El chico del periódico

Hashem, nuestro Padre y nuestro Rey, quiere tener una relación con todos Sus hijos.

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Shai Mor

Posteado en 19.04.2019

Había una vez un chico que repartía el periódico cuya ruta de distribución cubría todos los habitantes de la capital de su país, incluyendo al rey. Cada mañana, el chico llevaba el periódico al palacio real cuando el rey daba su paseo diario. El chico tenía el privilegio de entregarle personalmente el periódico al rey, y cada vez el niño le daba profusamente las gracias al rey por todo lo que tenía en la vida: “Gracias, señor rey, por el estupendo sistema escolar que tenemos en el país, por los excelentes maestros y amigos, porque todo es gracias a usted, nuestro rey, que dirige nuestro país con tanta sabiduría”. Este mismo ritual tenía lugar cada mañana.

 

El padre del chico era un granjero que cultivaba papas y cuyo principal competidor era uno de los principales ministros de la corte del rey. Para el ministro, el padre de aquel niño era como una espina y quería acabar con él fuese como fuese. El ministro conjuró una conspiración acusando al padre de organizar una rebelión en contra del rey. Basándose en eso, el rey lo envió a la cárcel. El padre del niño llamó a su mejor amigo, que era otro de los ministros del rey para que fuera a ver al rey, le demostrara su inocencia y le explicara que la acusación era un libelo de sangre y que él era absolutamente inocente. El amigo del padre trató de concertar una cita con el rey pero su pedido fue denegado. El rey estaba demasiado ocupado.

 

Entonces el granjero llamó a otro amigo, un abogado muy eminente, que jugaba al golf con el rey. El abogado trató de concertar un encuentro con el rey para jugar al golf, pero su pedido fue denegado.

 

A la mañana siguiente, cuando el niño fue a entregar el periódico, on sonrió ni le dio las gracias al rey. Y entonces el rey le preguntó qué ocurría.

 

El niño respondió: “Mi padre fue encarcelado así que hoy no estoy contento”, lloró el niño.

 

Entonces el rey exclamó: “¿Qué? Yo aprecio mucho cada vez que tú me das las gracias y si esto te pone triste, entonces yo mandaré liberar a tu padre de inmediato!”.

 

El granjero, feliz de su liberación, organizó una gran fiesta de agradecimiento. Cuando su amigo el ministro llegó a la fiesta, le preguntó: “¿A quién conoces en el palacio que tiene más “acomodo” con el rey que yo? ¿Quién te ayudó a salir de la cárcel?”.

 

“Mi hijo”, respondió el granjero.

 

El ministro no le creyó. Lo mismo ocurrió con el abogado, que tampoco le creyó.

 

Entonces su majestad llegó a la fiesta y, al ver al niño, sonrió y dijo: “¿Ahora estás contento?”. El niño se sintió tan agradecido que no pudo dejar de dar las gracias.

 

El ministro y el abogado se dirigieron al rey, para saber por qué había respondido al pedido del niño, y el rey les respondió: “Tengo una relación muy especial con el niño. Cada mañana, cuando me trae el periódico, él me da las gracias por todo lo que tiene. Y ahora que él necesitaba un favor, por supuesto que quise ayudarlo. Ustedes, señores, solamente vienen a verme cuando necesitan algo”.

 

Hashem, nuestro Padre y nuestro Rey, quiere tener una relación con todos Sus hijos. No hay nada que Él ame más que escuchar el “Modé Aní” de Sus hijos cada mañana.

Por eso, empezamos cada mañana con una expresión de agradecimiento y recién después Le pedimos lo que necesitamos.

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