¡Son solamente niños!

¿Qué pasa cuando los padres exigen que los hijos esperan un comportamiento adulto de sus hijos?

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 14.05.2014

La educación de los hijos es algo que no puede fingirse. Porque los rasgos más ocultos de la persona son hereditarios. Uno no puede quedarse así como es, negándose a mejorar, y aun así esperar que sus hijos sean mejores que él. Simplemente no funciona así.

Cuando el padre trata de forzar a su hijo a que vaya por la buena senda, sin que el padre también se esfuerce por seguir el mismo camino, no va a tener éxito. Nuestros Sabios enseñan: “Las palabras que salen del corazón llegan al corazón”. Únicamente las palabras que surgen de la esencia interna de la persona pueden tener efecto en el otro. Pero si no surgen de lo más recóndito de la persona entonces no va a poder influir en los demás. Por eso, cuando los padres son personas verdaderas que trabajan sobre sí mismas, sí tienen el poder de influir en sus hijos.

Aquellos padres holgazanes que se levantan tarde no van a poder hacer que sus hijos se levanten a hora. A veces sucede que padres que tienen un doble estándar hasta condenan a sus hijos gritándoles: “¿Por qué te levantaste tarde?”. Esa clase de niños empiezan el día con el pie izquierdo, casi siempre llegan tarde a la escuela, son desorganizados, no hacen los deberes escolares y sufren de malnutrición, porque no tienen tiempo de tomar un desayuno como corresponde. En consecuencia, no logran concentrarse en el aula y su rendimiento va de mal en peor. ¿Y quién tiene la culpa? Los niños seguro que no…

Por el contrario, cuando los padres mismos son personas energéticas que se levantan temprano, esto contribuye enormemente a la educación de sus hijos. La rutina matutina fluye en forma agradable, el niño toma un desayuno nutritivo y empieza el día con el pie derecho y esa buena energía lo acompaña todo el día. El niño llega temprano a la escuela, tiene tiempo para jugar y se siente seguro…

Los niños que cuentan con la comprensión de sus padres y a los que se les permite ser “niños” en su casa –jugando, payaseando, y liberando toda su energía infantil-  cuando están fuera de casa se comportan como niños buenos y obedientes.

Los problemas de los padres, como por ejemplo las deudas y las crisis matrimoniales son una tremenda carga para los hijos, como si les estuviéramos poniendo una carga de 100 kg sobre los hombros. ¿Qué niño es capaz de soportar una carga semejante?

El niño no cuenta con las herramientas necesarias para enfrentar los problemas de los adultos. Es por eso que ni siquiera tiene que tener conocimiento de ellos, y mucho menos inmiscuirse en ellos, pues no es capaz de soportar semejante estrés. Eso es algo que destruye su estabilidad emocional. Los padres jamás deben discutir a oídos de sus hijos y ni siquiera deben expresar su falta de acuerdo. Hay padres que utilizan a sus hijos como armas o escudos uno en contra del otro, poniendo así en peligro esas almas tan preciadas. Y pobre del padre que emocionalmente se apoye en su hijo! Pobre de él!

Los niños pequeños solamente pueden crecer sanos en un mundo en el que solamente haya problemas “infantiles”. Para los hijos, los padres tienen que ser un resguardo de seguridad.

Al dejar que los hijos tengan conocimiento de aquello que no tendrían que saber los priva de la posibilidad de crecer sanamente. Los niños son muy delicados y tienen que criarse con mucho cuidado, como si fueran orquídeas en un invernadero, protegidos de la intemperie. El hijo que crece con el debido cuidado está inmunizado y cuando llegue el momento, podrá enfrentarse a las dificultades de la vida, aunque no sean fáciles, pues creció en un medio emocional sano en el que pudo desarrollar su carácter. Ese joven tendrá confianza en sí mismo y autoestima. Pero si desde edad temprana tiene que enfrentarse a algo más grande de lo que es capaz de soportar, entonces va a crecer emocionalmente inválido y será incapaz de enfrentar llos desafíos normales que hay en la vida.

Es por eso que los padres deben evitar llevar a casa los problemas, para que sus hijos no los perciban en el ambiente hogareño.
No sean demasiado exigentes con sus hijos ni con su pareja. Cuando los padres llegan a casa, primero hay que atender las necesidades de los hijos. Después pueden sentarse a descansar.

No hay nada que pueda compensar las necesidades insatisfechas a sus primeros años de vida. El niño que no tuvo un ambiente cálido seguro va a cargar con esa deficiencia hasta en su matrimonio. Es por eso que no podemos permitirnos cometer errores en todo lo referente a la educación de los hijos, pues las ramificaciones son imposibles de calcular.

Cuando la persona comete un error monetario, pierde dinero. Nada más. Pero cuando uno comete un error en el ámbito de la educación, entonces eso equivale a un pecado capital, porque le está causando a su hijo un daño de por vida. Por eso, si el padre no sabe cómo actuar en un determinado caso, es preferible que no actúe a que actúe mal.

No se olviden: dejen que sus hijos disfruten de su infancia, creciendo sanos en cuerpo y alma. Amén!
 

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