
El regalo de Moshé Rabenu
Si existe un verdadero regalo en este mundo, es la capacidad de rezar. De hecho, es el único regalo auténtico que este mundo puede ofrecer. Todo lo demás puede volverse en contra de la persona de un momento a otro

La preocupación por las generaciones futuras
Si existe un verdadero regalo en este mundo, es la capacidad de rezar. De hecho, es el único regalo auténtico que este mundo puede ofrecer. Todo lo demás puede volverse en contra de la persona de un momento a otro. La sabiduría, la riqueza, los hijos… cualquiera de estas bendiciones puede convertirse en una prueba o incluso alejar a la persona del propósito para el cual fue creada.
Pero la plegaria es un regalo verdadero. Quien sabe rezar puede alcanzar todo lo que necesita en este mundo, y todo lo que consiga por medio de la plegaria jamás se volverá en su contra ni lo alejará de su objetivo. Al contrario: lo acercará cada vez más a Hashem y al propósito de su vida. La plegaria no conduce al orgullo; conduce a la cercanía con el Creador.
Es muy importante preocuparnos por el bienestar de nuestros seres queridos, procurar un futuro mejor para nuestros hijos y brindarles las herramientas que necesitarán para la vida: una cuenta de ahorros, una buena educación o cualquier otro recurso. Pero ¿cuál es el mayor regalo que podemos darles? La capacidad de rezar. No tenemos derecho a privarlos de ese tesoro.
Tal vez todavía no comprendamos el inmenso poder de la plegaria. Si es así, ya es hora de comenzar a conocer la fuerza de la plegaria, el poder más grande que existe en este mundo.
La experiencia personal de Moshé Rabenu
Cuando llegó el momento de despedirse del pueblo de Israel, Moshé Rabenu quiso dejarles las herramientas que necesitarían para la vida. Quien estuvo dispuesto a escucharlo con atención recibió un regalo invaluable.
El libro de Devarim es el discurso de despedida de Moshé Rabenu al pueblo de Israel. Naturalmente, repasó con ellos los principios fundamentales de la fe, las mitzvot de la Torá y los preparó emocionalmente para entrar en la Tierra de Israel. Pero, entre todas esas enseñanzas, también compartió una historia profundamente personal, una historia dolorosa y conmovedora.
Pensemos en sus palabras. Moshé Rabenu elevó 515 plegarias para que se le permitiera entrar en la Tierra de Israel. Les dijo:
«Ustedes saben que muchas veces Hashem decidió castigarlos, e incluso juró llevar a cabo esos castigos. Sin embargo, una y otra vez logré anular esos decretos mediante la plegaria. Pensé que también podría anular el decreto que pesaba sobre mí. Lo intenté. No una ni dos veces, sino 515 veces, hasta que Hashem me ordenó que dejara de rezar. Si hubiera rezado una sola vez más, habría logrado anular el decreto».
Este relato personal encierra un mensaje profundo y fundamental para todos nosotros. Ojalá podamos tomarlo y convertirlo en una guía para nuestra vida. En esta historia se encuentran los principios esenciales de la plegaria, y quien logra comprenderlos es verdaderamente afortunado.
¿Qué fue lo que realmente ocurrió?
Pensemos un momento. Moshé Rabenu rezó 515 veces, y cada una de esas plegarias tenía un mismo fundamento: pedirle a Hashem que le concediera aquello que deseaba, aun sabiendo que no lo merecía. Su actitud siempre comenzaba con una certeza:
«En realidad, no merezco nada».
¿Cómo se alcanza un nivel de humildad tan extraordinario?
Moshé Rabenu dedicó décadas enteras al servicio de Hashem y al cuidado del pueblo de Israel. ¿Es posible imaginar el inmenso mérito que acumuló? Como enseña la Mishná: «Moshé alcanzó el mérito e hizo que toda la comunidad cumpliera la voluntad de Hashem; por eso, el mérito de ellos también se le atribuye a él».
Además de todo eso, Moshé rezó durante días enteros. ¿Cómo es posible que durante todo ese tiempo nunca pensara que tal vez sí merecía ser escuchado? Y si Hashem sabía desde el principio que no cambiaría Su decisión, ¿por qué no le dijo desde el comienzo que dejara de rezar?
Cómo acercarse a la plegaria
La plegaria es una batalla.
En toda guerra existe el enfrentamiento físico, pero también una batalla psicológica. Quien entra en la lucha con la actitud correcta tiene mayores posibilidades de vencer.
Cuando Avraham Avinu rezó, la Torá dice: «Avraham se acercó y dijo…». Rashi explica que la palabra «se acercó» se utiliza en la Torá para tres situaciones: acercarse a una guerra, acercarse para apaciguar y acercarse para rezar. Avraham tuvo presentes las tres.
Avraham no solo rezó. Se acercó a la plegaria de la manera correcta.
También nosotros debemos encontrar esa actitud interior. El principal obstáculo no suele estar fuera de nosotros, sino dentro de nuestra mente. Aparecen pensamientos que debilitan la fuerza de nuestra plegaria:
«Hashem no quiere escucharme.»
«Hashem no me ama realmente.»
«Mi plegaria no tiene la fuerza suficiente para producir un cambio en el Cielo.»
O, por el contrario:
«Yo realmente merezco esto.»
«Si Hashem no me lo concede, sería una injusticia.»
Así, mientras rezamos, nuestro corazón queda atrapado entre pensamientos completamente opuestos.
Si logramos adoptar la actitud correcta, podremos ganar esa batalla y alcanzar todo aquello que realmente necesitamos.
Una ley fundamental de la naturaleza
Moshé Rabenu nos enseñó el principio número uno de la plegaria:
Nunca te detengas.
Si tu plegaria no fue respondida, vuelve a rezar.
Reza cientos de veces.
Miles de veces, si es necesario.
Pero no te detengas hasta ver el resultado.
Eso fue exactamente lo que hizo Moshé Rabenu, hasta que Hashem mismo le ordenó que dejara de rezar.
La enseñanza para nosotros es clara:
No dejes de rezar a menos que Hashem te diga que te detengas.
No digas: «Ya recé durante seis horas y no funcionó».
Nadie sabe cuántas plegarias Hashem espera de él.
Entonces, reza otras seis horas.
Y si aquello es realmente importante para ti, sigue rezando cada día, incluso durante años.
Ya he escrito en muchos lugares, entre ellos en mi libro Or Jadash, que existe una ley espiritual de la naturaleza, basada en las palabras de nuestros Sabios:
«Quien prolonga su plegaria con insistencia tiene asegurado que finalmente será respondido. Y si rezó y aún no recibió respuesta, es una señal de que debe seguir rezando».
La plegaria es una de esas cosas que necesitan fortalecerse constantemente.
Es cierto que duele cuando una plegaria parece no recibir respuesta.
Pero no permitas que eso te quiebre.
Alégrate de saber que cada plegaria ya produjo un cambio dentro de tu propio corazón.
Y sigue rezando.
Hashem ama escuchar mi plegaria
¿Cómo es posible soportar tantas decepciones sin quebrarse?
Mantén siempre presente una sola verdad:
Hashem te ama y desea escuchar tu plegaria.
Eso fue precisamente lo que Moshé Rabenu nos enseñó.
A simple vista parecería que Hashem no quería escuchar sus plegarias, ya que finalmente le dijo:
«¡Basta! No vuelvas a hablarme más de este asunto».
Pero la realidad era exactamente la opuesta.
Si Hashem no hubiera querido escuchar su plegaria, se lo habría dicho desde el principio:
«No tiene sentido. No reces por esto».
Sin embargo, Hashem esperó hasta que Moshé hubiera rezado 515 veces, y solo entonces le ordenó detenerse.
¿Por qué?
Porque quería mostrarle a Moshé, y enseñarnos a todos nosotros, cuánto disfrutaba escuchando sus plegarias.
Cada una de aquellas horas de plegaria fue depositada en una cuenta especial destinada a ayudar al pueblo de Israel a lo largo de todas las generaciones.
Cada plegaria fue recibida con amor.
Hashem deseaba cada una de ellas.
Cada una le produjo satisfacción.
Moshé Rabenu lo comprendía perfectamente.
Sabía que sus plegarias no eran solo para su propio beneficio.
También eran para darle satisfacción a Hashem.
Por eso, incluso después de 515 plegarias aparentemente sin respuesta, siguió rezando.
Y habría continuado haciéndolo, si Hashem no le hubiera ordenado detenerse.
Queridos hijos e hijas del pueblo de Israel:
Escuchen a Moshé Rabenu y aprendan de él.
Quien recorre este camino puede alcanzar cualquier yeshuá, cualquier clase de salvación.
Y, además, recibirá esa yeshuá con bondad y bendición, con una fe completa y una profunda humildad, sabiendo que todo es un regalo inmerecido de Hashem.
Y la mayor sañvación de todas es descubrir que uno puede transformarse, convertirse en una persona mejor y llegar a hacer aquello que Hashem realmente espera de él.




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