Conductor Veterano

Se cuenta sobre un sencillo comerciante que a los ochenta años tuvo un sueño. Soñó que llegaba hasta él un Justo manteniendo en su mano un cáliz y le daba de beber…

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 22.07.12

Se cuenta sobre un sencillo comerciante que a los ochenta años tuvo un sueño. Soñó que llegaba hasta él un Justo manteniendo en su mano un cáliz y le daba de beber…

Conductor Veterano

 
Cuando el hombre vive con la fe que todo está bajo la Divina Supervisión y que “Todo es para bien”, y no sospecha que el Creador lo llevará por mal camino, se parece al hombre que está viajando en un autobús confiando en el conductor que sabe cómo manejarlo y adónde se dirige. Por cierto está cómodamente sentado en su asiento, mira el paisaje que desfila frente a sus ojos y goza de cada momento.
 
Por el contrario, el hombre al que le falta fe se parece al viajero nervioso que piensa que él mismo es el conductor. Piensa que sabe el camino y trata de dirigir el autobús desde su asiento. Está todo el tiempo frustrado y amargado debido a que el conductor no viaja en la dirección que él quiere, también está preocupado y molesto por la forma que conduce, una vez se molesta porque viaja demasiado rápido, otra vez porque viaja demasiado lento, ahora el conductor dobla violentamente, ahora el autobús salta… La verdad es que él no sabe por completo adónde viaja, no sabe nada de su vida, sólo vive con pesar y con preocupaciones, y todo debido a que no confía en el conductor.
 
Todo el tiempo que el hombre piensa que dirige el curso de su vida, no puede desechar sus deseos ni tampoco puede aceptar su camino con amor. Cada vez que sus cosas no se desarrollan como él quiere, se pone nervioso, se persigue a sí mismo, se desespera, se deprime, etc. En general, hay muchas personas que simplemente no están dispuestas a aceptar el hecho que en este mundo es necesario pasar “correcciones”. Ellos sólo se quejan y lloran todo el tiempo, y la existencia en este mundo les es insoportable.
 
Pero esta es una realidad a la que es imposible escapar – nunca la vida se desarrolla exactamente como deseamos, hay sorpresas y cambios inesperados en nuestros planes. Desde el Cielo estamos dirigidos adonde debemos corregir nuestros errores. Por lo tanto, en lugar de rezongar y lamentarnos nuevamente cada vez que encontramos obstáculos en nuestros planes y de vivir amargados con la sensación de constante enojo, debemos fortalecernos en la creencia que “Así el Creador quiere”, y que “Todo es para bien”. En cada cosa debemos buscar al Creador y el mensaje que nos quiere trasmitir. En otras palabras, debemos contemplar la Inteligencia Divina que existe en cada cosa.
 
La paciencia es recompensada
 
Un hombre poseedor de fe que ve que las cosas no le salen bien, ¿qué dice? “¡Así el Creador quiere! ¡Todo es para bien!”, y hace lo que puede con alegría y de todo corazón, sin abandonar por eso sus deseos ni el esfuerzo para lograr lo deseado. Y tanto más, está alegre cuando le va bien. Si el hombre siente que no está contento, debe trabajar sobre estas dos creencias porque sólo el que es poseedor de fe está siempre satisfecho con su vida y vive el paraíso ya en este mundo. Y por el contrario – el único infierno en la vida es la sensación de amargura y la insatisfacción.
 
Vemos entonces que la falta de fe del hombre es en sí misma su castigo…
 
Se cuenta sobre un sencillo hombre que casi toda su vida fue comerciante y nunca consiguió dedicarse al estudio de la Ley Divina y los Preceptos. Pero a pesar de todo, nunca abandonó su anhelo de hacerlo, y en todas sus transacciones comerciales no dejo de desear cuándo podría llegar al estudio espiritual con profundidad.
 
A los ochenta años tuvo un sueño. Soñó que llegaba hasta él un Justo manteniendo en su mano un cáliz y le daba de beber. Cuando despertó de su sueño, descubrió que la Ley Divina completa estaba clara y evidente frente a sus ojos, ¡y hasta los ochenta y dos años alcanzó a escribir unos cuarenta libros!
 
Una mente libre
 
Cuando el hombre está alegre, está preparado para el tercer nivel de la fe. Porque por medio de la alegría su mente está libre para buscar y entender correctamente el mensaje del Creador – qué es lo que le insinúa, y adonde Él lo dirige. También su corazón está abierto para rezarle al Creador que le ilumine para saber qué tiene qué hacer ahora, y qué cambios debe realizar en su vida.
 
Estos detalles – cómo entender los mensajes del Creador, cómo despertar, cómo corregir lo que se debe – todos pertenecen al tercer nivel de la fe, al cual es imposible llegar sin haber cumplido bien el segundo nivel.
 
¡Por lo tanto, es importante recordar!: antes que el hombre pase al tercer nivel y empiece a pensar qué tiene que hacer en este mundo, debe estudiar y fijar bien dentro de su corazón la creencia que “Todo es para bien”. Si le llegará una prueba – la recibirá con amor, y sólo después podrá acercarse al próximo nivel: entender cuál es Su mensaje.
 
Es muy importante acordarse de esta regla. Porque mientras no sintamos que poseemos de verdad la fe que “Todo es para bien”, nos está prohibido empezar a usar nuestro razonamiento y pensar cuál es el mensaje que manda el Creador. Si tratamos de entender Su mensaje sin esa creencia que nos lleva a la alegría, solamente nos deterioraremos más. Únicamente cuando el hombre está alegre y libre de presiones y preocupaciones, sólo entonces puede su cerebro funcionar libremente y llegar a la verdadera claridad mental.
 
Subir de nivel
 
La conclusión que sacamos de lo antedicho es, que cuando el hombre posee el segundo nivel de la fe – es decir que vive con la creencia que “Todo es para bien” y Le agradece y ensalza al Creador – por supuesto vive una vida muy hermosa, tranquila y agradable.
 
Aparentemente, parecería que es suficiente con adquirir el nivel intermedio de la fe, entonces ¿por qué seguir adelante?, ¿qué falta? Debemos saber que si el hombre no aprovechara los acontecimientos que el Creador le trae con el fin de conocerlo y conectarse con Él, ni meditara y no tratara de entender lo que Él le insinúa, no podría sostenerse en el segundo nivel. Si le llegara una prueba difícil, no la resistiría y decaería su fe que “Todo es para bien”. De por sí, inmediatamente decaería también su alegría y su agradecimiento. Porque la creencia que “Todo es para bien” pertenece principalmente al hombre que relaciona todo con la eterna finalidad, pues la esencia de lo bueno que se extrae de todos los sufrimientos es merecer por medio de ellos acercarse al Creador y conectarse con Él, que es el objetivo de todo lo que le pasa al hombre.
 
Por lo tanto, el tercer nivel es necesario porque es la perfección de la fe. Por medio de él, el hombre logrará llegar a su propósito, a su misión en este mundo y a cumplir su corrección.

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