
¡Inspira a los demás!
¿Qué regalo podemos ofrecerle a nuestro Rey, Hashem, si todo Le pertenece?

¿Qué regalo podemos ofrecerle a nuestro Rey, Hashem, si todo Le pertenece? Cuando fortalecemos la emuna en el alma de otra persona y la ayudamos a convertirse en un recipiente adecuado para aceptar la soberanía de Hashem, eso sí es considerado un verdadero regalo para Hashem.
Cuando ayudas a fortalecer la emuna de otro judío y, de ese modo, lo ayudas a evitar el pecado, Hashem acepta tu teshuva y perdona tus pecados.
“Todos ustedes están hoy de pie ante Hashem, su Dios” (Devarim 29:9).
Un encuentro de fe
En una ocasión, Rabi Avraham Yaakov de Sadigura, zt”l, pasó varias horas conversando con un judío sencillo y sin estudios que había perdido la fe. Después de varias horas de conversación, el hombre se marchó habiendo recuperado su fe.
Uno de los jasidim más cercanos al Rebe le preguntó, desconcertado:
“Hay miles de judíos que esperan ansiosamente durante semanas la oportunidad de encontrarse con el Rebe aunque sea por unos instantes. ¡Entre ellos hay estudiosos de la Torá, hombres justos y líderes de comunidades judías de todo el mundo! Y, sin embargo, ¡el Rebe dedicó siete valiosas horas a un judío sencillo y sin estudios!”.
“Es cierto”, respondió el Rebe. “Vale la pena dedicar siete horas incluso al judío más sencillo con tal de infundir en él una chispa de fe, aunque sea una chispa muy pequeña”.
Hacia el final de su vida, el Jafetz Jaim, zt”l, dejó de realizar viajes largos. Sin embargo, cuando Rabi Jaim Ozer, zt”l, le pidió que viajara desde Radin hasta Vilna para hablar sobre la pureza familiar y fortalecer la comprensión y el compromiso de la comunidad con esta mitzvá, aceptó.
El Jafetz Jaim habló ante la comunidad el viernes por la noche y el Shabat por la mañana. Por la tarde recibió a personas que acudieron a pedirle consejo y bendiciones. Entre ellas había un hombre con quien el Jafetz Jaim conversó extensamente sobre emuna. Cuando percibió que sus palabras estaban surtiendo efecto, se dijo: “Valió la pena viajar desde Radin hasta Vilna tan solo para fortalecer la fe de un judío”.
Ayudar a las personas a fortalecer su fe es de suma importancia. Y es algo que todo judío puede hacer. Cada uno de nosotros puede influir en la emuna de quienes nos rodean y difundir la gloria de Hashem en nuestro entorno.
Y para hacerlo no hacen falta grandes gestos. Basta con acostumbrarse a decir frases como “si Dios quiere”, “con la ayuda de Hashem”, “gam zu letová”, etc. Al pronunciar estas sencillas expresiones, recordamos a quienes nos escuchan la presencia de Hashem y Su intervención Divina, Su hashgajá pratit.
La fe es Ahavat Hashem
Cuando ayudas a los demás a fortalecer su emuna, estás cumpliendo la mitzvá especial de Ahavat Hashem: amar a Hashem.
Nuestros Sabios enseñaron (Sifri Vaetjanán, 7) que cuando el versículo dice (Devarim 6:5): “Y amarás a Hashem”, significa que debemos inspirar a los demás a amar a Hashem, tal como lo hizo Avraham Avinu. Como está escrito (Bereshit 12:5): “y las almas que habían adquirido en Jarán…”.
El Rambam escribe en el Sefer HaMitzvot (Precepto Positivo 3) que esta mitzvá exige amar a Hashem y tener fe en Él. Del mismo modo que cuando una persona ama a alguien habla bien de esa persona y desea que los demás también la amen, así ocurre con Ahavat Hashem.
La obligación no termina en uno mismo. También debemos desear que los demás conozcan la verdad y lleguen a amar a Hashem.
Un regalo para Hashem
Este es el regalo más grande que un judío puede ofrecerle a Hashem.
Para ilustrarlo, los Sefarim HaKedoshim presentan la siguiente analogía:
Un rey gobierna sobre un enorme reino compuesto por numerosas provincias que se extienden hasta tierras muy lejanas. Ninguno de sus súbditos puede ofrecerle verdaderamente algo como regalo porque, en realidad, todo pertenece ya al rey.
Pero si le ofrecen nuevas tierras, con nuevos habitantes que pasarán a ser sus súbditos, ampliando así la soberanía del rey, ese es el regalo más grande de todos.
Todo lo que existe en este mundo existe y se mantiene gracias al Rey de reyes, Hashem. Por lo tanto, ¡no hay nada que podamos ofrecerle que no Le pertenezca ya!
Sin embargo, cuando un judío ayuda a otro judío a purificarse y santificarse, cuando lo ayuda a sanar las heridas de su alma para que pueda convertirse en un recipiente adecuado para aceptar la soberanía de Hashem, eso sí es considerado un verdadero regalo para Hashem.
Porque este es uno de los principales propósitos de la creación de todos los mundos: reconocer el reinado y la soberanía de Hashem. Después de todo, no puede haber rey sin pueblo.
La gran recompensa
Hashem obtiene un najat inmenso de un judío que ayuda a los demás a encontrar y fortalecer su fe. Por eso, la recompensa por esta labor también es enorme.
Como es sabido, el Zohar, en Parashat Terumá, explica que esta mitzvá trae consigo una recompensa extraordinaria. Quien participa en esta labor cumple lo expresado en el versículo (Tehilim 112:2-3):
“Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendecida. Riqueza y abundancia habrá en su casa, y su justicia perdurará para siempre”.
¿Qué recompensa podría ser mayor?
Cuando ayudas a fortalecer la emuna de otro judío y, de ese modo, lo ayudas a evitar el pecado, Hashem acepta tu teshuva y perdona tus pecados.
Tal como escribe Rabeinu Yoná en Shaarei Teshuva, uno de los principios de la teshuva consiste en ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a que los demás también retornen a Hashem. Como está escrito (Yejezkel 18:30): “Retornen y hagan que los demás retornen de todas sus transgresiones…”.
También encontramos que David HaMelej escribió acerca de su propia teshuva (Tehilim 51:15): “Enseñaré Tus caminos a los transgresores, y los pecadores retornarán a Ti”.
Esto nos permite comprender el significado más profundo del versículo con el que comenzamos: “Todos ustedes están hoy de pie…”.
La expresión “hoy” se refiere a Rosh Hashaná, tal como explica el Zohar (Volumen III, 231a). Cuando estamos “de pie” en Rosh Hashaná, cada judío debe esforzarse para lograr que “todos [los judíos] estén hoy de pie ante Hashem, su Dios”.
Debemos ayudar a otros judíos a establecer una relación con Hashem fortaleciendo su fe.
Este es un momento especialmente propicio para inspirar una verdadera teshuva. Es el momento adecuado para que cada judío fortalezca su propia emuna y, al mismo tiempo, inspire a los demás hablando de fe y de Yiddishkeit, para que ellos también retornen a Hashem por medio de la teshuva.
Entonces, tu propia teshuva será aceptada y tendrás el mérito de ser inscrito y sellado en el Libro de la Vida para bien en el Día del Juicio.



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