquila y confiada en que todo proviene de Hashem y por lo tanto es todo para bien. Esa persona se dice a sí misma: “No entiendo nada; no sé nada; pero Hashem sabe lo que hace y Él hace solamente cosas buenas. No existe el mal en el mundo”.

Sin embargo, la persona que no tiene emuná decide que lo que le pasa es malo y entonces se pone nerviosa, se enoja y se preocupa: “Ay…. Me despidieron del trabajo. ¿Y ahora qué hago?”. No sólo que esta persona no cree en la Supervisión Individual Divina sino que su falta de emuná hace que cometa todavía más transgresiones: se enoja, habla mal de los demás, maldice, etc. Y quién sabe hasta dónde va a llegar… y si no va a acabar asesinando a alguien, Dios no lo permita, tal como escuchamos muchas veces en las noticias, que uno asesina al otro por cuestiones de honor, dinero o celos.

Por el contrario, la persona que tiene emuná ¡cuántos preceptos está cumpliendo al aceptar con emuná todo lo que le sucede! Además de cumplir con el precepto de tener emuná, que en sí mismo el único objetivo para el cual vino a este mundo, y cuyo valor es incalculable, uno tiene el mérito de superar sus instintos naturales y salvarse de graves transgresiones. Y como si eso fuera poco, también mitiga los juicios estrictos que penden sobre el mundo entero, merece la luz de Hashem y revela Su reinado en el mundo.

Esto es lo que dice Maimónides en su comentario de la Mishná (Brajot 9:5): “La persona debe bendecir por las malas noticias igual que bendice por las buenas noticias”. Cuando dice “igual que bendice por las buenas noticias” se refiere a que esa persona acepta lo malo con alegría y de buena gana, dominando su enojo y sintiéndose bien cuando bendiga “El Juez Verdadero”, igual que hace cuando bendice “El Bueno y el Benefactor”, y tal como decían los Sabios: “Todo lo que hace el Compasivo, lo hace para bien”. Y esto es algo que toda persona inteligente entiende, hasta tal punto que en las Escrituras no se dice nada al respecto, dado que hay muchas cosas que al principio parecen malas, pero al final resultan ser buenas y hay otras cosas que al principio parecen buenas, pero al final resultan ser muy malas. Por lo tanto, la persona inteligente no se desespera cuando le sobreviene un gran problema, ni tampoco se alegra en forma excesiva cuando las cosas le van bien, ya que uno nunca sabe qué va a pasar después.

La enseñanza de Maimónides está basada en la Guemará (Brajot 60a) y en el Talmud de Jerusalén se cuenta de alguien llamado Aba Yehuda que fue a arar el campo y en medio del surco se le cayó la vaca y se le quebró la pata. Él bajó a levantarla y entonces Hashem le iluminó los ojos y allí encontró un tesoro. Dijo entonces Aba Yehuda: “Para mi bien se quebró la pata de mi vaca”.

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1. Eunice

1/25/2022

Sea el nombre de HaShem Alabado!

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