Milagros aquí y ahora

¿Y si ya estás rodeado de milagros... y simplemente dejaste de verlos?

3 Tiempo de lectura

Dennis Rosen

Posteado en 01.07.26

Cada día recitamos Az Iashir y recordamos la apertura del Mar Rojo. Los milagros que ocurrieron allí fueron manifestaciones extraordinarias e inconfundibles del poder de Hashem y de Su amor por Su pueblo. Al presenciarlos, el pueblo de Israel creyó en Hashem y en Moshé, Su profeta.

Pero mientras contemplamos aquellos milagros sobrenaturales, también deberíamos detenernos a pensar en los milagros que ocurren a cada instante de nuestras vidas; milagros que no son menos asombrosos solo porque estamos acostumbrados a ellos.

En el Mar Rojo, Hashem suspendió las leyes de la naturaleza durante unas pocas horas.

En nuestro cuerpo, en cambio, sostiene milagros cada segundo de cada día.

En este mismo instante, dentro de nosotros se están llevando a cabo innumerables procesos con una precisión extraordinaria.

No ocurren por casualidad.

Tampoco funcionan por sí solos.

Son manifestaciones permanentes del poder de Hashem, de Su infinita sabiduría, de Su atención a cada detalle y de Su amor incondicional por cada ser humano.

El hombre que no podía parpadear

Una vez, un hombre acudió al rabino Shlomó Zalman Auerbach porque padecía un extraño problema: había perdido temporalmente la capacidad de parpadear.

Al principio parecía una molestia sin importancia.

Pero al cabo de pocas horas, sus ojos comenzaron a resecarse y a irritarse intensamente.

No podía enfocar la vista.

Leer se volvió casi imposible.

Apenas lograba mantener los ojos abiertos.

Cada instante era una fuente constante de incomodidad y agotamiento.

Después de examinarlo, el médico le aseguró que probablemente el problema desaparecería por sí solo.

Pero, mientras tanto, el sufrimiento era muy real.

Una nueva manera de mirar la vida

Uno o dos días después, el problema desapareció.

Volvió a parpadear con total naturalidad, sin esfuerzo y sin siquiera pensar en ello.

Tiempo más tarde comentó:

“Parpadeo miles de veces al día y jamás le di las gracias a Hashem. Es más… ni siquiera me había dado cuenta de que lo hacía.”

Aquella experiencia transformó por completo su manera de ver la vida.

Abrir los ojos.

Tragar.

Dar un paso.

Respirar.

Nada de eso volvió a parecerle algo automático.

Cada acción se convirtió en un regalo.

Quizás no tan espectacular como la apertura del Mar Rojo…

pero, en esencia, igual de milagrosa.

La enseñanza

Muchas veces esperamos que el mar vuelva a abrirse.

Sin embargo, vivimos rodeados de milagros mucho más silenciosos:

  • Un corazón que late sin detenerse.
  • Unos pulmones que respiran sin que tengamos que pensar en ello.
  • Unos ojos que parpadean, enfocan y ven.
  • Una mente capaz de pensar, recordar y comprender.

La diferencia no está en los milagros.

La diferencia está en si somos capaces de reconocerlos.

Lo que distingue una vida rutinaria de una vida llena de asombro no es recibir nuevas bendiciones.

Es aprender a descubrir las bendiciones que ya tenemos.

La generación que estuvo frente al Mar Rojo contempló milagros abiertos y no pudo negar la presencia de Hashem.

Nuestro desafío consiste en llegar a esa misma certeza…

sin necesidad de que el mar vuelva a abrirse.

Aprender a vivir con esa conciencia

¿Cómo podemos desarrollar esa manera de mirar la vida?

Como cualquier buena cualidad, requiere práctica constante.

Tres veces al día recitamos el Modim, agradeciendo a Hashem Su infinita bondad y los milagros que nos acompañan permanentemente.

Decimos:

“Y por Tus milagros que están con nosotros cada día…”

Antes de pronunciar esas palabras, detente unos segundos.

Coloca la mano sobre tu corazón.

Siente cómo late.

Piensa por un momento en lo que está ocurriendo.

No estás conectado a ninguna fuente de energía.

No le ordenas conscientemente a tu corazón que siga latiendo.

Y, sin embargo, día y noche, año tras año, se contrae y se expande alrededor de cien mil veces cada día.

Impulsa la sangre a través de miles de kilómetros de arterias, venas y capilares, llevando oxígeno y nutrientes a cada célula de tu cuerpo.

¡Qué extraordinaria manifestación de la sabiduría, del poder y del amor de Hashem!

Si hacemos este sencillo ejercicio con frecuencia, nuestra forma de vivir comienza a cambiar.

Crece dentro de nosotros la certeza de que Hashem nos ama, nos cuida, nos protege y vela constantemente por nosotros.

La gratitud se hace más profunda.

Y nuestra emuná se fortalece.

Además, cuando una persona toma conciencia del inmenso amor que Hashem le tiene, nace naturalmente el deseo de corresponderle sirviéndolo con mayor entrega.

Las mitzvot dejan de ser únicamente una obligación.

Se convierten en una oportunidad para servir a Hashem con más reverencia, más gratitud y más alegría.

Y cuando reconocemos las incontables bondades que Él derrama sobre nosotros, también sentimos el deseo de parecernos más a Él, siendo más bondadosos, más compasivos y más generosos con quienes nos rodean.

No hay nadie fuera de Hashem

Rab Shalom Arush suele enseñar que existen dos clases de milagros.

Los milagros abiertos y sobrenaturales, que todos reconocen de inmediato.

Y los milagros ocultos, aquellos que Hashem reviste con las llamadas leyes de la naturaleza.

En su folleto “Estoy en Tus manos”, Rab Shalom Arush destaca un principio fundamental que debe quedar profundamente grabado en nuestro corazón:

No hay nadie fuera de Hashem… y Hashem me ama.

Cuanto más interiorizamos esta verdad,

más comenzamos a descubrir Su mano en todas partes:

en lo extraordinario y en lo cotidiano,

en lo espectacular y en lo aparentemente común.

Que podamos esforzarnos siempre por reconocer las innumerables muestras del amor y de la bondad de Hashem.

Y que esa gratitud y esa conciencia sean un mérito para atraer sobre nosotros, sobre nuestras familias y sobre todo Klal Israel, una abundancia aún mayor de bondad, misericordia y bendición.

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1. ADAYA YEHUDIM

7/06/2026

GRACIAS HASHEM. PORQUE AYER ME DISLOQUÉ LA PARTE SUPERIOR DE UN MÜSCULO DE MI PIERNA IZQUIERDA, SINTIENDO DOLOR AL ANDAR, Y PENSANDO QUE SI EMPEORA, DEBÍA ACUDIR AL MÉDICO. PARA MI SORPRESA, ESE DOLOR SOLO DURÓ UNOS MINUTOS. Y TODA ESA MOLESTIA DESAPARECIÓ COMO EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS 😇. BENDICIONES A TODAS LAS DAMILIAS BRESLEV 💙🙏✨️

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