Con armas no se juega

Debes saber, querido alumno, que solo la plegaria produce todas las salvaciones. Cuando uno deposita su mirada en algo que no sea la plegaria, ya está debilitando, e incluso perdiendo, la fuerza de su emuna en la plegaria

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 02.03.26

Lo que te dijeron -haz lo contrario.

“Me dijeron que comer tal alimento puede ayudar mucho al problema que tengo. ¿Qué dice el rabino?”

“Si me preguntas a mí, precisamente no comas ese alimento. Y no solo eso: todo lo que te digan que es bueno, que es una ‘segulá’, incluso cosas supuestamente espirituales -si me preguntas a mí, no hagas nada de eso. Haz lo contrario y simplemente reza, y verás la salvación.”

“Pero, rabino, ¿qué daño puede hacer? Puedo rezar y también hacer la segulá…”

“Debes saber, querido alumno, que solo la plegaria produce todas las salvaciones. Cuando uno deposita su mirada en algo que no sea la plegaria, ya está debilitando, e incluso perdiendo, la fuerza de su emuna en la plegaria. Entonces su plegaria ya no será la misma.
Si quieres una salvación verdadera, debes estar ‘cerrado’ al cien por ciento en la plegaria y solo en la plegaria. Toda tu energía y todos tus esfuerzos deben estar dirigidos a lo único que realmente puede ayudarte y salvarte.”

Tu arma

El principal problema que todos tenemos es que no sabemos el poder inmenso que hay en nuestra boca. La boca, la palabra, la plegaria -es una fuerza enorme. No hay nada que no pueda lograrse mediante la plegaria.

Quien se aferra a la plegaria puede actuar siempre, incluso cuando parece que ya no queda ninguna esperanza. Como dice el Talmud: “Incluso si una espada afilada está apoyada sobre el cuello de una persona, no debe dejar de implorar misericordia.”

Nuestro maestro enseñó que la palabra tiene un poder enorme, hasta el punto de que se puede susurrar sobre el cañón de un arma para impedir que dispare.

La principal arma del judío es la plegaria. La plegaria es un arma. Y un arma es una fuerza poderosa. Quien entiende el poder de la palabra, cuida su palabra con extremo cuidado.

Si la palabra es un arma poderosa, entonces hablar sin responsabilidad, palabras vacías o superficiales, es como jugar con un arma cargada. Es peligroso.

Nuestros sabios dijeron: “Hay un pacto sellado con los labios.” Por eso el pueblo de Israel cuida muchísimo no pronunciar nada negativo, porque incluso una palabra fuera de lugar, dicha sin intención, puede tener consecuencias graves.

Nuestro maestro advirtió que uno debe cuidarse de no pronunciar palabras negativas, incluso en broma. Aunque no tenga intención de hacer aquello que dice, esa palabra puede dañarlo y, Dios no lo permita, terminar obligándolo a cumplir lo que pronunció.

Y ni hablar de palabras dañinas, mentiras, discusiones o expresiones de odio. El Talmud enseña que la mala lengua mata a tres: al que habla, al que escucha y a la persona de quien se habla. Es como disparar en todas direcciones con un arma automática.

Hashem peleará por ustedes y ustedes guardarán silencio

Especialmente ahora, en el mes de Adar -cuyas iniciales aluden a la frase “El principio de Tu palabra es verdad” -es más importante que nunca cuidar el habla y procurar que nuestras palabras estén alineadas con la verdad.

La mentira no es solo decir algo incorrecto. Todo lo que no está en consonancia con la voluntad de Hashem y la Torá es falso. Incluso las palabras vacías son mentira, porque carecen de contenido verdadero.

Todo el milagro de Purim y la derrota de Amalek ocurrieron gracias al cuidado del habla. Solo los descendientes de Rajel, que supo guardar silencio, pudieron traer la redención: Shaúl, que no reveló el asunto de su reinado, y Ester, que no reveló su origen cuando Mordejai se lo pidió.

Si queremos obtener grandes salvaciones en los próximos días de Purim por medio de la palabra y la plegaria -como recordamos cada año y como explicamos ampliamente en el libro “Simjat Purim” -debemos cuidar nuestro habla con mayor fuerza que nunca.

Ninguna palabra vuelve vacía

Esto también se conecta con nuestra parashá.

En esta sección no aparece el nombre de Moshé. Es la única desde que aparece en la Torá en la que no se lo menciona. ¿Por qué? Porque después del pecado del becerro de oro, cuando Hashem quiso destruir al pueblo, Moshé dijo: “Si no los perdonas, bórrame de Tu libro.” Aunque finalmente Hashem perdonó al pueblo y la condición no se cumplió, las palabras que salen de la boca de un justo tienen que cumplirse de alguna forma. Por eso en esta parashá su nombre no aparece. Así de poderosa es la palabra.

La boca -el candelabro interior

La parashá comienza con el mandamiento de encender la menorá con aceite puro. La Torá es eterna y habla a cada judío en cada generación. Cada uno tiene su propia menorá personal. ¿Cuál es? La cabeza. En la cabeza hay siete aberturas: dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales y la boca. La boca es el centro, la parte principal, el “rostro de la menorá”. Cuando una persona santifica sus “luces” -sus sentidos y especialmente su boca -recibe abundancia divina: comprensión, conciencia de Hashem, emuna viva, sensibilidad espiritual, gusto por la Torá, por las mitzvot, por el Shabat, por Purim.

También se logra paz en el hogar y santidad en la familia. Nada bueno llega gratis. Los justos alcanzaron lo que alcanzaron porque se santificaron a sí mismos.

Un recipiente completo

Todo comienza en la boca. Cuando una persona santifica su boca, fortalece su emuna, porque la emuna está conectada con la palabra. Todo depende de la emuna, y la emuna depende de la boca. Cuando el habla es pura, no solo ilumina la propia vida, sino que también irradia hacia afuera. La menorá no era para iluminar a Hashem, que es la Luz del mundo, sino para revelar y difundir la fe. Ahora, en vísperas de Purim y Shabat Zajor, recordemos que la principal guerra contra Amalek fue la plegaria. La victoria dependía de las manos de Moshé extendidas en oración.

También hoy la forma de acceder a la luz de Purim y a todas sus salvaciones es a través de la plegaria y de una emuna absoluta en su poder. Invertir toda nuestra fuerza en la plegaria, y especialmente en la plegaria de Purim, que no vuelve vacía.

Este es el momento de santificar nuestro habla, para que este instrumento llamado boca sea un recipiente completo y, a través de él, nos acerquemos verdaderamente a Hashem e iluminemos el mundo.

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