Estremecer los Cielos

Incluso cuando rezamos buscando la compasión de Hashem rogándole y pidiéndole un regalo inmerecido, la plegaria debe ser tan fuerte que el Cielo y la Tierra y toda la Creación se estremezcan.

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Grupo Breslev Israel

Posteado en 28.04.26

Incluso cuando rezamos buscando la compasión de Hashem rogándole y pidiéndole un regalo inmerecido, la plegaria debe ser tan fuerte que el Cielo y la Tierra y toda la Creación se estremezcan. El Midrash describe el pedido intransigente de Moisés como un “regalo inmerecido”, como algo parecido a “una espada que desgarra y corta sin parar”, como un trueno. Suponemos que Moisés Le insistió a Hashem: “Debo entrar a la Tierra Santa. Y tú quieres ayudarme, porque en Tu morada tienes un tesoro de dones inmerecidos. ¿Para quién creaste este tesoro? ¿Acaso no lo creaste para salvarme? Tú deseas salvarme y revelar Tu tesoro de regalos inmerecidos”

No existe contradicción entre rogar pidiendo la compasión de Hashem e insistir fuertemente. Y hay otro motivo más por el cual la persona debe clamar con todas sus fuerzas y exigir la salvación de forma inmediata y hasta decirle a Hashem “Tú debes salvarme”. Cuando uno siente que cometer un pecado lo pone en peligro mortal, entonces siente que su vida pende de un hilo y no quiere vivir si no obtiene esta salvación. Esta persona puede exigirle a Hashem con todas sus fuerzas: “Debes rescatarme, porque, si no me rescatas, dentro de un segundo ya no va a haber a quién rescatar”. Y puede darle a Hashem argumentos muy fuertes: “Si no me rescatas, seguiré pecando, Dios no lo permita, y esto, sin lugar a dudas, va en contra de Tu voluntad. Por eso, tienes que tenerme compasión y rescatarme en este preciso instante”.

En una situación como esta, la verdadera compasión de Hashem se expresará en el rescate de esa persona del peligro mortal de transgredir Su voluntad.

Esto es lo que hacían todos los tzadikim cada vez que querían traer una salvación. Ellos creían con una emuná total que Hashem quería salvarlos y creían completamente que la plegaria dicha con todas las fuerzas ejerce efecto. Ellos se pararon ante Hashem con obstinación y sin darse por vencidos. Por ejemplo, Joni Ha-Meaguel hizo un círculo en el suelo, se paró dentro de él y dijo: “No saldré de este círculo hasta que les tengas compasión a Tus hijos”. Ese era su método. Él era como un hijo ante Hashem e insistía hasta que Hashem hacía lo que él quería. Por eso, Shimon Ben Shetaj le dijo: “¿Qué puedo hacer, siendo que te anidas con Dios, Quien entonces hace tu voluntad, igual que un hijo que se anida con su padre, que entonces hace lo que el hijo quiere?” (Taanit 19ª).

Rabí Najman de Breslev dice que esto tiene relevancia no solamente con Joni Ha-Meaguel sino con cada persona, porque cada uno de nosotros puede ser como un hijo de Hashem (Sijot HaRan 7):

Es muy bueno que uno derrame sus palabras ante Hashem, Bendito Sea, rogándole por compasión, igual que un hijo que se anida con su padre. Al fin y al cabo, ¿acaso Hashem no nos ha llamado “Sus hijos”, tal como dice el versículo: “Ustedes son hijos de Hashem su Dios” (Deuteronomio 14:1).

Por lo tanto, es muy bueno que uno exprese su infelicidad ante Él, igual que uno hijo se queja con su padre.

Tal vez parezca que, debido a la forma en que se ha comportado, ahora no parece un hijo de Hashem. Pero ¿acaso Hashem no nos llamó “Sus hijos”? Dondequiera que estemos, Hashem nos llama Sus hijos. E incluso si a los ojos de Hashem está bien rechazarme y negarme ser Su hijo, Dios no lo permita, yo debo hacer mi parte para ser como Su hijo…”.

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