
Compasión práctica – 1ra Parte
No existe en el mundo un amor comparable al de los padres por su hijo. Y ese vínculo comienza ya en el vientre.

No es espíritu profético
La pregunta que me surgió “de la nada” los sorprendió muchísimo. Se miraron entre sí con asombro y admitieron que, efectivamente, esa era la realidad.
-Este es el origen de todos sus problemas -dije con firmeza.
Habían estado sentados en mi consultorio largos minutos, relatando la cadena de golpes y dificultades que caían sobre ellos una tras otra. Escuché con profundo dolor. Era, realmente, una manifestación de juicio severo en toda su intensidad. Situaciones muy duras e incomprensibles. Rezaban sin cesar y no veían ni el comienzo de una salvación. ¿Por qué Hashem actuaba así?
Les hice una pregunta sencilla:
-¿Están cerrando el vientre sin la autorización de un rabino competente en halajá?
Confirmaron mis palabras y asumieron el compromiso de corregir ese problema. Poco tiempo después comenzaron a ver una clara Providencia Divina, y la vida volvió a fluir con serenidad.
Si te preguntas: “¿Fue espíritu profético?”, te respondo: absolutamente no.
Aprendí de mis maestros que cuando se ven juicios muy duros, en la mayoría de los casos se debe al cierre del vientre. Y puedo dar testimonio de decenas, incluso cientos de situaciones en las que ese era exactamente el problema.
Si preguntas cuál es la relación, es muy simple. La palabra compasión en hebreo, rajamim, proviene de la palabra rejem, vientre. Cuando una mujer cierra su vientre sin consultar con un rabino que determine la halajá, en cierto sentido está cerrando la compasión sobre sí misma y sobre toda su familia.
Y si la compasión de Hashem se retira de la persona -que no sea el caso- no hace falta explicar más.
Más que un juego de palabras
Podría parecer un simple juego lingüístico: vientre y compasión. Pero ¿cuál es el vínculo esencial entre ambos?
Es una pregunta profunda que nos ayuda a comprender qué significa realmente la compasión de Hashem. Y este es precisamente el gran mensaje de nuestra parashá: la revelación de las Trece Cualidades de Compasión. No es una idea teórica, sino un fundamento central de la fe con consecuencias prácticas directas.
No existe en el mundo un amor comparable al de los padres por su hijo. Y ese vínculo comienza ya en el vientre. Los padres están conectados con su hijo antes de verlo, antes de saber quién es, sin depender de sus actos ni de ninguna condición externa. El solo hecho de que la madre lo lleve en su vientre ya crea un lazo profundo e inquebrantable.
Ese vínculo es un amor en potencia. Como enseña Rabí Najman de Breslev: es un amor que reside en la conciencia, un amor oculto que aún no se ha manifestado plenamente en este mundo. Incluso después del nacimiento, cuando el amor es visible y natural, el núcleo más profundo sigue siendo ese amor esencial que nace del vínculo interior.
No aman al hijo porque sea adorable, sino porque el lazo entre ellos es profundo e inseparable, un lazo que comenzó en el vientre y que nada en el mundo puede romper.
Compasión en todo momento
Así es exactamente la compasión de Hashem.
Moshé Rabenu comprendió que la compasión y el amor de Hashem hacia el pueblo de Israel no dependen de nada. No importa lo que haya sucedido ni lo que el pueblo haya hecho. Es como el amor que nace del vientre. Incluso cuando el Santo, bendito sea, dice: “No quiero más a este pueblo”, Moshé no se rinde. ¿Por qué insiste? Humanamente podría parecer que el pueblo merecía el castigo. Después de todos los milagros y revelaciones, habían cometido un pecado grave. ¿Qué defensa podía presentarse?
Pero Moshé, que alcanzó el nivel más puro de fe, entendió algo esencial: aunque no podemos comprender ni definir a Hashem, sí podemos afirmar que Él es todo bondad, todo amor, toda compasión. Y así como Él es infinito, también Su compasión es infinita. Por eso permaneció cuarenta días y cuarenta noches en plegaria.
¿Cómo es posible rezar tanto? La plegaria es consecuencia directa de la fe. Si dejas de rezar, significa que crees que la compasión tiene un límite. Si sabes que es infinita, seguirás rezando hasta ver el resultado.
Plegaria sin límites
Hashem se revela entonces como nunca antes, y le muestra las Trece Cualidades de Compasión -atributos que jamás retornan vacíos. Moshé se apoya en esa revelación y vuelve a rezar otros cuarenta días, hasta anular el decreto y restaurar el vínculo, incluso fortaleciéndolo.
Las Trece Cualidades comienzan diciendo:
“Hashem, Hashem, Dios compasivo y clemente…”
¿Por qué el Nombre aparece dos veces? Explica el Talmud: “Yo soy el mismo antes de que la persona peque, y Yo soy el mismo después de que peque y haga teshuvá”. Es decir, así como confías en Mi compasión antes del pecado, no desesperes después. Mi compasión sigue presente. Y la compasión posterior al pecado es incluso más elevada. ¿Después de qué pecado? Incluso después de todos los pecados de la humanidad a lo largo de todas las generaciones, desde Adán hasta hoy, Hashem sigue teniendo compasión, porque Su compasión no tiene fin. La compasión es como el vientre: una realidad permanente e independiente. Un padre sigue siendo padre incluso si su hijo cae. Su compasión no desaparece.
La grandeza de la compasión
Esa es la grandeza del tzadik. Su nivel espiritual depende de cuánto haya comprendido la compasión de Hashem. Cuanto más sabe que Hashem es un Padre afectuoso y compasivo, más elevada es su fe.
El Zohar dice que si Moshé hubiera vivido en la generación del Diluvio, no habría habido Diluvio. Y si hubiera estado en tiempos de Sodoma, la ciudad no habría sido destruida. Porque su comprensión de la compasión era tan completa que habría rezado hasta anular cualquier decreto.
Conclusión
Resumamos los puntos principales:
Creer en la compasión y el amor de Hashem es parte esencial de la fe. Creer en Hashem pero no creer que Él es misericordioso y que me ama es una gran debilidad espiritual.
Todo depende de la fe, como explicamos en el libro En el Jardín de la Fe.
Todo cambio positivo en tu vida, toda salvación, depende de la plegaria. Porque quien prolonga su plegaria no vuelve con las manos vacías.
Pero no se puede rezar con constancia sin fe en la compasión infinita de Hashem. Quien cree de verdad en Su compasión no se detiene. Sigue rezando, una y otra vez, hasta ver la salvación. ¿Por qué? Porque Hashem es compasivo, me ama, quiere darme. Quiere más plegarias. Yo seguiré rezando, con la certeza de que finalmente Él me responderá. Así, la fe en la compasión de Hashem es la culminación de la fe misma. Es lo que transforma la vida del creyente y lo lleva a vivir activamente en conexión constante con Hashem, a través de la plegaria y de la confianza en la salvación.
Con la ayuda de Hashem, continuaremos la próxima semana.





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