Enfrentar las Dificultades

¿Por qué esperar los tiempos difíciles? Cuanto más buscamos al Creador, más mejoramos la calidad de nuestra vida. Incluso si no sufrimos de ninguna dificultad trascendental…

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 03.05.10

¿Por qué esperar los tiempos difíciles? Cuanto más buscamos al Creador, más mejoramos la calidad de nuestra vida. Incluso si no sufrimos de ninguna dificultad trascendental…

 
Cómo ya hemos mencionado, no hay ningún error ni falla en la realidad en la que nos encontramos, sino que es ésta la exacta intención del Creador – hacer descender el alma a este mundo lleno de tan grandes ocultaciones. Son precisamente las dificultades y el peligro constante que afronta el hombre en este mundo, lo que le conducen a buscar y a acercarse al Creador – con sólo quererlo.
 
La explicación es la siguiente: cuando el hombre ve y comprende las múltiples ocultaciones, peligros y dificultades, se da cuenta de su nulidad y su desamparo, lo que le hace dirigirse al Creador y pedir Su ayuda en cada instante. Por cada prueba que atraviesa, por cada dificultad u obstáculo que se le presenta, pide sin demora la ayuda del Todopoderoso. Así, resulta que estas mismas ocultaciones sólo lo aproximan al Creador, dándole el empuje para conocerle.
 
Sin embargo, el hombre debe fortalecerse mucho a la hora de las dificultades y pruebas, y siempre recordar que estas son para acercarlo y no para alejarlo. Porqué toda la esencia de la prueba es cuando se le impide al hombre su conocimiento, y no le queda otra alternativa que rogarle al Creador que le ayude a superarla.
 
Debemos saber que si no nos confrontáramos con tantas ocultaciones, si las condiciones de vida sobre la Tierra nos fueran fáciles, si los sufrimientos y tribulaciones no existieran, si el cuerpo fuera ligero e inmaterial, si la Ley Divina fuera clara y límpida – ¡nunca nos acercaríamos al Creador! Simplemente no lo necesitaríamos, y el alma no tendría ningún beneficio en su descenso a este mundo. Ella podría quedarse bajo el Trono de la Gloria en el Cielo, gozando de la Presencia Divina.
 
Pero, ¿por qué esperar los tiempos difíciles? Cuanto más buscamos al Creador, más mejoramos la calidad de nuestra vida. Incluso si no sufrimos de ninguna dificultad trascendental, aun cuando también estudiemos la Ley Divina y cumplamos los Preceptos, deberíamos dirigirnos regularmente al Creador. Porque hasta en estas situaciones necesitamos Su ayuda, para que nos guíe, para que nos ayude a dirigirnos hacia la verdad, para tener el mérito de cumplir cada Precepto con su correcta intención, y como imploraba el Rey David muchas veces (Salmos 25, 119): “Guíame en Tu verdad”, “Muéstrame Tus caminos”, “Enséñame, oh Eterno, el camino de Tus estatutos”, “Concédeme entendimiento y atesoraré Tu Ley”, “Guíame por el camino de Tus Preceptos”, “Inclina mi corazón a Tus testimonios”, y más y más…
 
Vemos entonces, que las ocultaciones son un gran bien – ¡ellas provocan la necesidad constante del hombre hacia el Creador! Le necesita con el fin de superar las duras leyes de la naturaleza; Le necesita para dominar su cuerpo y sus apetitos materiales; Le necesita con el fin de superar los impedimentos que provienen de las personas que le rodean; Le necesita para superar las dificultades existenciales; y Le necesita para dirigirse hacia la verdad de Su Ley.
 
Somos testigos que gente que vive en la opulencia, no se acerca tanto al Creador. Sin embargo, ciertamente ellos Le necesitan, pues este mundo por sí mismo carece de toda finalidad, por eso sin la Luz del Creador, incluso quien goza de todo éxito y logro mundano, tiene una vida vacía y oscura. Hay muchos testimonios de personas que – aunque el mundo entero estaba en sus manos – sentían que no poseían nada, ni vida, ni alegría, sino solamente un sentimiento de vacío y de desolación.
 
Por lo tanto, hasta el hombre que vive en la opulencia, debe despertarse y meditar que la vida se consume y se va, y a su fin se dejan atrás todas las riquezas y los éxitos. Entonces, entre tanta abundancia y vida fácil, comprenderá que necesita al Creador para saciar la sed de su alma que no siente ninguna satisfacción de las cosas mundanas, y entonces se acercará a Él por amor y no por sufrimientos.
 
Vemos que el Creador del Universo creó una realidad donde todas las criaturas necesitan siempre de Él: quien tiene dificultades, por supuesto Le necesita; pero también quien “nació con una cuchara de oro en la boca”, Le necesita para encontrar una verdadera y significativa vida, pues sin el Creador, la vida no es vida…
 
Y en verdad, el hombre que vive según su finalidad, Le habla al Creador de todas sus cosas, Le pide consejos y lo que necesita en cada caso y situación, el Creador no necesita mandarle ningunas tribulaciones, penas, o crisis para estimularlo a acercarse hacia Él, y su vida se desarrolla grata y tranquilamente.
 
Cuando el hombre sabe que la finalidad de su vida consiste en conocer al Creador, entonces todo le es bueno y dulce, y en cada acontecimiento encuentra insinuaciones para cómo acercarse a Él. De un suceso aprende a corregir un cierto defecto, de otro, aprende algo que le faltaba saber y que el Creador quería enseñarle. De otra cosa, se despierta para multiplicar sus rezos sobre cierto tema, y de otra se estimula al arrepentimiento, a la buena voluntad, etc. En resumen, todos los acontecimientos de su vida se transforman armoniosamente en una aproximación al Creador.
 
Continuará…
 
 
(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush, Director de las Instituciones "Jut shel Jésed" – "Hilo de Bondad")

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