Deja ir a Mi pueblo

Nuestro “altillo” está lleno de infinitos comienzos que juntan polvo, y ya no nos queda lugar para comienzos nuevos.

5 Tiempo de lectura

Rabino Shalom Arush

Posteado en 06.01.26

La colección de todos nosotros

Hay coleccionistas que disfrutan juntar cosas especiales como estampillas, libros antiguos u otros recuerdos; y hay personas a las que no les gusta coleccionar nada, solo conservan objetos que les son útiles.
Pero hay una cosa que todos coleccionamos a lo largo de la vida, y todos, sin excepción, tenemos una colección enorme y muy impresionante de eso…

¿Qué es eso?

Eso son los comienzos. Todos acumulamos montones y montones de comienzos…

¿Cuántas veces en la vida empezamos a estudiar Daf Yomi, nos unimos a una clase fija, nos fortalecimos en la plegaria y en la hitbodedut (diálogo personal con Hashem), en el cuidado de la mirada, en no enojarnos, y en otras infinitas conductas y cosas buenas?
¿Cuántas veces empezamos a comer sano, a entrenar, iniciamos procesos de dejar hábitos dañinos o de hacer cambios de distinto tipo en la vida?

Pero lo que realmente nos interesa son los comienzos en el servicio a Hashem.
Comienzos que empezamos y que después de uno o dos días, una o dos semanas, uno o dos meses, el entusiasmo baja, el fuego se apaga, y volvemos exactamente al mismo lugar donde estábamos — solo que un poco más desanimados…

Nuestro “altillo” está lleno de infinitos comienzos que juntan polvo, y ya no nos queda lugar para comienzos nuevos.
De tantos comienzos, la mayoría ya se desanima incluso de volver a empezar, y aun cuando empezamos, no creemos de verdad que vaya a sostenerse en el tiempo…

¿Sobre qué se puede construir?

Si le preguntas a una persona: “¿Cuál es el problema? ¿Por qué solo empiezas y no continúas?”, te dirá: “Tengo un problema de constancia…” como si fuera un problema solo suyo.
Aunque el mal de muchos no consuela a los sabios, esta es una dificultad de casi todo el mundo, salvo raras excepciones.

¿Hay algo que hacer con esto? ¡Claro que sí! Pero para eso primero hay que entender por qué caemos.

Empezamos desde una gran emoción: Hashem ayuda y da una iluminación, un nuevo deseo, un sentimiento muy fuerte.
Pero el sentimiento sube y baja como las olas del mar: un momento estás arriba y al siguiente te rompes.
No se puede construir la vida ni la voluntad sobre un sentimiento espiritual, por más fuerte que sea. Eso no se sostiene en la bajada — y la bajada es una parte inseparable del camino: te quitan la luz y te examinan cómo atraviesas los tiempos difíciles, si te aferras a la voluntad o si te enojas y protestas.

Entonces, ¿sobre qué sí se puede construir la vida, el crecimiento y la estabilidad?

Solo sobre la emuná (fe).

Porque el estado de ánimo cambia: hoy una persona se levanta alegre y entusiasmada, y mañana puede levantarse quebrada, caída y en una gran oscuridad.
Pero la emuná no cambia. “Tu fe es en las noches”, y “aunque me siente en la oscuridad, Hashem es mi luz”.
El Creador es el mismo Creador, y la fe es la misma fe, en lo bueno y en lo difícil.
Hashem te ama en cada estado de tu vida, y aun cuando caminas por el valle de sombra de muerte, Él está contigo, a tu lado y dentro de ti.

Una vida muy fuerte

Esto es lo que dice Rabí Najman de Breslev: que la fe es algo muy fuerte:
“En verdad, la fe es un asunto muy fuerte, y su vida es muy fuerte por medio de la fe.”

Y también dice  Rabí Najman de Breslevque este es el secreto para llegar al deseo de santidad:
“La fe es algo muy fuerte, y cuando uno camina solo con fe… entonces merece llegar al nivel de deseo que está incluso por encima de la sabiduría, es decir, merecer tener un deseo enorme y muy fuerte hacia Él, con una añoranza muy intensa…”

Si construyes tu voluntad sobre la fe — no sobre la sensación ni sobre la “iluminación”, sino sobre el conocimiento claro que es el fundamento de la fe: que Hashem es todopoderoso y es un Padre bueno que te ama siempre, tanto cuando lo sientes como cuando no lo sientes — entonces siempre podrás avanzar, en cualquier situación, y nunca abandonarás el buen camino que comenzaste.

Habrá días en los que estarás en una luz espiritual y avanzarás mucho, y días en los que estarás en oscuridad espiritual y avanzarás poco — pero siempre avanzarás.
Estos son “los caminos de la teshuvá”: caminos distintos para los días de subida y caminos distintos para los días de bajada, pero no abandonas el camino.
Y al final verás y entenderás que precisamente en los días “malos”, cuando pensabas que avanzabas poco — esos fueron los días más significativos, los que más te hicieron crecer.

La redención no tiene atajos

¿Y qué tiene todo esto que ver con la parashá de esta semana?

La salida de Egipto no es solo un evento del pasado; es el modelo y el símbolo de todas nuestras redenciones, tanto en lo general como en lo personal.
Todo el que quiere salir verdaderamente a la libertad — libertad de los deseos y de las malas cualidades — toma su fuerza de la salida de Egipto.

La parashá nos transmite un mensaje: no hay redención “en un instante”, no existe el “zas y listo”. No hay tal cosa.
La redención es un proceso largo, paso a paso, y dentro de ese proceso habrá caídas — y muchas.
Si no te aferras a la fe, no resistirás.

Cuando ocurre la salida de Egipto, Israel es un pueblo de esclavos.
Llega Moshé, les da todas las señales de que él es el redentor, y se entusiasman:
“Y el pueblo creyó… y se inclinaron y se postraron.”

Pero cuando el entusiasmo se apaga, el redentor desaparece por unos meses, la esclavitud se endurece, y todo el entusiasmo se transforma en una desesperación doble y multiplicada, en una oscuridad más profunda.
Y cuando Moshé finalmente vuelve, lo acusan duramente, hasta que el propio Moshé se queja ante Hashem.

¿Por qué pasó esto? Porque vivían de la emoción y del entusiasmo, y no se fortalecieron en la fe.
La Torá nos enseña que el ocultamiento del redentor y el aumento de la oscuridad son necesarios — son parte inseparable del proceso de redención. Porque ahí es donde se prueba la fe verdadera.

Como dice el Midrash:
“Mi amado es semejante al ciervo — así como el ciervo aparece y se oculta, así el primer redentor apareció y se ocultó… y así será el último redentor…”
Y el Midrash dice que en la redención final habrá días muy difíciles de ocultamiento, y el que resista — ese vivirá.

Lo que ocurrió en la salida de Egipto es el modelo de nuestra redención personal: debes saber que habrá caídas y dificultades, y entonces debes aferrarte con toda tu fuerza a la fe.

De esclavos a hijos

Cuando hablamos de aferrarnos a la fe, hablamos de sostener la fe en que Hashem es un Padre bueno, que me ama y solo me hace bien.

Egipto representa la condición de esclavos. Por eso se llama “casa de esclavos”: ellos niegan la condición de “hijos” y quieren hacer caer a Israel del nivel de hijos al nivel de esclavos.

Por eso su rey se llama Paró (Faraón), que en hebreo es un reordenamiento de la palabra “nuca” (oref), que simboliza decirle al pueblo que Hashem les da la espalda y no los ama.

La redención, en cambio, es una revelación inmensa de amor: la revelación de que no somos esclavos sino hijos.
Por eso Hashem le dice a Moshé que diga a Paró: “Mi hijo primogénito es Israel. Envía a Mi hijo para que Me sirva…”

Y por eso en la plegaria de Arvit decimos: “Vieron los hijos Su poder, lo alabaron y agradecieron Su Nombre” — porque fueron redimidos al comprender que son hijos, y salieron de la condición de esclavos a la condición de hijos.

Toda nuestra esclavitud en Egipto fue olvidar que somos hijos y que Hashem nos ama.

La lucha principal por la fe es sostener, en cualquier situación, este conocimiento: que Hashem es un Padre bueno que me ama siempre.
Y especialmente cuando atraviesas caídas, ocultamientos, y el iétzer hará quiere hacerte caer de los buenos comienzos que comenzaste — ese es exactamente el momento de fortalecerte en la gran fe de que Hashem te ama, incluso cuando ahora no sientes nada.

La fe es algo fuerte, estable y permanente, que no cambia jamás — y cuando te aferras a la fe de que Hashem es tu Padre, ¡nunca caerás!

La semana que viene veremos cómo todo esto se conecta con los días de Shovavim, y cómo el conocimiento de que Hashem es nuestro Padre es el secreto para cuidar el pacto a lo largo de los días y los años, y elevarnos cada vez más en santidad.

Escribe tu opinión!

1. Ayuda Breslev

1/14/2026

Eduardo shalom! Todos tenemos esos días oscuros, y a veces es un mensaje desde Arriba de que tenemos que soltar las riendas y dejar que Hashem maneje el mundo. No hay nada que valga tu paz mental y emocional. Confía en que Hashem va a arreglar todo de la mejor manera posible, aunque ahora todo parezca estar dado vuelta. Respira hondo. Inhala emuná y exhala toda esa angustia y toda la preocupación. Un abrazo desde Jerusalem!

2. Eduardo José Bellucci

1/10/2026

Todah Rabah por esta reflexión del rabino Arush. Hoy me desperté con angustia en el corazón, uno de esos días oscuros. Y leer este artículo me trajo mucha paz. Bendito sea Hashem, el Creador de todas las cosas y Señor de todo.

3. Francisco Hernández Arroyo

1/07/2026

Bueno yo siempre e tenido fé y abase de buscar a dios encontré a Hashem, él me a demostrado que si soy su hijo inmerecida mente yo agradezco al rap Yonatan de galet pues aprendo mucho de él Baruhasem vale 👍

Gracias por tu respuesta

El comentario será publicado tras su aprobación

Agrega tu comentario