Los hámsters humanos

La Mala Inclinación nos está transformando en hamsters que damos vueltas sin parar hasta que tenemos 70, 80 o 90 años y nadie puede bajarse!

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Dr. Zev Ballen

Posteado en 18.02.2018

 

Hoy en día, todo el mundo tiene su página de Facebook. Facebook te incita a pensar que es posible y por supuesto, deseable, estar en contacto con cada familiar lejano y cada amigo que tuviste alguna vez. Facebook te dice que deberías buscar a cada maestro, cada profesor, cada colega y cada persona que alguna vez conociste, y que deberías pasar tiempo con ellos.

 

Si decides creerle, estás tratando de hacer lo imposible, porque el día tiene solamente 24 horas y si vas a llenarlas con “Josecito” del campamento de verano del ’76, entonces jamás vas a tener tiempo para ti mismo, para tu pareja ni para tus hijos. Jamás vas a dormir. Jamás vas a volver a preparar cocina en casa. Estás eligiendo estar en contacto con más y más gente, pero toda esa “libertad” te está destruyendo la vida real, fuera de línea.

 

Pero no es solamente Facebook. Este es un fenómeno que se percibe en cada área de la vida moderna. La Mala Inclinación nos dice que tenemos que sobresalir en cada cosa que hacemos, que tenemos que ser personas “multitask”. La verdad es que parece una buena idea, pero en el mundo de la emuná aprendemos que tenemos que mirar más allá del brillo inicial, para ver cuál es el mensaje real. Y el mensaje es que deberíamos aspirar a alcanzar objetivos imposibles que nos van a dejar agotados y tan ocupados corriendo tras el próximo objetivo que nunca disfrutamos del momento que vivimos ahora.

 

En vez de comportarnos como seres humanos, la Mala Inclinación nos está transformando en hamsters que damos vueltas sin parar hasta que tenemos 70, 80 o 90 años y nadie puede bajarse!

 

Traté de conversar con un abogado de 92 años acerca del Jardín de la Fe, el best seller que ya vendió varios millones de ejemplares en el mundo entero, y que describe la forma de bajarse de la rueda. Pero tuve que detenerme. El cerebro de este hombre giraba con tanta rapidez después de estar tantos años en esta rueda que le daba miedo escuchar que las cosas podrían haber sido muy distintas. Y no es el único. Una vez le pedí a otro nonagenario que sufría de ansiedad que cerrara los ojos y se relajara y me respondió que no se animaba, que jamás había tenido un momento de calma en toda su vida y que no iba a empezar justamente ahora.

 

Otra pacienta mía me dijo que todos los nervios tan terribles que tenía eran lo único que la mantenía en pie. Obviamente, estaba equivocada. Todos estaban equivocados, aferrados a una falsa creencia que los mantenía dando vueltas sin parar durante décadas. Lo único que necesitaban era el coraje para ver que si hacían un pequeño esfuerzo, ellos también descubrirían qué es lo que hace que la gente siga en camino cuando sienten que no dan más. El poder de crecimiento es algo a lo que cada uno puede acceder, en cualquier momento y en cualquier lugar.

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