La primera respuesta: gratitud

Un día empezó a sufrir terribles dolores, que lo dejaron completamente inmóvil. Casi se vuelve loco del dolor.

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 04.12.22

Uno de mis alumnos, que es un hombre que viaja a Uman para Rosh Hashaná y hace todos los días una hora de hitbodedut (plegaria personal). A primera vista, parecería que vive la vida ideal, pero veamos lo que le sucedió. Un día empezó a sufrir terribles dolores, que lo dejaron completamente inmóvil. Casi se vuelve loco del dolor. Pero tratándose de un hombre de emuná, rezó, hizo hitbodedut, dio dinero para hacer un rescate del alma (pidión nefesh), les pidió a sus conocidos que rezaran por él e incluso Le pidió a Hashem que le mostrara cuál era el pecado a causa del cual le había sobrevenido este dolor y, cuando se le ocurrió el motivo, enseguida hizo teshuvá (se arrepintió y Le pidió perdón al Creador).

Cualquiera pensaría que esta persona ha reaccionado con total emuná a la situación en que se encuentra. Pero no, porque todo eso no le sirvió de nada. Un mes entero continuó rezando y los dolores no menguaron e incluso aumentaron, porque además del sufrimiento que le causaba el dolor en sí, también sufría por el hecho de rezar y no obtener respuesta.

Me imagino que el lector ya habrá adivinado lo que voy a decir – le dije a este hombre que hiciera una sesión de agradecimiento de una hora todos los días. Que solamente diera las gracias. Y, en efecto, el dolor desapareció completamente. Se fue igual que vino.

Quizás ustedes no se sorprendan, siendo que ya se acostumbraron a escuchar historias milagrosas de esta clase, pero yo sí me sorprendí mucho, porque no es una historia como las demás. Porque en los otros casos, los protagonistas son personas que están muy lejos de la emuná, pero en este caso, se trata de un hombre que ya está transitando el camino de la emuná, y a pesar de eso, no había obtenido lo que estaba pidiendo. Recién cuando empezó a dar las gracias, Hashem le hizo un milagro. Y por eso esta historia sobresale por sobre las demás.

A ver, veamos qué fue lo que sucedió aquí. ¿Qué problema tenía este hombre y por qué la gratitud le solucionó dicho problema?

Veamos. En la emuná hay un principio que dice “No hay sufrimiento sin transgresiones”. O sea que, si hay sufrimiento, significa que se cometió una transgresión. En el momento en el que se rectifica la transgresión, desaparece el sufrimiento. De no ser por este principio, uno viviría toda su vida en una oscuridad constante, sin lograr encontrar el motivo de todo su sufrimiento, y sentiría que lo han dejado librado al destino, sin entender lo que le está sucediendo.

La transgresión no tiene que ser necesariamente una transgresión de los preceptos de la Torá, sino que puede ser cualquier falta de progreso según el nivel espiritual en el que se encuentra. Puede ser un precepto que no está cumpliendo como debería, o una oportunidad que está desaprovechando, o la falta de cuidado en el cumplimiento de un precepto. Y eso fue lo que ocurrió en este caso.

En este caso, la rectificación llegó por medio de la gratitud. Cuando él empezó a dar las gracias, se mitigó el decreto en su contra.

¿Y por qué la gratitud es la rectificación?

Pero antes de responder a esta pregunta, veremos cuál era la falta que había cometido este hombre. Él estaba triste. Cuando una persona de emuná tiene dolores y a causa de esos dolores se pone triste, eso constituye un gran pecado. En realidad, uno pensaría que no es una falta, porque si uno tiene dolores, es comprensible que se queje. Pero, si lo pensamos bien, y como ya hemos explicado, cuando uno está triste, está diciendo que Hashem no es bueno (Dios no lo permita) y Lo está denigrando. Cuando uno está triste, no cree en Hashem.

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