Vamos a contar mentiras

“Por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas… me encontré con un ciruelo cargadito de manzanas”.

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Tali Mandel

Posteado en 18.04.2018

Hay una canción infantil que se llama “Vamos a contar mentiras” y dice así: “por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas… me encontré con un ciruelo cargadito de manzanas” y así continúa cantando sinsentidos. Es una canción que cantábamos frecuentemente en las excursiones que organizaba el colegio de monjas al que asistía cuando era pequeña.

 

Paradójicamente, todas las mentiras que me contaban en la escuela sobre la idolatría eran aún más inverosímiles que la letra de esta canción. En este punto me comprenderán todos aquellos noájidas, judíos conversos o simplemente todos aquellos que hayan escuchado hablar de la idolatría, todo está repleto de mentiras. Aun así, me sigue impresionando que haya personas que hayan fundamentado la base de sus vidas en mentiras similares a las que dice esta canción.

 

Aparte de la farsa de la idolatría, encontramos ejemplos de mentiras descomunales continuamente: seguro que en este momento están pensando en cuántas veces les han dicho que un producto es fresco cuando en realidad estaba caducado, o cuando les han garantizado que el electrodoméstico que van a adquirir es el más barato y el de mejor calidad del mercado (no hay otro igual) y a los dos días encuentran otro mejor y aún más barato en otro comercio. El asunto de la política mejor lo dejamos de lado, porque esta canción infantil podría ser el himno de cualquier partido que se precie en plena campaña electoral.

 

Incluso nosotros mismos mentimos de vez en cuando, ¡ustedes no! Ya sé que comprenden perfectamente las implicaciones de decir una mentira y que no se atreven a hacer semejante fechoría. Pero les diré que en mi época de adolescente, convertí la mentira en un arte, como se suele decir erróneamente. Mentía a mis padres sobre los lugares que frecuentaba y las personas con las que iba y, sobre todo, les mentía sobre la hora a la que había llegado a casa por la noche el día anterior, por supuesto. Cuando mi madre me preguntaba cuándo había llegado el día anterior yo decía que estaba en casa a la hora a la que me habían dicho que regresara (aunque hubiera vuelto un par de horas más tarde) y ella me decía que no era así, que me había escuchado llegar y yo me derrumbaba y entonces la siguiente vez debía volver aún más temprano.

 

Pero una vez llegué a la hora que me habían dicho, supongo que fue pura coincidencia, pero así fue: por fin había llegado a casa a la hora acordada. Sin embargo, al día siguiente la conversación con mi madre fue exactamente igual. Al principio me sorprendí, pero entonces me di cuenta de que mi madre, con toda su buena intención para educarme y que no saliera con malas compañías, me decía indistintamente que había llegado tarde y yo siempre caía en la “trampa” (porque generalmente así sucedía).

 

Debido al cansancio del quehacer diario en casa, mi pobre madre caía exhausta en la cama y en realidad nunca me escuchaba llegar pero sabía, porque me conocía bien, que no llegaba a casa a la hora acordada. Esto podría haberme servido para apiadarme de mis pobres padres y corregirme para llegar a casa pronto, pero me sirvió para saber que si les decía que había llegado tan solo unos minutos más tarde no habría problema aunque en realidad hubiera llegado unas horas después.

 

Gracias a Di-s con el paso del tiempo fui corrigiendo este mal rasgo de carácter y me di cuenta de que la sinceridad es una de las cosas más importantes que se pueden ofrecer a otra persona. Yo me sentí herida cuando entendí que mi madre me mentía de forma sistemática pero también comprendo que tenía toda la razón al intentar corregir este rasgo de mi carácter de cualquier manera. Hashem la puso en mi vida como uno de los mensajeros más importantes y de los que he aprendido más a lo largo de mi existencia.

 

Como sabrán, todo es para bien y les diré qué cosas buenas he sacado de esto: saber cuánto daño se le causa a otra persona al mentir y saber detectar cuándo alguien me miente. No es infalible 100% pero suelo darme cuenta y debo confesarles que no es agradable saber que la persona que tienes enfrente de ti te está mintiendo y además piensa que le estás creyendo a pies juntillas. Dicen que la persona sabe reconocer las estratagemas de los demás porque las hace uno mismo y es cierto. Debo confesarles que muchas veces he probado el plato de mal gusto de la mentira, y créanme, no sabe nada bien.

 

Ser honrado con uno mismo y con los demás es ser honrado con Hashem y esto es algo que debemos poner en práctica en todo momento y lo debemos hacer todos, tanto judíos como noájidas para que el mundo en el que disfrutamos de esta existencia que Di-s nos ha dado sea dulce y amoroso. 

 

 

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1. Tali Mandel

4/30/2018

Idolatría la idolatría consiste en adorar a dioses y no aceptar que solamente existe un Único Di-s que creó absolutamente todo lo que existe, por lo tanto es una gravísima transgresión. no hay verdad en la idolatría, solamente confusión y mentiras veladas.

2. sergio jose

4/30/2018

¿Cual es la verdad de la idolatría?

Me quedó la duda sobre la verdad de la idolatría.

3. sergio jose

4/30/2018

Me quedó la duda sobre la verdad de la idolatría.

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