
Desde las profundidades del mar
Esto es algo que no se lo deseo a nadie. Es muy difícil describir lo que sentí en esos momentos fatídicos. Jamás en mi vida pasé por un momento así...

Te diré cómo Aquel que hace que todo suceda, Aquel que inicia cada cadena de acontecimientos, hizo que esta solución me fuera revelada. Yo estaba yendo a hacer una visita de shivá (duelo) a una familia cuyo hijo había muerto ahogado. Mi chofer me preguntó muy triste: “¿Qué es lo que lleva a una persona que no sabe nadar a meterse en la parte profunda del mar? ¿Cómo pudo hacer algo así? Si uno no sabe nadar, que entre solamente hasta donde el agua le llega a la cintura y se quede ahí. ¿Por qué es que la gente juega con su propia vida?”. Yo le dije: “Estás equivocado. No estás mirando la situación desde el ángulo correcto. Estas personas no tienen la culpa de haberse ahogado. Su muerte es un decreto Divino. Estoy seguro de que algunos ni siquiera se metieron en la parte más profunda pero igualmente fueron arrastrados por la corriente y se ahogaron”. Yo mismo sé de un montón de casos como estos. Incluso sé de personas que eran excelentes nadadores pero el decreto Divino dispuso que debían morir ahogados, tal como está escrito: “No hay sabiduría, ni entendimiento, ni consejo, ante Hashem” (Proverbios 21:30). Y pasó lo que pasó. Que Hashem rescate a todo Su pueblo Israel de todo año, a partir de ahora.
El chofer escuchó lo que le dije y lo aceptó. Y de repente, recordó algo y me dijo: “Rabino, entre los asistentes a sus charlas, hay un joven que me contó una historia parecida. Si Dios quiere, en la próxima charla le voy a pedir que venga y que le cuente su experiencia de primera mano”. Y así fue. Esta es la historia que me contó:
Yo soy un excelente nadador. Un día, en la Sefirat HaOmer (la Cuenta del Omer), en que, según algunas opiniones, está prohibido nadar, fue con un amigo mío al mar, no a nadar sino solamente a hacer una inmersión de mikve. Resulta que me metí en el mar hasta la cintura y cuando me agaché para hacer la inmersión, de repente una corriente me llevó hacia adentro y no logré nadar de regreso a la orilla. Entré en pánico. Con todas mis fuerzas, sacudí los brazos y las piernas en un desesperado intento por salvarme, pero fue en vano. Mi amigo me vio pero no se dio cuenta de que yo corría terrible peligro, que me estaba hundiendo y ahogando. Empecé a tragar agua. El agua me arrastró con tanta rapidez que ya estaba muy lejos de él y él estaba seguro de que yo estaba nadando o jugando así que no me prestó atención. Yo estaba seguro de que este era mi fin, que estaba a punto de irme de este mundo. Con las últimas fuerzas que me quedaban, traté de pensar qué podía hacer. Recé, Le di las gracias a Hashem hasta que mi mente se volvió un blanco total y no logré pensar nada más. El deseo de vivir ardía en mí y continué luchando pero el mar era más fuerte que yo y sentí que tenía los minutos contados. Estuve a un paso de la muerte. Entonces empecé a gritarle a Hashem lo mejor que podía con toda el agua que había tragado: “¡¡Amo del universo, tienes que salvarme!!”.
Esto es algo que no se lo deseo a nadie. Es muy difícil describir lo que sentí en esos momentos fatídicos. Jamás en mi vida pasé por un momento así. Gracias a Dios, después de que grité, sentí que algo me empujaba desde atrás. Era una enorme ola que me levantó y me arrojó en la orilla. Mi amigo, que estaba empezando a preocuparse, vino corriendo y, al verme tan agotado y de color azul, de inmediato llamó a una ambulancia. Los paramédicos me atendieron y gracias a Dios, pude recuperarme bastante rápido.
Este relato me impresionó y me inspiró muchísimo. En ese momento, Hashem me abrió el corazón y me iluminó el entendimiento. Esta historia me dio la explanación que necesitaba para esta Guemará que cite antes. Por medio de ella, recibí la respuesta a muchas preguntas y la explicación de muchas situaciones (tal como explicaré a continuación). Pensé mucho en todo esto y descubrí un maravilloso secreto, uno de los secretos de la Creación. Y después de todos los grandes secretos que ya revelé en este libro, me gustaría compartir otro secreto más que es el toque final y del cual depende todo lo demás. ¡Descúbrelo y verás cómo te fortaleces!



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