La conexión Kislev

Cuando estoy conectada con ese lugar seguro que tengo adentro, entonces no importa lo que pase, sé que soy una persona fuerte.

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Talya Levy

Posteado en 02.12.18

¿Cuántas veces pensamos en cosas esenciales, en las cosas que conforman nuestras vidas? Por ejemplo, ¿qué es esa fuerza interna que nos ayuda a levantarnos tras una caída? ¿Qué es la esperanza, por más pequeña que sea, que nos ayuda a enfrentar la desesperación en la vida? ¿Y cómo hacemos para respirar profundo, cerrar los ojos, abrirlos y sentirnos llenos de nueva energía?

 

La respuesta que me llega inmediatamente es – nuestra conexión interna.

 

Sí, Cuando estoy conectada con ese lugar seguro que tengo adentro, entonces no importa lo que pase, sé que soy una persona fuerte.

 

Seguramente se preguntarán: ¿Y cuál es ese lugar interno? ¿Cómo hacemos para reconocerlo y conectarnos a él?

 

La respuesta es: nuestra alma. Esa parte Divina dentro de nosotros mismos que hemos recibido de nuestro Creador, literalmente un pedacito de Él dentro de nosotros. Esa parte que recibe sustento de su fuente, del mismísimo Creador del mundo.

 

“Dios mío, el alma que me insuflaste…. Mientras mi alma está dentro de mí, Te doy las gracias…”. Decimos esto mismo cada mañana en el rezo matutino

 

Cuando las cosas se ponen difíciles, cuando estamos doloridos y el fin parece estar muy lejos, elevamos los ojos a Dios.

 

Ahora estamos en el mes de Kislev, que es el mes de la redención y los milagros, de la luz y la calidez, del triunfo del espíritu por sobre lo material. Sí, en contra de todas las probabilidades, la santidad triunfó sobre la impureza.

 

Cuando los griegos entraron al Santuario y profanaron todo el aceite del Templo Sagrado, Jerusalén y todas las zonas circundantes, no se pudo encender la Menorá. Nuestros Sabios afirman: “Ellos profanaron todo el aceite del Santuario”. Los griegos no derramaron el aceite ni se ensuciaron. El aceite permaneció en los jarros, listo para ser encendido. Técnicamente hablando, se podría haber encendido fuego con ese aceite, pero no era apropiado utilizarlo para la sagrada Menorá. Había sido brutalmente vandalizado y profanado. Los griegos querían que se encendiera la Menorá, pero con aceite impuro.

 

Nosotros luchamos contra los griegos en lo que respecta a nuestra forma de encarar la vida.

 

Ellos querían hacer que los judíos olvidaran la Torá de Hashem. A ellos no les importaba si los judíos estudiaban la Torá como un tema más de estudio, igual que la música, la filosofía y demás sabidurías. Lo que les molestaba era que la Torá fuera nuestra fuente de vida! Nuestra conexión con la Torá y las mitzvot es la esencia de nuestra conexión con Hashem, que es una conexión tremendamente poderosa.

 

La Menorá, que solamente encendemos con aceite puro, simboliza la pureza de la vida judía, que es precisamente lo que los griegos pretendían destruir. Ellos no eran ningunos tontos; ellos se dieron cuenta de que esta conexión era la base de nuestra fortaleza.

 

La tragedia de los judíos que se convirtieron en helenistas comenzó en ese momento y desafortunadamente continúa hasta el día de hoy. ¿Saben por qué? Porque ellos no captaron el principal punto del judaísmo. Ellos pensaron que no había nada malo en un poco de cultura griega. Y así fueron las cosas hasta que una minoría, los hasmoneos, lucharon para preservar el espíritu de la nación judía.

 

Pero la guerra no terminó entonces. Cada uno de nosotros sigue librándola dentro de sí mismo. Se nos exige que siempre brillemos y actuemos con puro aceite, tomado de nuestra jarra interna. Es la jarra de aceite que nunca se termina. Porque esta jarra se vuelve a llenar con el aceite más puro y nos llena y nos da nuevas fuerzas para seguir iluminando, crecer y alcanzar más y más logros.

 

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