La esencia de la plegaria

¿Cuál es el momento más propicio del día para establecer conexión con el Creador?

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Grupo Breslev Israel

Posteado en 06.08.26

A lo largo del día, uno siempre debe aspirar a acercarse a Hashem. Pero el momento más propicio para esto, el momento que está completamente dedicado a este objetivo, es cuando rezamos los rezos diarios y, en especial, el rezo de Shemona Esré, que es la plegaria principal que instituyeron nuestros Sabios. Al momento de rezar, uno tiene que tener el deseo de acercarse a Hashem, de apegarse a Él y querer todo lo que Él quiere. La plegaria se considera “un asunto que está en la cima del mundo” (Berajot 6b y Rashi), debido a que está relacionada con la voluntad de la persona, que es su posesión más preciada y más elevada.

La esencia del trabajo de la plegaria es el trabajo de despertar la voluntad. Básicamente, el poder de la plegaria corresponde al poder de la voluntad. La voluntad es el alma de la plegaria, mientras que las palabras y las bendiciones son solamente su cuerpo. Por lo tanto, es necesario que aprendamos a fondo el significado del trabajo de la voluntad en la plegaria.

Es evidente que el principal componente de la plegaria es la voluntad y la intención, o sea, el deseo de recibir algo, que uno tenga. Si falta ese deseo, entonces no estamos realmente rezando sino meramente repitiendo palabras como un loro.

¿Por qué la esencia del ruego radica en la voluntad? En primer lugar, la palabra hebrea para la idea de “suplicar” también tiene la connotación de “querer”, tal como lo ilustra el versículo que dice “El corazón de aquellos que mevakshei – “piden” o “quieren” ─ a Hashem se alegrará” (Salmos 105:3). Estas personas quieren, desean y anhelan acercarse a Hashem. Y vemos a partir de este versículo que la voluntad de acercarse a Hashem contiene el secreto de la alegría profunda. De cualquier modo, vemos que “suplicar” es el equivalente de “querer”. Y en arameo, el término “ba-ei” significa tanto “suplicar” como “necesitar”. Esto es porque la persona Le ruega a Hashem poder obtener aquello que necesita. La persona que necesita algo lo quiere y lo pide. Por lo tanto, es mucho más fácil tener la debida intención cuando uno recita la bendición pidiendo por salud que cuando recita la bendición pidiendo por el retorno de nuestros jueces, porque todos necesitamos y queremos curarnos, pero, desgraciadamente, no sentimos el mismo anhelo con respecto a la necesidad de ser juzgados por hombres justos e íntegros. Y por eso no realmente sentimos esta bendición con el corazón, sino que solamente la leemos, sin verdadero anhelo. Y eso no se considera una súplica ni una plegaria, porque la súplica requiere de un grado de anhelo o voluntad.

Cuando Le suplicamos a Hashem que nos conceda algo que anhelamos con todo nuestro corazón, tal como salud y sustento, nuestro anhelo y nuestra voluntad son muy fuertes, ya que ¿quién no quiere curarse y estar sano y recibir una cantidad considerable de ingresos y bendiciones? Sin embargo, incluso en ese caso, nos falta anhelo, nos falta voluntad, al recitar dichas bendiciones. Es verdad que todos queremos salud y dinero. Pero ¿dónde está esa voluntad al momento de rezar? ¿Realmente queremos esto cuando pronunciamos esas palabras? De no ser así, nuestro anhelo será una cosa y la recitación de las palabras que digamos, otra cosa completamente distinta. Eso no es “plegaria” sino mera “lectura”.

Por lo tanto, la plegaria y la súplica significa que estamos uniendo nuestras intenciones con las palabras que estamos diciendo. Y la calidad de la plegaria corresponderá a la fuerza del anhelo que tengamos al momento de decir las palabras.

A partir de esto vemos que el alma de la plegaria es la voluntad o el anhelo. La plegaria es la expresión de dicha voluntad. Es la verbalización de nuestras intenciones. Por lo tanto, la esencia del trabajo de la plegaria es querer aquello de lo cual estamos hablando.

Todos los rezos fijos expresan las aspiraciones y las buenas intenciones de cada uno de nosotros que los Hombres de la Gran Asamblea organizaron y les pusieron horas fijas para manifestarlas. Luego, redactaron estas intenciones como el texto del libro de rezos (sidur). Del mismo modo, el Libro de Salmos y todos los otros textos escritos constituyen intenciones escritas. La esencia del trabajo de la plegaria es querer aquello que estamos expresando con palabras. El valor de nuestras plegarias se corresponde directamente con el grado de voluntad que tengamos al momento de rezar. Por eso, cuando Rabí Najman dice que la perfección de la voluntad llega por medio de la plegaria (Likutey Moharán I 31), también dice que “el orden de los rezos se basa en esto” (ibíd). O sea que todo el orden de los rezos se instituyó a fin de darnos la oportunidad de expresar nuestras intenciones por medio de palabras.

Dice Rabí Najman: “Cuando las consonantes hebreas no tienen vocales, son como un cuerpo sin alma, que no tiene movimiento ni acción… Estas vocales consisten del amor y el anhelo de la persona (hacia Hashem). Y esto se corresponde con la frase “puntos de plata” (Cantar de los Cantares 1:11), porque, en hebreo, la palabra “plata” se dice “kesef”, que es una palabra relacionada con la palabra “kisufin”, que quiere decir “anhelos”, como en el versículo “Mi alma anhela, de hecho, languidece…” (Salmos 84:3). Esto significa que nuestras intenciones y anhelos constituyen las vocales de las palabras. O sea, nuestras intenciones constituyen la vitalidad de las palabras de la plegaria. Sin esa intención, las palabras no tienen ni movimiento ni efecto.

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