
El milagro tras la chispa
Un apagón parcial en Rosh Hashaná me dejó sin café... Lo que comenzó como una búsqueda desesperada de agua caliente me abrió los ojos a un milagro que se esconde detrás de cada interruptor de luz.

Un apagón parcial en Rosh Hashaná me dejó sin café… y mi rabino me encontró cuando estaba a medio camino de entrar por la ventana de la cocina de la sinagoga. Lo que comenzó como una búsqueda desesperada de agua caliente me abrió los ojos a un milagro que se esconde detrás de cada interruptor de luz. Le damos las gracias a Hashem cuando vuelve la electricidad, pero ¿qué hace que siga fluyendo en primer lugar?
Hubo un apagón parcial en Rosh Hashaná. Ocurrió alrededor de las 4:30 de la madrugada del primer día.
Nuestra cafetera dejó de funcionar. Entramos en crisis. En ese momento entendimos perfectamente a un amigo que una vez nos confesó que podía ayunar en Yom Kipur, pero que pasar sin café se le hacía muy difícil.
Fue entonces cuando fui a nuestra sinagoga. El rabino conoce bien a su gente. Siempre se asegura de que haya una cafetera llena y pasteles recién hechos esperando al minián de la mañana. Pensé que podía entrar, llenar unos vasos con agua caliente, volver a casa y preparar café.
Llego y… crisis: la sinagoga está cerrada.
Desesperado, encuentro la ventana que da a la cocina. Está abierta, así que empiezo a entrar por allí. Justo cuando estoy con medio cuerpo dentro, aparece el rabino y ve a uno de los suyos entrando a la fuerza en la cocina.
Sonríe y me saluda con la mano.
Me bajo. Diez segundos después, se abre la puerta de la sinagoga y el rabino me recibe con una sonrisa.
“Se te rompió la cafetera, ¿verdad?”
Mi rabino es un pionero. Vive aquí desde hace 50 años, desde la época en que Afula era un pequeño pueblo agrícola. Sabe muy bien de apagones parciales y de temporizadores de Yom Tov que dejan de funcionar.
“Rabino, ¿está todo bien? ¿Funcionan sus temporizadores?”
Sonríe.
“Sí. El apagón los atrasó una hora. Todo funciona, pero una hora más tarde.”
Mantiene la calma mientras toma 50 majzorim y los traslada a otra mesa. El apagón también afectó el aire acondicionado, que ahora está goteando agua de condensación sobre los tres libros de oraciones que están arriba de todo.
“¿Puedo ayudar?”
“David”, dice el Rav con calma, aunque con un dejo de urgencia en la voz.
“Llévale el café a tu esposa.”
Ese es mi rabino.
El regalo de Hashem a la humanidad
Damos por sentado que podemos comenzar el día con un café caliente. Damos por sentado que podemos agregarle un poco de leche fría. Sabemos que las luces permanecerán encendidas hasta bien entrada la noche y que el aire acondicionado comenzará su batalla contra el calor incluso antes de que muchos de nosotros nos levantemos.
En una fracción de segundo, todas esas certezas pueden ponerse en duda. Bastó un simple apagón parcial para recordárnoslo.
Baruj Hashem, el apagón no estropeó los temporizadores; solamente los atrasó. Si el corte los hubiera desactivado, ninguna de las cafeteras de Afula habría funcionado. Nadie habría tenido aire acondicionado. Los hornos y las placas eléctricas tampoco habrían funcionado, de modo que las siguientes 36 horas de Rosh Hashaná habrían transcurrido entre un calor sofocante y comidas frías.
Milagrosamente, este Rosh Hashaná Hashem nos permitió experimentar por un breve instante cómo sería la vida sin Su milagro de la electricidad.
Y detrás de este regalo se esconde un milagro aún mayor.

La bondad constante de Hashem
Si bien los mecanismos creados por el ser humano permiten generar electricidad —y a veces también hacen que deje de funcionar—, es la creación del mundo por parte de Hashem la que nos permite utilizarla.
Más aún: la constancia de la ley de inducción electromagnética constituye una bondad todavía mayor de Hashem.
En 1831, el científico Michael Faraday descubrió que al mover un imán a través de una bobina de alambre se puede generar una corriente eléctrica. Hoy en día, el mundo genera más de treinta mil billones de vatios-hora de electricidad basándose en este principio, que se ha mantenido constante durante doscientos años.
En nuestro sidur, nuestros Sabios dicen: “Él ilumina la tierra y a quienes la habitan con misericordia, y en Su bondad renueva cada día, constantemente, la obra de la Creación”.
Este es el milagro aún mayor: podemos construir centrales para generar electricidad y fabricar elementos indispensables para nuestra vida, como el refrigerador, el horno y el aire acondicionado, porque Hashem mantiene las leyes que permiten generar electricidad de una manera constante, perpetua y predecible.
Los antiguos egipcios estudiaron la electricidad. También lo hicieron los antiguos griegos. De hecho, la palabra electricidad proviene del griego antiguo.
Hashem creó el electrón con un tamaño determinado, decenas de billones de veces más pequeño que el grosor de un cabello humano. Lo creó con una carga eléctrica. Y lo creó de tal manera que, cuando el electrón pasa de un átomo a otro, la carga eléctrica se transmite.
¡Es un milagro que HaKadosh Baruj Hu haya creado todo esto durante los siete días de la Creación! Pero lo que realmente nos llena de asombro es que, desde el momento en que Adam HaRishón abrió los ojos hasta la última vez que revisaste tu correo electrónico… estas leyes —o, mejor dicho, esta bondad constante de Hashem— jamás han cambiado.
Si en algún momento Dios decidiera que los imanes ya no tienen efecto sobre los electrones, que el cobre impidiera el paso de la electricidad en lugar de permitirlo, o que los electrones tuvieran tamaños diferentes —en lugar de que una cantidad equivalente a un 1 seguido de 51 ceros de electrones sean todos del mismo tamaño—, las luces se apagarían en todas partes.
Cualquier interrupción de la electricidad en tu hogar es apenas una pequeña muestra de lo que ocurriría si Hashem decidiera repentinamente retirar Su regalo de la electricidad. Cada vez que nos vemos privados de alguna de las comodidades del mundo moderno, se nos presenta una oportunidad extraordinaria para agradecerle a Hashem por el agua caliente, el jugo frío y las bombillas de luz.
Si hiciéramos un recuento de todos los milagros que Hashem nos concede a cada instante, podríamos comprender, en lo más profundo de nuestro ser, la clásica enseñanza de Rabi Najman:
אֵין שׁוּם יֵאוּשׁ בָּעוֹלָם כְּלָל
No existe absolutamente ninguna desesperación en el mundo.

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