Cuando Hollywood se Encontró con Uman

El famoso director de Hollywood Paul Mazursky, fallecido el 30 de junio de este año, dirigió su última película nada más ni nada menos que en Uman ….

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Howard Morton

Posteado en 28.09.14

Una de las banalidades más difíciles de creer es que el famoso director cinematográfico Paul Mazursky, quien falleció el pasado 30 de junio, a la edad de 84 años, haya dirigido su última película acerca de la reunión anual de Breslev en Uman para Rosh Hashaná.

Habiéndose descrito a sí mismo como “secular pero muy judío”, Mazursky fue uno de los directores-guionistas más innovadores de las últimas décadas (el crítico cinematográfico Richard Corliss lo apodó una vez: “el cineasta más grande de la década del ’70). Habiendo obtenido cinco nominaciones para el Oscar, Mazursky fue famoso por sus películas Bob, Carol, Ted y Alice (1969), Harry y Tonto (1974), Una Mujer Descasada (1978), Un Ruso en Nueva York (1984) y Un Loco Suelto en Hollywood (1986).

Yo había sido un fan de la perspectiva satírica de Mazursky acerca de los excesos de la vida norteamericana para cuando arribé en Hollywood después de la universidad, a mediados de la década del ’80. Y cuando empecé a trabajar en los Paramount Studios, fue por propia decisión que el primer guión que me llegó a las manos era el de Un Ruso en Nueva York. Yo me lo devoré, absorbiendo el delicado equilibrio de sátira social con una sinceridad impertérrita.

Tres décadas más tarde, no deja de sorprenderme que este ícono de Hollywood haya coronado su carrera cinematográfica con un largometraje acerca de las decenas de miles de judíos que convergen en la ciudad de Ucrania llamada Uman, donde se encuentra la tumba de Rabí Najman de Breslev.

Pero tal vez lo más sorprendente sea que este cineasta judío completamente asimilado de Beverly Hills, famoso por su sarcasmo, haya hecho un retrato de la reunión en Uman en forma respetuosa, por no decir reverencial. Y con un montón de alegría.

Cuando Mazursky decidió hacer un film acerca del peregrinaje a Uman, corría el año 2005 y él no había hecho ningún largometraje desde el año 1996. Y no fue porque lo haya elegido. A la edad de setenta y cinco años, él tenía intenciones de continuar trabajando e incluso había escrito un montón de guiones, pero los estudios cinematográficos se habían negado a producirlos. Mazursky lo atribuyó a discriminaciones por razones de edad.

Entonces Mazursky decidió producir y dirigir un film sin los estudios. Con un presupuesto de 40.000 dólares provenientes de su propio bolsillo y un pequeño equipo de rodaje que incluía  a su propio yerno, se dirigió a Uman para Rosh Hashaná. Todo comenzó con una conversación consu óptico, que viajaba a Uman todos los años y le contó la gran experiencia que era. Y le dijo así: “Cuando vayas a Uman, vas a vivenciar algo que te lo podemos describir con palabras, pero no es lo mismo…”. Él iba a tener que vivenciarlo por sí mismo.

Para Mazursky, viajar a Uman era también un viaje muy personal; su abuelo materno se había escapado del violento antisemitismo en 1905 y en su película, que fue su primer documental, él hizo una crónica de este viaje consigo mismo, siendo él mismo protagonista de una búsqueda de sus raíces ancestrales, en busca de la verdad, el sentido y la felicidad.

Mazursky llamó a su película Yippee: Un Viaje a la Alegría Judía, tomando la palabra Yippee (yupi!) de Rabí EljananTauber de Los Angeles, quien apareció en el film diciendo: “muy pocas personas se levantan a la mañana y exclaman – Yupi! Estoy con vida!”.

Asombrosamente, Yippee es una explosión de alegría judía pero es también una película de contrastes. Mazursky brevemente yuxtapone la borrachera de Oktoberfest en Munich durante su escala de cinco horas, así como el almidonado desfile ucraniano del Día de Uman que justamente tuvo lugar durante su viaje, con la sincera alegría espiritual de decenas de miles de bresleveros en RoshHashaná.

Yippee, con Mazursky como protagonista principal, es también un contraste entre Hollywood y Breslev, y por extensión, entre el materialismo y la espiritualidad.

La escena de Yippee que más revela esta disparidad Uman vs Holywood es aquella en que aparece Mazursky parado en la Calle Pushkina junto a miles de judíos que se están preparando para Rosh Hashaná. Mazursky se presenta a un jasidíco vestido con el tradicional sombrero negro, kaftan y con una larga barba.

Con tono cómico, Mazusky dice: “Mi nombre es Paul Mazursky y soy un famoso director cinematográfico”. Es obvio que el jasídico jamás en su vida oyó hablar de él. También es obvio que el jasídico jamás vio una película en toda su vida.

Entonces Mazursky le dice al jasídico: “¿Alguna vez tuvo oportunidad de ver Un Loco Suelto en Hollywood?”, a lo que el jasídico le responde: “Eh?”.

Este pequeño diálogo es donde se encuentran Hollywood y el jasidismo, revelando un mundo en el que acercarse a Dios es algo importante y Hollywood ni siquiera aparece en el radar.

Habiendo estado tanto en Hollywood como en Uman, me resultó muy interesante que Paul Mazursky , el famoso director hollywoodense, se haya fusionado aparentemente con tanta facilidad con los otros 25.000 judíos que habían viajado a Uman ese año. Toda la parafernalia de Hollywood y Beverly Hills se habían esfumado. Mazursky, al igual que muchos otros, tuvo que arreglárselas como pudo en el barullo de Uman para encontrar alojamiento y acabó compartiendo un minúsculo departamento ucraniano con otros cinco hombres en la misma habitación. Pero en vez de quejarse, al parecer la pasó lo más bien.

Con alegría y con reverencia, Mazursky y sus camarógrafos se concentraron en algunos de los 25.000 hombres que habían viajado a Uman desde el mundo entero, compartiendo con ellos las comidas, riéndose con ellos y mostrándolos durante las sentidas plegarias. En la escena más conmovedora de la película, se ve a miles de judíos vestidos blanco en torno al lago, orando, cantando y bailando el primer día de Rosh Hashaná.

Al final de Yippee,  Paul Mazursky hace una confesión: que cuando era un niño pequeño creciendo en Brooklyn, solía burlarse de los niños jasídicos que tenían los rizos en el cabello y se vestían tan raro. También confiesa que su viaje a Uman no lo “convirtió” en  un judío religioso pero sí le produjo un cambio interno. Ahora sentía tolerancia, si no amor, por los jasídicos, y ya no iba a volver a burlarse de ellos.

Esto es lo que hace que Yippee sea no sólo el último film de Mazursky, sino también uno de los pocos films de la historia de Hollywood que es en esencia un acto de teshuvá (arrepentimiento).
 

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