El mensaje de Yom Kipur

El mensaje de Rabí Najman es que debemos mantenernos firmes incluso cuando vemos que hemos caído. Él nunca intentó ocultar el hecho de que los tropiezos son inevitables y forman parte integral de nuestra vida.

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 14.09.26

Un Shabat cuya influencia perdura para siempre

Era Shabat Najamú del año 5570/1810, apenas dos meses antes del fallecimiento de Rabí Najman. Llevaba tres años padeciendo tuberculosis y sus pulmones estaban gravemente afectados. Con frecuencia sufría fuertes ataques de tos durante los cuales escupía sangre.

A lo largo de los años, el Rebe había establecido determinadas fechas especiales en las que todos los jasidim acudían a verlo y él impartía una extensa clase de jasidut. Durante el resto del año, los jasidim llegaban simplemente para pasar un Shabat en Breslev —y más tarde en Uman— junto al Rebe, aunque no fuera a impartir ninguna clase.

En aquel Shabat Najamú en particular, cientos de jasidim se reunieron en Uman. Esperaban que aquella gran concurrencia motivara al Rebe a dar una clase y, a pesar de su debilidad, él accedió. Hablaba muy bajo, casi en un susurro, pero de repente exclamó a viva voz sus famosas palabras:

“¡Gevalt! ¡Nunca se den por vencidos! ¡No existe el yiush! ¡No existe una situación sin esperanza!”

Aquellas palabras y aquel Shabat quedaron profundamente grabados en los corazones de los jasidim. Poco tiempo después, esas palabras se difundieron por todo el mundo judío. Hasta el día de hoy continúan infundiendo esperanza a innumerables personas. Han aparecido en calcomanías y adhesivos, y han servido de letra para numerosas melodías.

Un grito desde lo más profundo del corazón

Sin embargo, nos hemos familiarizado tanto con estas palabras que hemos perdido de vista su verdadero significado. Se han convertido en un eslogan más, en una calcomanía para pegar en la parte trasera del auto. Y si es así, nos estamos perdiendo un aspecto profundo y fundamental de nuestra manera de afrontar la vida. Detengámonos un momento a reflexionar sobre ello.

Rabí Najman les decía a sus jasidim que su vida había sido corta en años, pero que había constituido un proceso ininterrumpido de crecimiento espiritual. Llegó a convertirse en una figura única en la historia de nuestro pueblo. Ya había alcanzado un elevado nivel espiritual antes de su viaje a Eretz Israel, pero cuando regresó dijo que se avergonzaba de lo poco que había logrado antes de experimentar la santidad de la Tierra. Y siguió ascendiendo por la escalera de la perfección espiritual año tras año, hasta el día de su fallecimiento.

En Rosh Hashaná del año 5571/1810, dos meses después de aquel Shabat Najamú, Rabí Najman impartió su última clase. Estaba terriblemente débil y enfermo y apenas podía hablar, pero se esforzó con una fuerza sobrehumana. Solamente quienes estaban más cerca de él podían oír sus palabras. Para la mayoría de los jasidim, la última frase que le oyeron pronunciar fue aquella que había gritado en Shabat Najamú con todas las fuerzas que aún le quedaban.

Es evidente que eso era precisamente lo que quería que sus jasidim recordaran y tuvieran presente para todas las generaciones futuras:

“¡No existe el yiush! ¡Nunca hay que perder la esperanza!”

Un principio fundamental

Por lo tanto, esta frase resume todas las enseñanzas de Rabí Najman. La pronunció en la cumbre de su vida espiritual y se convirtió en su legado para todas las generaciones. Esto es lo que quiso dejarnos a cada uno de nosotros: jamás darnos por vencidos ni perder la esperanza. Todo lo demás depende de ello. Es un principio fundamental de la Torá y las mitzvot.

¿Cuándo tiende una persona a perder la esperanza? No cuando todo marcha bien y tiene éxito. En esos momentos nadie se da por vencido y el Yetzer Hará tiene poca influencia sobre nosotros.

El Yetzer Hará espera precisamente el momento en que la persona siente que ha caído, que ha fracasado. Entonces entra en acción y le dice: “Ahora ya te das cuenta de que eres un fracaso, de que nunca lograste nada bueno. Entonces, ¿para qué seguir intentándolo? Nunca vas a tener éxito, y lo sabes”.

A lo largo de los años conocí a miles de baalei teshuva que acudieron a mí llenos de entusiasmo, deseosos de afianzarse en un mundo de kedushá y de apego a Hashem. Algunos eran jóvenes que aspiraban a ascender por la escalera de la perfección espiritual; otros eran padres de familias jóvenes con intenciones sinceras.

Sin embargo, uno o dos años después veía que su búsqueda espiritual había quedado en suspenso y que, en el mejor de los casos, cumplían las mitzvot cotidianas casi en piloto automático. Otros se habían alejado mucho del camino.

El mensaje de Rabí Najman es que debemos mantenernos firmes incluso cuando vemos que hemos caído. Él nunca intentó ocultar el hecho de que los tropiezos son inevitables y forman parte integral de nuestra vida.

Describió el camino de la teshuva como un zigzag: ascendemos y luego caemos; volvemos a ascender y volvemos a caer. Si una persona pierde la esperanza porque ve que ha caído, jamás intentará volver a levantarse. Ni siquiera será consciente de que existe esa posibilidad.

Reb Noson afirmó que cada tzadik logró alcanzar su nivel precisamente porque siguió intentándolo incluso después de caer o fracasar.

Rabí Najman consideraba que este principio era tan importante que se aseguró de proclamarlo a viva voz para que resonara eternamente por todo el mundo:

“¡No existe el yiush! ¡Nunca hay que perder la esperanza!”

Océanos de esperanza

Rabí Najman nos enseñó muchas cosas: emuna, kedushá, humildad y todas las midot tovot. Pero si una persona no sabe conservar la esperanza, nada de eso podrá arraigarse.

La enseñanza de que siempre hay esperanza es uno de los mayores regalos que Rabí Najman le hizo a nuestro pueblo. Nuestra generación atraviesa numerosas caídas espirituales y, sin una base sólida de esperanza, no podremos hacer teshuva.

Cuando Rabí Najman gritó: “¡No existe el yiush!”, lo hizo por nosotros, por todos y cada uno de nosotros, sin importar lo que haya sucedido ni lo que hayamos hecho.

En Yom Kipur todos permanecemos de pie y nos golpeamos el pecho mientras enumeramos los numerosos pecados que hemos cometido. Lo hacemos diez veces a lo largo del día sagrado. Después de reconocer una y otra vez todas nuestras faltas, ¿cómo se supone que debemos seguir adelante? ¡Lo único que vemos frente a nosotros son montañas y montañas de pecados!

Y al mismo tiempo que pronunciamos esta confesión, estamos convencidos de que probablemente volveremos a hacer las mismas cosas. Eso debería quebrarnos por completo.

Pero el mensaje de Yom Kipur es:

Sí, sabemos lo que hiciste. Sabemos cuánto has caído y cuánto te falta. Y, sin embargo, Hashem quiere perdonarte. Quiere limpiarte y purificarte, y lo hace cada año. Él es nuestro Padre amoroso y siempre estará allí para perdonarte. ¡Nunca pierdas la esperanza! Simplemente confiesa tus faltas y vuelve a empezar, aunque sea la milésima vez.

Yom Kipur no es solamente un día de expiación; es un día colmado de una profunda esperanza. Si existe la expiación, entonces también existe la esperanza.

Y eso es precisamente lo que más necesitamos.

¡Nunca pierdas la esperanza!

Y con la ayuda de Hashem, no nos daremos por vencidos. Seguiremos esforzándonos y luchando por ascender cada vez más, y estaremos siempre dispuestos a comenzar de nuevo.

Estas palabras son para el mérito del alma de mi nietito, Shalom ben Asaf y Rivka, a”h, quien nos enseñó el inmenso poder de saber que no existe el yiush, que nunca hay que perder la esperanza.

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1. ADAYA YEHUDIM

9/18/2026

“Ahora ya te das cuenta de que eres un fracaso, de que nunca lograste nada bueno. Entonces, ¿para qué seguir intentándolo? Nunca vas a tener éxito, y lo sabes”. Esta frase me la han dicho una y otra vez. Mis vecinos con tendencias ultraderechistas me dijeron una vez lo siguiente: “nadie te necesita. Ni siquiera tu propio país y no vales para nada”. Entonces yo pense: A sí? Pues no tenéis idea del peso que me quito de encima precisamente por no estar a disposición de personas sin amor propio y de baja autoestima como vosotros. 😊

Por otra parte, mi madre me dijo una vez la siguiente frase que se me quedó grabada para siempre: “lo último que se pierde es la esperanza”.

Hay que recalcar, que en la época de Rabi Nachman, la tuberculosis era una enfermedad muy común y muy contagiosa afectando a poblaciones enteras. Quién sabe cuando llegará la próxima nueva cepa y sus nuevas vacunas???

Que la memoria de Rabi Nachman de Breslev sea de Bendición para todos los Jasidim.
Bendiciones de mi parte para Breslev.💙🙏🌳🌼

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