¡Trágate tus palabras!

¿Por qué el Baba Sali puso como condición que el Rabino Eliyahu jamás hablara mal de otro judío?

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 13.07.26

La bendición del Baba Sali

En una ocasión, un grupo de destacados activistas comunitarios visitó al Rabino Mordejai Eliyahu, de bendita memoria. Querían que participara en una campaña para advertir al público que se mantuviera alejado de cierto rabino sobre quien circulaban diversos rumores. Junto con varios rabinos importantes, habían redactado una declaración al respecto y ahora buscaban que los grandes sabios de la generación la firmaran.

Después de escuchar atentamente sus argumentos y leer el documento, el Rabino Eliyahu respondió:

-No. No voy a firmar este escrito.

Los visitantes intentaron convencerlo. Le explicaron que contaban con abundantes pruebas que respaldaban sus sospechas. Pero el Rav contestó:

-No quiero ver nada ni escuchar nada. Ya les dije que no voy a firmar.

Los presentes se miraron entre sí, sin saber qué hacer. Sin la firma del Rabino Eliyahu, era muy probable que toda la iniciativa perdiera fuerza. Decidieron hacer un último intento, pero antes de que pudieran hablar, el Rav los interrumpió.

-Quiero contarles algo. El santo Baba Sali me otorgó el poder de bendecir al pueblo de Israel para que mis bendiciones dieran fruto. Pero lo hizo con una sola condición: que jamás dijera nada malo sobre ningún judío del mundo.

»No estoy dispuesto a perder ese regalo. Por eso no quiero escuchar ni ver nada negativo sobre este rabino. Es más: ni siquiera quiero pensar algo negativo acerca de él.

»No existe cantidad de dinero que pudiera compensar la pérdida de ese poder. ¿Alguno de ustedes estaría dispuesto a renunciar a un regalo semejante? Yo siento un profundo amor por cada judío y, precisamente por eso, me esfuerzo por no escuchar nada malo sobre ninguno. ¡Mucho menos pondría mi firma en una carta como esta!

Después de escuchar esas palabras, los visitantes comprendieron que no había nada más que decir. Le desearon buena salud al Rav y se retiraron.

¡Todos podemos ser como el Baba Sali!

Esta historia me impactó profundamente y permaneció mucho tiempo en mis pensamientos.

El Rabino Eliyahu recibió del Baba Sali el poder especial de bendecir, pero la verdad es que ese poder pertenece a cada judío.

Hashem le dijo a nuestro patriarca Abraham: “Y serás una bendición”, y Rashí explica: “Hasta ahora solo Yo bendecía. Yo bendije a Adam y a Noaj, pero desde ahora tú podrás bendecir a quien desees.”

Abraham transmitió ese regalo a toda su descendencia. Ese poder pasó a Itzjak, luego a Yaakov, y desde entonces el pueblo de Israel continúa bendiciendo a sus hijos con las bendiciones de Yaakov hasta el día de hoy.

Es decir: todo judío posee el poder de bendecir.

Entonces, ¿por qué el Baba Sali puso como condición que el Rabino Eliyahu jamás hablara mal de otro judío?

Porque comprendía que quien desea bendecir al pueblo de Israel debe amar al pueblo de Israel.

Eso significa que este regalo no fue exclusivo del Rabino Eliyahu. Está al alcance de todos nosotros.

Todos queremos bendecir a nuestros hijos, a nuestros familiares y a nuestros amigos.

Queremos bendecir a los enfermos para que reciban una recuperación completa.

Queremos bendecir a quienes aún no encontraron pareja para que puedan hacerlo pronto.

¡Y queremos que nuestras bendiciones realmente tengan efecto!

¿Cómo se logra?

Solo si evitamos hablar mal de los demás, si sentimos una verdadera conexión con cada judío y si huimos de las discusiones, las disputas y el odio con la misma rapidez con la que uno huye de una epidemia.

Lo que está en juego

El Rabino Shimshon Barsky, uno de los grandes jasidim de Breslev de generaciones pasadas, escribe en Eitzot HaMevuarot que las discusiones y el odio gratuito nacen de los deseos personales.

El problema es que cuando una persona odia a otra o entra en conflicto con ella, está absolutamente convencida de que tiene razón, de que está defendiendo la verdad y luchando la batalla de Hashem.

Como no comprende que esos sentimientos nacen de sus propios intereses y deseos personales, ni siquiera intenta dominarlos o silenciarlos.

Por el contrario: llega a creer que odiar al otro es incluso una gran mitzvá.

Por eso, antes de hablar mal de otro judío -o de un grupo entero de judíos-, y especialmente antes de criticar a rabinos o estudiosos de la Torá, imagínate la siguiente escena:

Estás bajo la jupá de tu hija, a punto de bendecirla antes de su matrimonio.

¿Quieres que esa bendición sea solo un conjunto de palabras bonitas?

¿O quieres que se convierta en una bendición verdadera, que la acompañe durante toda su vida con felicidad, salud y bendición?

¿Vale la pena perder el poder de bendecir a tus propios hijos solo por hablar mal de otro judío?

¿Vale la pena desconectarte de una parte del pueblo de Israel?

La decisión está en tus manos.

Un solo pueblo, un solo corazón

Profundicemos un poco más.

Si una persona supiera que al hablar mal de otro judío pierde el poder de bendecir, ¿por qué seguiría haciéndolo?

La respuesta se encuentra en unas palabras extraordinarias del Or HaJaim sobre la parashá Vaiiejí:

“La fuerza de una bendición depende del grado de amor que siente quien bendice. Quien desea que sus bendiciones den fruto debe amar profundamente a la persona que está bendiciendo.”

Alguien podría decir:

-Pero yo amo muchísimo a mi hija cuando la bendigo el día de su boda. ¿Qué importa si no siento ningún amor por otra persona que no tiene nada que ver conmigo?

Ese razonamiento parte de un error.

El pueblo de Israel constituye una sola unidad: “como un solo hombre con un solo corazón”.

Si decides excluir de tu amor a un solo judío, entonces tu amor por todo el pueblo -incluso por tu propia hija- ya no es completo.

Rabí Najmán enseñó que quien habla mal de otro judío daña también su propia relación con la Torá y pierde la capacidad de estudiarla con verdadera entrega.

Cada judío representa una letra de la Torá, y todas nuestras almas forman parte de una única alma inmensa.

Cuando te desconectas de un solo judío, te desconectas de todo el pueblo de Israel.

Y entonces las bendiciones que les das a tus hijos ya no poseen toda su fuerza.

Los tefilín de la cabeza tienen cuatro compartimentos separados, mientras que los del brazo tienen uno solo.

Esto nos enseña que en nuestras ideas podemos pensar distinto unos de otros, pero en el corazón -junto al cual se colocan los tefilín del brazo- debemos permanecer completamente unidos.

Un solo corazón.

Quien se separa de un solo judío es como quien elimina una sola letra de un Sefer Torá.

Así como ese Sefer Torá queda invalidado, también el corazón de esa persona queda dañado.

Ya no puede amar de manera plena.

El odio gratuito destruye a quien lo alberga

El Beit HaMikdash fue destruido a causa del odio gratuito entre los judíos.

Cuando un judío odia a otro, en realidad se está dañando a sí mismo y a su propia familia.

El odio es una receta para la autodestrucción.

Podemos entenderlo fácilmente dentro de una familia.

Quien hiere a su hermano también hiere a sus padres.

Y quien hiere a sus padres termina haciéndose daño a sí mismo.

Quien hiere a su esposa hiere a sus hijos.

Y quien hiere a sus hijos también se hiere a sí mismo.

El Baba Sali nos enseñó que todos formamos una sola familia.

Cuando una persona intenta perjudicar a otro judío, aunque crea que no tiene ninguna relación con él, en realidad se está perjudicando a sí misma.

Está destruyendo su propio hogar con sus propias manos.

No es que el odio gratuito haya sido una consecuencia de la destrucción del Beit HaMikdash.

Fue precisamente ese odio lo que lo destruyó.

Todo el libro de Devarim constituye el discurso de despedida de Moshé Rabenu.

Nadie amó al pueblo de Israel tanto como él.

Jamás renunció a un solo judío.

Permaneció unido incluso al más alejado y al más malvado.

Comenzó el libro de Devarim reprendiéndolos con enorme delicadeza, envuelto siempre en un profundo amor.

Más adelante describió ampliamente los pecados del pueblo, pero aun así juzgó favorablemente a cada judío, atribuyendo sus caídas a las circunstancias externas.

Y concluyó su discurso derramando bendiciones sobre todos ellos con un inmenso amor.

Necesitamos leer estas enseñanzas antes de Tishá BeAv para que Hashem transforme ese día en una jornada de alegría y celebración.

El Tercer Beit HaMikdash, por el cual anhelamos con todo nuestro corazón, será construido mediante el amor y se completará gracias a la paz y a la verdadera hermandad.

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1. A.Sossa

7/17/2026

El Eterno bendiga siempre a nuestro Pueblo.

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