El clamor

Cada persona debería reforzar la siguiente idea hasta que se vuelva parte integrante de su vida: Hashem es Todopoderoso

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Grupo Breslev Israel

Posteado en 26.08.25

Cada persona debería reforzar la siguiente idea hasta que se vuelva parte integrante de su vida: Hashem es Todopoderoso y Él quiere rescatar a cada persona en cada circunstancia, de manera inmediata. Si tu fe en esto no es fuerte, entonces es profundamente defectuosa y entonces tus plegarias serán débiles. Al no ser tu fe absoluta, no es suficiente para salvarte.

La perfección en la plegaria se manifiesta en el clamor a Hashem, ya que ese clamor transmite la fe y la voluntad en su máxima expresión. Esta plegaria es la vasija perfecta que atrae todas las salvaciones e inmediatamente anula todos los malos decretos. Por lo tanto, la baraita citada más arriba, en la que Rabí Meir enseña que la plegaria completa trae la salvación incluso después de que se ha perdido toda esperanza, va seguida inmediatamente por las palabras de Rabí Itzjak de que “es una buena cosa que la persona clame ante Hashem, tanto antes del decreto como después”.

Recuerda que, incluso después de que el Cielo decreta un juicio, es posible anularlo. ¿Cuál la plegaria que Rabí Meir dice que es eficaz incluso después de que se decretó el juicio? ¡Es el clamor! Rabí Yejezkel Levinstein enseña: “La calidad de plegaria expresada en forma de clamor se determina según el grado en el que uno pone el corazón en la plegaria” (Kuntras Et Laasot). Cuando la persona clama ante Hashem con absoluta devoción, es capaz de obtener todas las salvaciones que necesita, tal como afirma la Guemará: “La plegaria es escuchada únicamente cuando uno pone su propia vida en sus manos” (Taanit 8ª). Esta plegaria rompe y anule todos los decretos de juicio de manera inmediata.

En síntesis: la plegaria perfecta que se expresa por medio de un clamor desde lo más recóndito del corazón proviene de un deseo absoluto de vida, tal como cuando la persona corre peligro de vida, con una emuná perfecta en que Hashem es Todopoderoso y que no hay nada fuera de Él, y especialmente con la fe en que Hashem quiere salvar a todos y darles vida.

Los factores más significativos que dañan la plegaria son los conceptos de verdad y de emuná referidos a la gratitud que analizamos antes y toda clase de cálculos que debilitan el clamor. Cuando clamamos ante Hashem, debemos dejar de lado todo esto y con la emuná más fuerte, aferrarnos a la conciencia de que Hashem sabe todo esto pero, a pesar de eso, quiere salvarnos, ya que esa es la absoluta verdad. Con esa conciencia, clama ante Hashem con toda tu fuerza hasta que tus plegarias surtan efecto.

Clamar de la forma debida

Todo esto está conectado con el trabajo de la voluntad. Estudiando el tema, descubrí la manera en la que debemos llevar a cabo el trabajo de la voluntad, y la manera en la que debemos suplicarle a Hashem que nos dé vida, o sea, la manera en la que debemos realizar todos nuestros pedidos espirituales, para que Hashem nos salve de los pecados y las pasiones físicas, para que nos acerque a la Torá, para que recemos, para que sirvamos a Hashem, etc.

Cuando Rabí Najman de Breslev quería enseñarles a sus discípulos cómo se debe rezar por temas espirituales, les contó la siguiente historia (Shivjei HaRan: Sipur HaNesiá LeEretz Israel 19):

Rabí Najman contó que cuando estaba en la Tierra de Israel, en la ciudad de Tiberíades, se desató una plaga y todos los residentes de la ciudad estaban en grave peligro. Por lo tanto, el gobernador cerró con candado las entradas a la ciudad, para que la gente sana no entrara a la zona donde había enfermos y no se contagiara. Pero dentro de la ciudad había también personas sanas que querían salir y buscaban todas las formas posibles de hacerlo, Rabí Najman entre ellos. Entonces lo que hizo fue trepar la muralla de la ciudad que bordeaba el mar (Kineret) y así fue como en cierto momento llegó a estar colgado de la muralla con sus manos y el mar abajo. Al darse cuenta del inminente peligro, y sintiendo que se quedaba ya sin fuerzas, Rabí Najman “clamó en su corazón a Hashem, de la manera debida”. Hashem le tuvo compasión y lo rescató. Tal como hemos aprendido: que nuestro clamor ante Hashem es como debe ser únicamente cuando desborda de sentimiento y de fervor.

Rabí Najman opinaba que siempre debemos rezar de esa manera: que cuando rezamos, debemos sentir como si estuviéramos colgando de las manos de una alta muralla, corriendo grave peligro de caer al precipicio, quedándonos sin fuerzas y sintiendo que ya nos estamos cayendo, y entonces clamar ante Hashem. Esto es lo que se denomina “Desde el vientre del Sheol, clamé” (Jonás 2:3). Y Rabí Najman dijo que “lo principal es ‘Desde el vientre del Sheol, clamé’” (Sijot HaRan 302).

Rabí Najman insistía en este punto y para eso contaba la historia de la muralla en Tiberíades. Y también solía contar que una vez fue a hacer hitbodedut en un bote en el río para ocultarse detrás de un juncal. Pero entonces el bote comenzó a moverse y casi se da vuelta. “Y entonces clamó ante Hashem y elevó las manos a Él como es debido”. Y Rabí Natan añade (Sijot HaRan 117):

Él solía contar esto porque quería que tuviéramos conciencia en el corazón que cada persona debe clamar ante Hashem, Bendito Sea, y de esa manera, levantar su corazón hacia Él, Bendito Sea, como si estuviera en el medio del mar colgando de un hilo, con un viento de tormenta bramando en el cielo y sin saber qué hacer, y apenas si tiene tiempo para gritar. De hecho, no hay consejo ni refugio excepto alzar la vista y el corazón a Hashem, Bendito Sea. Por eso, siempre debemos hacer hitbodedut y clamar ante Hashem, Bendito Sea, porque cada persona está en grave peligro en este mundo, como todos saben y entienden perfectamente bien.

En esencia, la histora de mi alumno que casi se ahogó, hasta que Hashem lo rescató recuerda estas dos historias acerca del grave peligro que corrió Rabí Najman. La conclusión que Rabí Najman extrae de estas dos historias es que cada persona debe clamar ante Hashem sobre cada asunto espiritual, sintiendo que lo que está pidiendo es un tema de vida o muerte. Porque no sólo que es un tema de vida o muerte, sino que la persona corre peligro de vida inmediato aquí y ahora, y no tiene tiempo para cambiar: literalmente necesita un tratamiento de urgencia. Se trata de una situación desesperante y por eso debe clamar: “Amo del universo: corro tremendo peligro y necesito Tu ayuda ahora mismo, en este mismo instante. Sálvame, por favor”.

Este es el principal factor que hizo posible que Rabí Najman alcanzara lo que alcanzó. Así fue como logró en su vida tan breve lo que grandes tzadikim tardaron muchísimos años en alcanzar, tal como él mismo da testimonio en forma explícita. Y todo el que siga este camino ciertamente logrará llegar a ser como él, literalmente. Por eso, el primer paso para que el trabajo de la voluntad se transforme en una plegaria perfecta consiste volver a sentir cada día la sensación de un peligro inmediato. La persona que logra clamar por su vida espiritual exactamente igual que clama por su vida física verdaderamente ha de cambiar y elevarse espiritualmente día a día, hasta alcanzar los más altos niveles.

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