Kadish

El abuelo Sam era un “self made man” que aprendió él solo a rezar sin haber estudiado nunca en una yeshivá...

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Dr. Zev Ballen

Posteado en 16.03.21

Hace un tiempo falleció mi suegro. Lo sobreviven mi suegra, tres hijas y nueve nietos. De sus tres hijas, una de ellas, mi esposa, se volvió observante de Torá.

 

Siempre he tenido con mi suegro una relación positiva. Él era muy orgulloso de su herencia judía y muchos años asistió a una sinagoga conservadora. Y a pesar de nuestras diferencias religiosas, yo siempre sentí una conexión espiritual con él y sentí que de él, mi esposa había heredado su inclinación espiritual.

 

En una ocasión, después de hojear un ejemplar de En el Jardín de la Fe, me dijo: “Me parece un libro excelente, muy bien escrito”. Yo le propuse que lo llevara a casa y lo leyera cuando tuviera tiempo, pero se negó. Cuando le pregunté por qué no, él me respondió sinceramente que, a su edad, los argumentos tan convincentes de este libro lo iban a hacer entrar en conflicto.

 

No obstante, con el paso de los años, vi cómo el abuelo Sam sentía gran felicidad con sus nietos religiosos, a quienes les hacía preguntas acerca de la Biblia y les hablaba en Yidish. Y si bien le costaba mucho caminar, venía conmigo a la sinagoga a rezar Minjá. Y yo, que nunca había ido a la sinagoga con mi propio padre, me sentí muy orgulloso de entrar con uno de mis familiares.

 

El abuelo Sam era un “self made man” que aprendió él solo a rezar sin haber estudiado nunca en una yeshivá. Y lo más sorprendente es que, en sus últimos años, empezó una sesión fija de estudio con un rabino ortodoxo que iba a su casa.

 

Por desgracia, no tuve mucho contacto con mi suegro durante casi tres años desde que inmigré a Israel y nos resultaba difícil comunicarnos por teléfono debido a sus problemas de audición.

 

Cuando el fin estaba ya próximo, él me mandó a pedir que dijera Kaddish por él después de su fallecimiento.

 

El Kadish es una plegaria muy emotiva para los difuntos que suelen recitar los hijos. En el caso del abuelo Sam, él no tenía hijos varones y dado que yo era el único yerno que asistía a la sinagoga, me lo pidió a mí.

 

Yo empecé a recitar Kadish por el abuelo Sam y la verdad es que fue una gran experiencia. De alguna manera, me sentí mucho más conectado con él que cuando él estaba con vida. Yo siento que cada palabra que pronuncio de esta antigua plegaria está elevando su alma más y más en el Cielo. No puedo describir lo gratificante que es sentir que puedo devolverle aunque sea algo al hombre que siempre fue tan generoso conmigo y con mi familia.

 

Cuando la hija de Rabí Najman expresó su temor ante el inminente fallecimiento de su padre, él le respondió: “Si yo pasara de una habitación a otra y tú golpearas a la puerta, ¿no te parece que yo te oiría?”. Esa es la clase de comunicación que siento con el abuelo Sam. Al decir Kadish, siento su presencia mucho más directamente. Y me siento más cerca de mi esposa, su hija, dado que sus almas están tan conectadas.

 

El profeta dice que “En ese día, Hashem será Uno y Su Nombre será Uno”. Esto significa que en ese día en el futuro, cuando llegue el Mashíaj y la gloriosa luz de Hashem llene el mundo, él revelará cómo todo encajaba perfectamente: la muerte y la vida, la enfermedad y la salud, el mal y el bien, la guerra y la paz.

 

Finalmente seremos reunidos con nuestros seres queridos y se producirá la resurrección de los muertos. Todos se curarán y tendrán cuerpos perfectos. Toda la humanidad se unirá con un solo propósito: hacer la voluntad de Hashem.

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