Los psicofarsantes

La gente que vive sin Dios vive “vidas” sin un parámetro con el cual chequear la realidad de sus pensamientos, sus relaciones, sus decisiones etc

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Dr. Zev Ballen

Posteado en 16.07.2016

Hoy en día está todo tan mezclado que incluso los psiquiatras ya no saben quién está loco y quién no.

 

El experimento de Rosenham fue un experimento muy famoso llevado a cabo a fin de determinar la validez de la diagnosis psiquiátrica. Fue llevado a cabo por el psicólogo David Rosenham, que por aquel entonces era también profesor de la Universidad de Stanford. El estudio se publicó bajo el título Ser Cuerdo en Lugares Nada Cuerdos en 1973 en el Journal Science. Y este experimento estremeció el “establishment” psiquiátrico durante un buen tiempo.

 

En su primer experimento, Rosenhan reclutó a “pacientes fingidos” para que simularan estar locos en grado suficiente como para ser admitidos al hospital psiquiátrico. Los “impostores” incluían alumnos de psicología, psicólogos, un pediatra, un psiquiatra, un pintor, un ama de casa y el propio Rosenham. Ninguno de ellos tenía un historial de enfermedades mentales en absoluto. Todos actuaron como si oyeran voces inexistentes en un intento por ver si los admitían a doce hospitales psiquiátricos diferentes en distintas partes de los EEUU.

 

Al parecer, daba lo mismo si los hospitales psiquiátricos eran estatales y de bajo nivel o clínicas privadas caras adonde van los famosos y los millonarios – en todos los casos, los falsos pacientes fueron admitidos a los hospitales y fueron diagnosticados. Los médicos que los trataron les diagnosticaron toda clase de problemas psiquiátricos: hubo maníaco- depresivos, esquizofrénicos, y probablemente otras tantas “etiquetas”. Pero la verdad es que ninguno de ellos estaba realmente “loco” sino que eran personas perfectamente cuerdas que simplemente se estaban haciendo pasar por enfermos psiquiátricos y los doctores no lograron darse cuenta.

 

Este experimento produjo un significativo cambio en varias leyes y políticas administrativas en los EEUU con relación a la longitud de las hospitalizaciones psiquiátricas (las acortaron). Por aquellos días (1973), si una persona era admitida a una guardia psiquiátrica, no era tan fácil salir. Si bien los “psicofarsantes” empezaron a actuar normalmente poco después de haber sido admitidos y dijeron que se sentían mucho mejor (ya no oían más las voces), igualmente los forzaron a admitir que estaban locos y tuvieron que comprometerse a tomar los remedios psiquiátricos para poder recibir el alta del hospital. Durante el experimento, uno de los “pacientes impostores” de hecho tomó notas como parte del experimento. Los falsos pacientes tuvieron que quedarse en el hospital entre 7 y 52 días y estuvieron encerrados durante un promedio de 19 días.

 

Rosenhan volvió a repetir el estudio cuando una institución psiquiátrica de muy alto nivel lo “desafió” asegurando que esos errores no podían de ninguna manera ocurrir en su institución, que era un hospital muy famoso donde se practicaba y se enseñaba la psiquiatría. Durante un período de tres meses, Rosenham aceptó enviarles más “pseudopacientes” para ver si eran capaces de distinguir los cuerdos de los locos. Resultó ser que de los 193 pacientes que fueron admitidos al hospital durante el intervalo de 3 meses, el plantel psiquiátrico caratuló de “impostores” a 41 de los pacientes y a otros 42 los categorizó de “sospechosos de ser impostores”. Pero Rosenham volvió a engañarlos, porque esta vez Rosenham no había enviado a ningún “impostor” al hospital!! Eso significa que toso los pacientes que el plantel sospechaba que eran impostores eran en realidad pacientes comunes y corrientes.

 

En la psiquiatría, el paciente es caratulado de psicótico (o “loco”) si está “fuera de tono con la realidad”.

 

Resulta por lo tanto que de acuerdo con su propia definición, los propios médicos eran psicóticos, porque pensaron que estaban hablando con personas locas que en realidad eran perfectamente sanas. Estos médicos estaban claramente “fuera de tono” con la realidad de que estaban hablando con personas sanas y funcionales sin ningún historial de problemas psiquiátricos.

 

Y ahora algo todavía más “loco” para dejarlos pensando, queridos lectores:

 

El judaísmo enseña que Dios es la única realidad verdadera. Ein Od Milvadó – No hay nada fuera de Él – significa que no existe nada fuera de Él. “Todo el mundo está lleno de Su Gloria”. Y cada vez que empezamos a pensar que “nosotros” somos una realidad, Dios tiene que intervenir para que veamos que Él es el que dirige el mundo, no nosotros. Cuando nos ponemos molestos porque las cosas no salen como queremos, Dios tiene que intervenir y decirnos: “Ah… entonces tú piensas que TÚ eres Dios? Ahora te voy a demostrar que no lo eres!”.

 

La mayor parte del mundo hoy en día sufre de alguna forma de psicosis. Están “fuera de tono” con Dios, que es la única realidad verdadera.

 

Si una persona se ha separado y alejado de Dios entonces se ha separado de la única fuente de vida y cordura que hay. La gente que vive sin Dios vive “vidas” sin un parámetro con el cual chequear la realidad de sus pensamientos, sus reacciones, sus relaciones, sus decisiones, sus valores y su moralidad. Ellos son los verdaderos psicóticos de nuestra era.

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1. Sergio

7/29/2016

16 años sin tomar psicofármacos

En los años noventa del pasado siglo pasé por un largo período depresivo por el acoso psicológico sufrido en mi trabajo, el médico loquero me prescribió dos psicofármacos que estaban expresamente contraindicados tomarlos juntos, y uno de ellos fue retirado del mercado porque causaba muerte súbita, salvé la vida porque dejé de tomarlos por la excesiva sedación que producían, y la depresión la curé a base de tefilá y estudio de Torá. ¡Baruj Hashem que todo es para bien!

2. Sergio

7/29/2016

En los años noventa del pasado siglo pasé por un largo período depresivo por el acoso psicológico sufrido en mi trabajo, el médico loquero me prescribió dos psicofármacos que estaban expresamente contraindicados tomarlos juntos, y uno de ellos fue retirado del mercado porque causaba muerte súbita, salvé la vida porque dejé de tomarlos por la excesiva sedación que producían, y la depresión la curé a base de tefilá y estudio de Torá. ¡Baruj Hashem que todo es para bien!

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