El Kidush de Bar Kamtza

¿Acaso somos todos una nación de Bar Kamtzas, guardando rencores? Es hora de mirarnos al espejo...

4 Tiempo de lectura

Rivka Levi

Posteado en 28.07.25

Kamtza y Bar Kamtza solían ser buenos amigos: pasaban tiempo juntos, se invitaban mutuamente para Shabat, iban a clases de Torá. Era una relación muy cercana, muy bonita. También las esposas, la señora Kamtza y la señora Bar Kamtza, parecían llevarse bastante bien. Hubo algunos momentos incómodos —como aquella vez que la señora Bar Kamtza casi se desmaya en el asiento del copiloto del auto de la señora Kamtza, porque esta tenía miedo de gastar demasiada gasolina usando el aire acondicionado—, pero en general, todo funcionaba bien.

Hasta que un día, la señora Kamtza asistió a un taller para “liberarse de sus inhibiciones” y volvió siendo otra persona. Poco después fue a sentarse en el sillón de la señora Bar Kamtza… y destrozó su vida y su personalidad con palabras.

La señora Bar Kamtza quedó en shock. Sabía que su amiga podía ser difícil, pero nunca imaginó que, en el fondo, la despreciara tanto ni que viera toda su vida con tanto desdén.

Seamos amables y digamos que la amistad se volvió bastante tensa. Durante unas semanas más, se sostuvo de manera muy forzada. La señora Bar Kamtza trató de evitar a su antigua amiga lo más posible mientras pensaba qué hacer. Pero la nueva versión de la señora Kamtza, sin inhibiciones, no estaba dispuesta a permitir eso. Empezó a aparecer en su casa para tener “conversaciones” e intentaba forzarla a volver a ser “buenas amigas”. Cada encuentro dejaba más claro para la señora Bar Kamtza que debía evitarla a toda costa.

Mientras todo esto ocurría, Kamtza y Bar Kamtza seguían siendo buenos compañeros; seguían yendo juntos a clases de Torá, conversaban después del rezo. Hasta que un día, el señor Kamtza también decidió asistir a un taller para perder sus inhibiciones. Y él también salió cambiado: si antes se esforzaba por ocultar su falta de fe en Hashem o se cuidaba de hacer comentarios negativos sobre la oración y los tzadikim, ahora ya no lo hacía.

Ahora, cada conversación con Bar Kamtza le dejaba a este último una sensación amarga en el estómago, como si lo hubieran despojado espiritualmente. Cualquier intento de avance espiritual que hacía, ahí estaba Kamtza para minimizarlo o decirle que eso “era solo para tzadikim”, y no para gente como ellos; o para despreciar a los rabinos por estar “fuera de la realidad” o ser “demasiado idealistas”.

Después de unos meses, Bar Kamtza se dio cuenta de que esa “amistad” le estaba haciendo un gran daño espiritual. Era momento de confrontar a Kamtza sobre su herejía cada vez más evidente.
Seamos amables y digamos que Kamtza no lo tomó nada bien.

Reaccionó tratando de expulsar a Bar Kamtza de la sinagoga local, mientras la señora Kamtza corrió a entregar una nota escrita a mano a los hijos de la señora Bar Kamtza, detallando todos sus “problemas” y defectos de carácter.

Se declaró la guerra.

Los Bar Kamtza literalmente no soportaban ver a sus ex “amigos”, y durante varios meses evitaron cualquier evento social en el que pudieran cruzárselos.
Pero luego vino la boda de un buen amigo en común a la que no podían faltar, y sabían que los Kamtza también estarían allí.

Los Bar Kamtza estaban con el estómago revuelto de los nervios, preguntándose qué pasaría. Fue una noche muy incómoda. La señora Kamtza se acercó a la señora Bar Kamtza junto a los canapés y empezó a gritarle que “lo que estaba haciendo no estaba bien”. La señora Bar Kamtza hizo lo que cualquier persona con un poco de dignidad haría: se fue.

Después de esa noche, la tensión social solo aumentó. Los Bar Kamtza no querían hablar mal de los Kamtza ante otros, porque eso sería lashón hará (hablar mal), pero mientras tanto se los cruzaban en todos lados, y el solo hecho de verlos los enfermaba.

Durante un par de meses, la señora Bar Kamtza empezó a mirar la sección de “casas en venta” del Jerusalem Post, soñando con mudarse a un lugar donde los Kamtza nunca pudieran encontrarla…

Esto podría haber seguido así durante meses, incluso años.
Hasta que un día, Bar Kamtza estaba leyendo sobre las próximas elecciones en Israel y se encontró con un artículo que lo sacudió hasta lo más profundo: rabinos —rabinos importantes— diciendo cosas terribles unos de otros, públicamente, todo en nombre de defender la verdad.

Bar Kamtza soltó un suspiro largo y profundo.
La verdad era importante, ¿no?
¿Acaso no había que desenmascarar a los malvados que se hacen pasar por justos?
¿No había que apartarlos y mantenerlos alejados a toda costa?

Pero… qué feo era todo eso, incluso si era “cierto”.

Bar Kamtza fue a hablar con Hashem sobre todo esto, y tuvo un momento de claridad:
Dios no quiere tantas discusiones y acusaciones, incluso si la otra parte realmente es tan terrible. Dios quiere paz.

Hmm…

Los Bar Kamtza tenían una simjá (celebración) en camino: el bar mitzvá de su hijo.
Habían pasado tantos meses evitando a los Kamtza en bodas, brit milá, sheva brajot…
que la idea de tener un evento tranquilo, donde los Kamtza no estuvieran invitados, parecía un oasis en el desierto.

Pero si no los invitaban, la gente se daría cuenta. Todos entenderían que los Bar Kamtza y los Kamtza ya no eran amigos.

Bar Kamtza había estado esperando ese momento por meses…

Pero ahora, su conciencia le decía que el mayor regalo que podía darle a Hashem, y a su hijo, era invitar a sus peores enemigos a su bar mitzvá.

¡Ah, la pelea interna que tuvo consigo mismo!

Iba y venía… hasta que finalmente tomó la decisión:

“¡Quiero bendiciones en mi vida! ¡Quiero que mi hijo tenga bendiciones también! Sé que Hashem va a bendecir muchísimo a mi familia si dejo de lado mi orgullo y mi resentimiento, y si invito a esos hipócritas venenosos y religiosos a mi celebración.”
(Seamos amables y digamos que todavía le costaba un poco internamente.)

Y eso fue lo que hicieron los Bar Kamtza.
Para cuando leas esto, quizás el Tercer Templo ya haya sido reconstruido.
Quizás el Mashíaj ya haya sido revelado.
Pero incluso si no, los Bar Kamtza siguen sintiéndose increíblemente bien por haber intentado darle a Hashem ese regalo: el regalo del amor gratuito —ahavat jinam.

Una pequeña pelea por no haber sido invitado a una fiesta destruyó el Templo anterior;
¿Quién dice que esta invitación de Bar Kamtza no ayudó a reparar esa herida, de una vez por todas?

Escribe tu opinión!

1. Sonia Pedreño García

7/30/2025

SHALOM A TODOS, EN ESPECIAL AL EQUIPO DE BRESLEV. LASHON HARÁ SE ENCUENTRA CADA VEZ MÁS EN LAS PAREDES DE LAS CALLES CON GRAFITIS FALTANDO EL RESPETO Y LA DIGNIDAD A MUCHAS ORGANIZACIONES O INCLUSO A LOS POLICÍAS. YO INTENTO HACER TODO LO POSIBLE PARA EVITARLO. Y SI LO HAGO, RECAPACITO EN LO QUE DIJE, DISCULPÁNDOME Y DESEÁNDOLE LO MEJOR A ESA PERSONA. ES VERDAD QUE A VECES SE ME ESCAPA ALGUNA QUE OTRA PALABROTA EN CONTRA DE ALGUIEN QUE NO ACTUÓ DEBIDAMENTE, PERO NORMALMENTE O INCLUSO ME ATREVERÍA A DECIR, CADA VEZ MENOS O MUY POCAS VECES ME ENCUENTRO CON SITUACIONES DESAGRADABLES. GRACIAS A HASHEM POR ACTUAR EB CADA SITUACIÓN DE MI VIDA. BENDICIONES 💜

Gracias por tu respuesta

El comentario será publicado tras su aprobación

Agrega tu comentario