
Que no falte nadie
Es una sola semana al año. Una semana cuya trascendencia es decisiva, tanto para tu vida personal como para todo el pueblo de Israel e, incluso, para el mundo entero.

Pase lo que pase
Esto fue lo que le ocurrió a uno de mis alumnos más cercanos. La fecha prevista para el parto de su esposa coincidía con Rosh Hashaná.
Desde que se había acercado a Rabenu, jamás había dejado de viajar a Umán para Rosh Hashaná. Pero esta vez, ¿qué podía hacer? Dejar sola a una mujer a punto de dar a luz es impensable, y más aún cuando hay niños pequeños en casa y se acerca la festividad. En pocas palabras, parecía no haber salida.
Cuando me consultó, le respondí lo mismo que cualquier persona con sentido común habría dicho: si su esposa no estaba completamente de acuerdo, no podía dejarla sola en esa situación. Y así fue como, sin otra alternativa, se quedó en Israel para Rosh Hashaná.
Ese mismo año comenzaron a sucederles una serie de dificultades inesperadas. No entraremos en detalles, pero fueron tantas que ellos mismos sintieron que aquello sobrepasaba por completo los límites de lo natural.
Fue entonces cuando su esposa comprendió algo muy profundo. Lo miró y le dijo:
-Escúchame bien. Esta fue la última vez, ¡la úl-ti-ma!, que dejaste de viajar a Umán en Rosh Hashaná. No volveré a permitir que te quedes en casa bajo ninguna circunstancia. Pase lo que pase, en Rosh Hashaná no hay posibilidad de que te quedes aquí. Déjame con hijos, nietos o bisnietos; con dinero o sin dinero; con comida o sin comida; antes de un parto o en cualquier otra situación… ¡Pero tú viaja a Rabenu!
Todo lo que un hombre posee, lo dará por su vida
Queridos amigos:
Nos acercamos a Elul a pasos agigantados. Rosh Hashaná ya está llamando a nuestra puerta. En generaciones anteriores, bastaba escuchar una frase como esta para que el corazón comenzara a temblar.
Quizás hoy ya no sentimos ese estremecimiento, pero eso no significa que podamos permanecer indiferentes. Debemos prepararnos.
Nos acercamos al gran juicio sobre todo el año que pasó y estamos a punto de recibir el veredicto para el año nuevo que, con la ayuda de Hashem, comienza.
¿Qué hacemos para prepararnos?
Si cualquiera de nosotros tuviera que presentarse ante un tribunal por una suma de cincuenta mil shékels -y con mayor razón si se tratara de algo mucho más serio- no dejaría de pensar en ello ni un instante. Buscaríamos consejo, consultaríamos a quienes saben, exploraríamos todas las posibilidades y, sobre todo, procuraríamos contar con el mejor abogado posible.
¿Acaso no haríamos todo lo que estuviera a nuestro alcance para salir absueltos?
Eso mismo debemos hacer con nuestra propia vida.
Debemos fortalecernos, corregir todo lo que todavía podamos corregir y presentarnos al juicio lo más limpios y merecedores posible.
Pero incluso todo eso no basta.
También necesitamos un abogado.
Y, gracias a Hashem, lo tenemos.
Su nombre es Rabí Najmán de Breslev.
Rabí Najmán prometió que todos aquellos que se reúnen con él en Rosh Hashaná son absueltos en el juicio ya desde el “Barjú”, al comienzo del santo día.
Es precisamente el momento de reservar un pasaje para Umán en Rosh Hashaná, de llamar a los amigos y animarlos a que también viajen.
Y a ustedes también, queridas mujeres, les pido que apoyen a sus esposos, que los fortalezcan y los envíen con alegría, a pesar del esfuerzo económico y familiar que esto implica.
Tu esposo toma una maleta y emprende un viaje que, sin duda, no es sencillo. Pero no lo hace solo por él. Lo hace por ti, por los hijos y por todo el pueblo de Israel.
Y aunque cueste… aunque cueste mucho… vale la pena. Vale la pena por un año bueno y dulce, por un año lleno de bendiciones, por un año de paz en el hogar, de hijos que sigan el camino de la Torá, de satisfacción al verlos crecer, de abundancia material y de todas las salvaciones que necesitamos.
No hay nada más grande que esto
Hoy en día casi no existe un judío que no beba, se fortalezca y reciba vida de las enseñanzas de Rabí Najmán.
Rabí Najmán de Breslev ordenó e insistió en que se proclamara públicamente que todo aquel que cree en él debe apresurarse a llegar a Umán en Rosh Hashaná, porque todo su asunto es Rosh Hashaná, y su Rosh Hashaná está por encima de todo.
Todos los argumentos, todas las objeciones y todas las excusas dejan de tener importancia.
Es una sola semana al año.
Una semana cuya trascendencia es decisiva, tanto para tu vida personal como para todo el pueblo de Israel e, incluso, para el mundo entero.
Cada persona que viaja aporta su parte a la Redención.
Y especialmente en nuestros días, cuando el viaje es más largo y más difícil, la recompensa es aún mayor. Cada paso tiene un valor inmenso. Rabenu expresó su deseo de que pudiéramos contemplar la extraordinaria luz y las inmensas reparaciones espirituales que se producen en los Mundos Superiores con cada paso que damos y con cada instante que soportamos las incomodidades del camino para llegar hasta él.
Decenas de miles de judíos, provenientes de todos los sectores y de todos los rincones, llegan a Umán conmovidos, se llenan de fuerza, despiertan espiritualmente y regresan a Hashem con amor, con canto y con alegría.
En los santos días previos a Rosh Hashaná, la santa tumba de Rabí Najman parece ser un inmenso mar de lágrimas del pueblo de Israel; un océano de plegarias, de corazones quebrantados y de un auténtico despertar espiritual.
Dichosos los ojos que han contemplado todo esto.
Y dichoso quien tiene el mérito de llegar.
Sobre esto dijo nuestro santo Rabenu que todo el mundo desearía que su propio Rosh Hashaná fuera, al menos, como la víspera de Rosh Hashaná de ustedes.
Pero Rosh Hashaná mismo en Umán…
Eso ningún ojo lo ha visto.
No existen palabras capaces de describirlo, ni imaginación que pueda abarcarlo.
Rabí Najmán enseñó también que aquello que durante todo el año parece imposible de reparar, en Rosh Hashaná sí puede ser rectificado.
Y este año, además, Rosh Hashaná coincide con Shabat, por lo que tenemos el mérito de otra maravillosa promesa de Rabenu: que un solo Shabat vivido junto a él equivale a siete ciclos completos de ayunos de Shabat a Shabat.
Regresamos con regalos
Cuando papá y mamá regresan de un viaje al extranjero, abren las maletas y les traen regalos a sus hijos.
Umán no es el extranjero, jas veshalom. Umán es la raíz de la santidad de la Tierra de Israel. Y, sin embargo, también allí regresamos con las maletas llenas.
¿Llenas de qué?
No de regalos.
De tesoros.
De los tesoros más valiosos que existen en esta vida.
Si solo pudieras pedir una cosa, ¿qué pedirías?
Pregúntaselo a Hashem.
Padre del Cielo, ¿qué es lo más importante?
Y Moshé Rabenu nos responde en la parashá de esta semana, revelándonos qué es lo que nuestro Padre desea de nosotros:
“Y ahora, Israel, ¿qué pide Hashem tu Dios de ti? Solamente que Le temas…”
Fuera del temor al Cielo, no hay nada verdaderamente valioso en este mundo.
Así concluye también el más sabio de los hombres toda la experiencia de su vida:
“La conclusión de todo lo escuchado es esta: teme a Dios y guarda Sus mandamientos, porque eso es todo el hombre.”
De Umán regresamos con los brazos llenos de temor al Cielo. Y mucho más quien viaja con ese propósito, quien lo anhela, lo pide y eleva plegarias por ello.
Concluyamos con algunas enseñanzas maravillosas de Rabenu sobre este tema, para despertar en todos nosotros el deseo de acudir a cargar nuestro corazón con un temor puro a Hashem.
Así está escrito en Jayé Moharán:
“Yo mismo escuché de su santa boca estas palabras: ‘Soy un tesoro de temor al Cielo. Todo aquel que lo desee puede recibirlo de mí’. Y, en efecto, era algo que podía percibirse claramente: todo el que se acercaba a él quedaba inmediatamente colmado de un inmenso temor al Cielo y se encendía con un fervor extraordinario por el servicio a Hashem, como nunca antes se había visto.”
Y allí mismo se relata:
“Escuché en su nombre que dijo: ‘Si supiéramos que existe un tesoro, correríamos sin dudarlo hacia él. Excavaríamos y nos ensuciaríamos con barro y lodo para encontrarlo. Pues bien, yo soy un tesoro de temor al Cielo. ¿Por qué entonces la gente no corre con el mismo entusiasmo para recibirlo?’ Le preguntaron cómo era posible recibir ese tesoro, y respondió: ‘Hay que cavar con la boca y con el corazón; buscarlo con la plegaria y el anhelo, como está escrito: «En tu boca y en tu corazón, para cumplirlo»’.”
Y también dijo:
“Quiero revelar e infundir en mis seguidores un temor al Cielo extraordinario, un temor como nunca antes ha existido en el mundo.”
Así que, queridos hijos de Israel, tomen el teléfono y reserven sus pasajes. Lleven también a sus hijos, inviten a sus familiares y amigos, preparen las maletas.
Y ustedes, queridas mujeres de Israel, preparen para sus esposos algunos dulces con pequeñas notas de aliento, bendiciones, nombres para incluir en sus plegarias y dibujos de los niños.
Cuando papá y los hijos regresen a casa, sabrán que ustedes también hicieron un enorme sacrificio por el pueblo de Israel. Y serán las primeras en disfrutar de los maravillosos frutos de ese sacrificio.
Concluyamos con las palabras de nuestro santo Rabenu:
“Mi Rosh Hashaná está por encima de todo. Y siempre me sorprendió que, si quienes están cerca de mí creen en mis palabras, ¿por qué no se esfuerzan todos por estar conmigo en Rosh Hashaná, sin que falte ninguno? Porque todo mi asunto es únicamente Rosh Hashaná. Por eso advertí que se proclamara públicamente que todo aquel que me obedece y se considera cercano a mí debe estar conmigo en Rosh Hashaná; que no falte nadie. Y quien tiene el mérito de estar conmigo en Rosh Hashaná debe alegrarse muchísimo. ‘Coman manjares, beban bebidas dulces, porque la alegría de Hashem es su fortaleza’ (Nejemiá 8). Estas palabras fueron dichas acerca de Rosh Hashaná.”






8/04/2026
Que El mérito del Rab Najmán de BRESLEV me proteja
AMEN VE AMEN