El arte de mantener el coche

Ya estamos en las últimas dos semanas de los días de la cuenta del Ómer, en los que “pasamos” por todas nuestras cualidades y las revisamos. Pero, ¿realmente estamos completando lo que falta? ¿Qué pasa con nosotros? ¿Hemos cambiado?

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 07.05.26

El auto le costó a Moishe mucho dinero, y le es de mucho uso en su vida diaria. Un auto es algo serio, y nuestro amigo Moishe es un joven muy responsable, especialmente considerando que todo lo relacionado con el vehículo involucra tanto asuntos monetarios como incluso cuestiones de vida o muerte.

Por eso, Moishe adoptó una costumbre fija, una regla inquebrantable: que no se sienta al volante sin antes revisar el aceite y el agua, y observar el auto en general para asegurarse de que todos los sistemas estén funcionando correctamente.

Nuestro Moishe tiene principios, y los defiende con toda firmeza. ¡Y esta costumbre no la cambiaría por nada del mundo! Muy bien de su parte.

Por eso, puedes imaginarte su asombro cuando descubrió que el motor “se había fundido”…

El mecánico determinó de forma tajante que la causa de la grave avería era la falta de aceite. Pero Moishe objetó y le dijo que eso no podía ser, porque él revisaba el aceite todos los días.

El mecánico casi se confundió por la insistencia de Moishe, pero llevaba suficientes años en la profesión como para saber exactamente cuál era el problema. Entonces se recompuso y le preguntó:

—Muy bien que revisas, pero… ¿has rellenado aceite y agua últimamente?

La expresión de desconcierto en el rostro de Moishe reveló la solución al enigma: efectivamente, él revisaba, pero cuando veía que faltaba aceite o agua, no completaba lo que faltaba. Y eso fue lo que llevó al motor a colapsar por el exceso de calor…

No se trata solo de contar

Ya estamos en las últimas dos semanas de los días de la cuenta del Ómer, en los que “pasamos” por todas nuestras cualidades y las revisamos. Pero, ¿realmente estamos completando lo que falta? ¿Qué pasa con nosotros? ¿Hemos cambiado?

Después de todo, contamos el Ómer para atravesar un proceso que nos prepare para recibir la Torá, como decimos en la plegaria después de la cuenta:

“Para purificarnos de nuestras impurezas y de nuestras cáscaras espirituales”.

Y aquí estamos: contamos… pero, ¿somos más puros? ¿Realmente hemos mejorado?

Es obvio que cada mitzvá tiene una influencia espiritual especial y purifica el alma. Pero, al final del día, ¿rezamos mejor? ¿Somos más constantes en el estudio? ¿Nuestras cualidades están más refinadas? ¿Logramos cuidar mejor nuestros ojos y vencer nuestros anhelos?

Si la respuesta es no, la razón es exactamente la misma por la que el motor de Moishe dejó de funcionar.

Cuando contamos, nos recordamos a nosotros mismos que estamos viviendo días grandes de preparación hacia la entrega de la Torá. Pero no alcanza solo con recordarlo. Tenemos que hacer algo con ese recordatorio.

Está bien, contaste la semana de la bondad (jesed)… pero ¿qué hiciste en la práctica para corregir esa cualidad? Y así con cada una de las demás.

Entonces, ¿qué hay que hacer realmente?

El trabajo del anhelo.

Así como debemos contar día tras día durante cincuenta días, si queremos cambiar en cualquier área, necesitamos hacer el trabajo del anhelo: es decir, rezar sobre un solo tema durante un tiempo importante y serio, día tras día, durante un período prolongado.

No hay cambio instantáneo. Y no hay cambio sin inversión.

La plegaria es lo que completa la carencia; es el relleno del aceite y del agua espirituales.

Como dice Rabí Natán:

“En todo lugar donde veo una carencia, es porque o no rezaron en absoluto, o no rezaron lo suficiente.”

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1. PAULIN NIKOLLI

5/07/2026

BARUJ HaShem , FALEMINDERIT RABIN SHALOM ARUSH POR LAS ENSENANSAS.

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