Hashem todo lo puede

Los niños de esta generación saben que siempre pueden ganar una discusión con sus padres diciendo: “¡Ustedes me odian!”

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 02.06.26

Tú No Me Quieres

Los niños de esta generación saben que siempre pueden ganar una discusión con sus padres diciendo: “¡Ustedes me odian!”. Es una verdadera arma psicológica y, en muchos casos, funciona. Los padres empiezan a pensar: “Tal vez realmente no les demuestro suficiente amor a mis hijos y se sienten emocionalmente carentes”.

Pero quien piensa con lógica no se deja engañar por eso. Después de todo, dedicamos toda nuestra vida a nuestros hijos. Les damos todo y volcamos nuestras energías en su bienestar. No es posible que no sean conscientes de ello. Entonces, ¿de dónde surge una acusación así?

Por lo general, aparece cuando los padres se niegan a comprar algo que el niño acaba de pedir. Y, casi siempre, esa negativa se basa precisamente en lo que es mejor para él. En otras palabras, la acusación del niño es injustificada y nace de una visión muy limitada. El niño vive el momento presente, sin ver más allá del aquí y ahora.

Lamentablemente, una vez que el niño lanza esa acusación y comienza a creerla, da un paso más y se rebela contra sus padres. Después de todo, si llega a convencerse de que no lo quieren, ya no tendrá interés en agradarles ni en obedecer sus indicaciones. Así, además de que las palabras “no me quieres” se basan en una premisa falsa, terminan sirviéndole como excusa para rebelarse y dejar de hacer lo que debería hacer.

¿Qué opinas de esto? ¿Te parece un comportamiento infantil? Lo es.

El problema es que, incluso cuando crecemos, seguimos actuando de la misma manera. Cada vez que las cosas no salen como queremos, olvidamos la cantidad infinita de bondades y el amor ilimitado que Hashem nos brinda. Empezamos a quejarnos de que Él no nos quiere, pero eso proviene exactamente de la misma visión infantil y limitada. Es un intento desesperado de encontrar una excusa para quitarnos de encima el yugo del Reino de los Cielos.

El Misterio de los Espías

Siempre me ha intrigado el pecado de los espías. El pueblo de Israel había presenciado innumerables milagros y acontecimientos sobrenaturales con sus propios ojos. Habían tenido revelaciones de Hashem y escuchado Su voz. Los milagros formaban parte de su vida cotidiana. Entonces, ¿cómo fue posible que rechazaran de manera tan radical la voluntad de Hashem? ¿Cómo llegaron a perder toda esperanza hasta el punto de llorar por su destino?

También me costaba comprender el castigo que recibió nuestra nación por ese pecado: hemos sido condenados a llorar a lo largo de las generaciones y a sufrir la destrucción del Beit HaMikdash en dos ocasiones. Tanta persecución y tantas tragedias, ¿solo porque nuestros antepasados lloraron?

He recibido mucha inspiración del Cielo sobre este tema y he escrito extensamente acerca de él. Sin embargo, cada año descubro nuevas enseñanzas. También este año tuve el mérito de comprender una nueva perspectiva sobre todo el asunto de los espías.

El pueblo de Israel quiso enviar exploradores antes de entrar a la tierra, pero Hashem no estaba conforme con esa idea. Le insinuó claramente a Moshé Su desaprobación: “Envíalos si tú lo consideras adecuado, pero Yo no te lo estoy ordenando”.

Hashem sabía que esa petición revelaba una grave deficiencia en la emuná del pueblo.

“Ya les dije que la tierra es buena”, dijo Hashem. “Ahora les daré la oportunidad de equivocarse por medio del informe de los espías, y así no llegarán a tomar posesión de la tierra”.

Este es un ejemplo del principio: “Por el camino que una persona elige recorrer, por allí es conducida”.

Los espías regresaron de su misión y hablaron mal de la tierra, a pesar de que Hashem había declarado que era buena. Informaron con seguridad: “No podremos subir contra esos pueblos, porque son más fuertes que Él”.

Como explica Rashi, habían perdido la fe en Hashem.

Por eso Yehoshúa y Caleb protestaron diciendo: “No se rebelen contra Hashem”.

Pero, lamentablemente, el pueblo entero se unió a esa rebelión colectiva y lloró aquella noche, convencido de que su situación no tenía solución.

La Desesperanza se Alimenta de Sí Misma

No fue solamente el hecho de llorar. Ese llanto simbolizaba una rebelión contra Hashem.

El Or HaJaim, en la parashá anterior (Behaalotjá), menciona otros episodios en los que el pueblo lloró sin motivo y explica que ese llanto nace del deseo de liberarse del yugo del Reino de Hashem.

La Torá relata: “Moshé escuchó al pueblo llorando en sus familias… y Hashem se enfureció grandemente”.

El Or HaJaim explica que cuando una persona cae en un pecado debido a sus deseos físicos, todavía existe cierto margen para comprenderla. Puede alegar que fue dominada por su impulso. Pero cuando las personas lloran de esta manera, demuestran que su intención es abandonar por completo a Hashem. Le abren la puerta al ietzer hará para que tome control de sus vidas, y eso constituye una falta mucho más grave.

Cuando el pueblo exigió carne, Hashem anunció que los castigaría porque “lloraron en los oídos de Hashem”.

El Or HaJaim comenta:

“Parece que Hashem no estaba dispuesto a perdonarles el hecho de haber llorado. ¿Acaso llorar es un delito en sí mismo? La respuesta es que Hashem se indignó porque ese llanto demostraba que no creían realmente que Él controla todos los acontecimientos de la vida. De haber creído, simplemente le habrían pedido carne a Hashem, tal como un hijo se la pide a su padre. En lugar de eso, lloraron como si fuera algo imposible, como si Hashem no pudiera concederles lo que deseaban. Negaron que Hashem es Todopoderoso y capaz de hacer todo lo que quiere. Por eso fueron considerados herejes”.

La verdad es que apenas dejaron el Monte Sinaí y comenzaron su marcha hacia la Tierra de Israel, ya empezaron a quejarse, aun cuando no existía motivo alguno para hacerlo.

El Sforno señala que la Torá dice simplemente que “el pueblo se quejaba”, sin especificar el motivo. Se quejaban porque el viaje les resultaba difícil, aunque en realidad no tenían ninguna razón válida para hacerlo.

El Daat Zekeinim explica sobre ese mismo versículo que el pueblo ya había llegado a creer que Hashem no podría conquistar la Tierra de Israel para ellos. No necesitaban a los espías para llegar a esa conclusión; los espías simplemente les sirvieron como excusa oficial para rebelarse.

El pueblo lamentaba su destino porque el Santo Bendito Sea quería llevarlos a la Tierra de Israel. Carecían de confianza y, en cambio, tenían miedo de la guerra. Y todo esto ocurrió incluso antes de que se hablara de enviar exploradores.

Yehoshúa y Caleb comprendieron perfectamente el motivo de aquel llanto. Por eso proclamaron ante todos:

“Si Hashem se complace en nosotros, Él nos llevará a esta tierra y nos la entregará, una tierra que fluye leche y miel”.

Ellos entendían que el pueblo necesitaba creer que Hashem deseaba darles la tierra. Por eso intentaron convencerlos de una verdad fundamental: Hashem los ama, los desea como Su pueblo, y todo lo demás depende de esa convicción.

Como un Hijo que le Pide a su Padre

Esto es precisamente lo que quiso decir el Or HaJaim.

¿Por qué llorar, cuando todo lo que necesitas es pedirle a Hashem lo que deseas, igual que un hijo le pide a su padre?

Las opciones son claras: o vives con emuná, o eliges el Guehinom.

Si vives con emuná, Hashem te colmará de bendiciones y te concederá todo lo que necesites, sin límites.

Si vives sin emuná, la vida se vuelve vacía y desesperanzada, y ese vacío termina llenándose de lágrimas.

Esto es cierto para cada judío y para cada prueba que enfrenta.

Si no crees con una fe absoluta que Hashem te ama, cualquier pequeño contratiempo puede derrumbarte y llevarte a la desesperación total.

Una persona deprimida no puede superar ni siquiera la prueba más pequeña.

Pero si estás convencido de que Hashem te ama y desea darte todo lo bueno, entonces nada en el mundo puede limitarte.

Podrás cumplir la voluntad de Hashem con facilidad, incluso cuando implique librar una batalla difícil o realizar tareas que parecen imposibles.

Podrás avanzar sin vacilar, tal como Caleb, que a los ochenta y cinco años combatió a los gigantes y conquistó Hebrón.

Todo lo que necesitas es creer con absoluta confianza que Hashem te ama y quiere darte todo.

Pídele todo lo que deseas y conviértete en una persona exitosa.

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1. ADAYA YEHUDIM

6/10/2026

GRACIAS HASHEM POR TU INFINITO AMOR HACIA MÍ Y HACIA MI PRÓJIMO 💙🙏

Gracias por tu respuesta

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