Un Mundo de Inquilinos

En ese momento decidí pedirle a HaShem que me enviara una señal para que yo supiera si éste departamento era “ése”. Mi frustración estaba empezando a corroer mi Emuná y necesitaba ayuda…

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Jaia Ovadia

Posteado en 05.04.21

En ese momento decidí pedirle a HaShem que me enviara una señal para que yo supiera si éste departamento era “ése”. Mi frustración estaba empezando a corroer mi Emuná y necesitaba ayuda desde Arriba…

Un Mundo de Inquilinos

Tal vez eres el dueño de tu propia casa. Tal vez estás alquilando. No importa: en el gran esquema de las cosas, da lo mismo. La posesión de bienes materiales puede ser tan pasajera como el viento. Nadie tiene garantías de que aquello que tanto se esforzó por adquirir va a seguir bajo su posesión indefinidamente. HaShem, en Su increíble benevolencia, nos confiere el privilegio de una temporaria ilusión de seguridad, pero al igual que la vida física del ser humano, nada es permanente. En esencia, somos todos inquilinos que vivimos en residencias prestadas y con tiempo prestado.

El dueño de casa hace un gran esfuerzo para pagar la hipoteca, pero el inquilino tiene que trabajar con igual dedicación para pagar el alquiler. No importa el esfuerzo que uno haga porque a fin de cuentas, HaShem es el que nos proporciona nuestro refugio y todo lo que necesitamos para poder sobrevivir. Si Él desea que tengamos todo lo necesario para poder subsistir, lo tendremos. Tanto nuestras propiedades como nuestro cuerpo hoy están acá y mañana tal vez no. La única realidad verdadera y eterna es la que se alcanza buscando a Di-s, Su Torá y el Mundo Venidero.

Mucho más importante que enorgullecernos de que poseemos un bien material es deleitarnos por el hecho de que HaShem nos bendijo con todo lo que nos dio. Sentir amargura y quejarnos todo el tiempo por no poder competir con la familia Goldberg es simplemente una cuestión de ego que no proviene del lado de la santidad. Si hay algo que no tenemos y ese algo no nos ayuda a acercarnos a HaShem, entonces probablemente no lo necesitamos. Mientras gocemos de buena salud, tengamos un techo encima, comida en la mesa y ropa que vestir, el resto es completamente superfluo (excepto todo aquello que adquirimos para honrar el Shabat y las fiestas). Cuando Di-s bendice a alguien con abundancia y muchas posesiones de gran elegancia, por supuesto que esa persona puede disfrutar de ellas, pero es muy aconsejable que sea consciente de su Fuente y que las utilice con la santidad necesaria.

No hace mucho nosotros estábamos en una situación en la que teníamos que encontrar un nuevo departamento porque el dueño del departamento en el que vivíamos estaba por venderlo. Y con los precios en constante aumento, estábamos más que nerviosos porque teníamos solamente dos semanas para vaciar el departamento y no encontrábamos nada que tuviera un precio razonable. Un día vimos un departamento que, después de muchas negociaciones, podíamos pagar, pero no tenía nada de lo que necesitábamos: ni lugar para guardar cosas, ni suficientes armarios de cocina, ni aire acondicionado. Estaba todo sucio, en mal estado y bastante lejos de donde queríamos vivir. Un par de días más tarde, encontré un aviso de otro departamento en la misma calle. Mientras esperábamos al agente inmobiliario, crucé la calle para disfrutar de la vista de un valle. Era un lugar tan lleno de tranquilidad, de paz. En ese momento decidí pedirle a HaShem que me enviara una señal para que yo supiera si éste departamento era “ése”. Mi frustración estaba empezando a corroer mi Emuná y necesitaba ayuda desde Arriba.

Cuando llegó el agente, nos llevó… ¡exactamente al mismo departamento que habíamos visto! Aparentemente se había equivocado de dirección. Yo no quería volver a entrar allí y le dije que ya habíamos decidido que no era para nosotros, pero él insistió en que volviéramos a verlo. (Gracias por la señal…). “Cumplimos con las formalidades” y volvimos a ver el mismo departamento, pero yo sentí que estábamos desperdiciando tiempo valioso mirando algo que ya habíamos descartado. Este agente inmobiliario nos explicó que la gran parte de los problemas que tenía el departamento podían corregirse, pero igual a nosotros no nos convenció. Cuando salimos del departamento, le dijimos que lo “íbamos a pensar…”.

Después de un par de días, y después de ver otros departamentos que dejaban bastante que desear y además eran mucho más caros, me puse a reflexionar acerca de todos los detalles del departamento que habíamos visto dos veces. Mi marido y yo lo charlamos y de pronto me di cuenta de lo “bloqueada” que había estado. Yo Le había pedido a HaShem que me diera una señal y Él me envió una señal tan clara como el sol resplandeciente, y así y todo yo no me había dado cuenta. Él estaba tratando de decirme que la primera vez que habíamos visto el departamento, no nos habíamos dado cuenta de que era para nosotros y por eso ahora nos estaba dando otra oportunidad para volver a verlo y TOMARLO de una vez por todas! ¿Qué es lo que estaba buscando yo? Este departamento tenía un patio enoooorme y precioso, que me encantó; estaba en planta baja con entrada privada, lo cual es preferible a un ascensor y si bien estaba un poco apartado, igualmente se encontraba dentro de la comunidad que queríamos. ¿Era posible que a causa de algunos detalles sin importancia que podían corregirse nos perdiéramos esta gran oportunidad? Por fin, ocho días antes del día en que teníamos que mudarnos, firmamos el contrato.

El departamento había estado vacío durante varios meses y ahora que nos mudamos a él, gracias a Di-s, me doy cuenta de que todo el tiempo nos había estado esperando. En vez de buscar una casa en la que pudiéramos cumplir con fidelidad todas las leyes y las tradiciones del judaísmo, nos habíamos dejado llevar por nuestros deseos personales. A veces uno simplemente no percibe lo que es obvio. ¡Gracias a Di-s por Su paciencia!

Para parafrasear a Rabi Najman, en este mundo de inquilinos, lo único que verdaderamente necesitamos es un rincón tranquilo en el que desahogarnos frente a Di-s, pidiéndole que nos permita alcanzar la verdadera felicidad. Porque así podemos lograr sentirnos verdaderamente satisfechos con lo que nos tocó en la vida. Yo solía pensar que solamente podíamos sentirnos seguros y establecidos en una casa propia, comprada, pero ahora entiendo que la verdadera sensación de seguridad proviene de todos los actos que hacemos en este mundo y que nos conducirán a nuestra residencia eterna en el Mundo Venidero. Todo el resto es pasajero. No podemos confiar ni en el mercado de valores, ni en los bienes inmuebles ni en las piedras preciosas ni en el precio del té en China. No podemos confiar en nada excepto en la compasión de HaShem.

Desde el momento en que fue creado el hombre, hemos estado pagando por su pecado. A pesar de esto, HaShem siempre nos proporciona aquello que necesitamos, porque Él sabe que sin un refugio adecuado y un buen sustento no podemos servirlo con todos nuestros medios. Por eso tenemos el deber de demostrarle nuestra gratitud en forma verbal y a través del cumplimiento de todos Sus estatutos. Y cuando finalmente nuestro contrato de arrendamiento en este mundo haya cumplido su plazo, nos llenaremos de dicha al saber que hemos vivido la vida con amor y con temor del Cielo y de acuerdo con Su voluntad.

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