
Comenzamos en Bereshit
Las siguientes palabras están dirigidas personalmente a cada uno de nuestros queridos lectores, como una carta de fortalecimiento para el nuevo año, y contienen un mensaje que todos necesitamos.

Queridos amigos, ¡dichosos de nosotros!
¡Qué gran privilegio! ¡Qué manera tan maravillosa de comenzar el año! Tuvimos el mérito, junto con todo el pueblo de Israel, de terminar el año con un mes dedicado a la teshuvá y comenzar el nuevo año con los Días Solemnes, días maravillosos de profunda purificación interior del alma. Y a partir de allí, tuvimos el mérito de vivir ocho días de inmensa alegría: alegría en Hashem, junto a los siete pastores y junto a la sagrada Torá. ¡Dichosos nosotros!
Las siguientes palabras están dirigidas personalmente a cada uno de nuestros queridos lectores, como una carta de fortalecimiento para el nuevo año, y contienen un mensaje que todos necesitamos.
Las festividades y los días sagrados no desaparecen ni quedan, Dios no lo permita, “atrás”. Por el contrario, continúan con nosotros y siguen iluminando lo más profundo de nuestras almas durante todo el año y toda nuestra vida. Y la gran pregunta que tenemos por delante es: ¿cómo conservar esa luz y llevarla con nosotros durante todo el año?
Porque todos conocemos esta realidad: cuando se calma la intensidad de estos grandes días, regresamos a la rutina; el despertar espiritual y nuestros buenos deseos se van desgastando y olvidando, y muchas veces sentimos una especie de declive, como si, Dios no lo permita, hubiéramos vuelto a “dormirnos en la vida”.
Estoy seguro de que ustedes, queridos lectores, no quieren que esto suceda. Todos queremos salir fortalecidos de un mes tan maravilloso y avanzar de un nivel a otro. Todos queremos vivir una vida nueva y no volver a lo de antes.
Porque el camino de la teshuvá no pertenece únicamente a los meses de Elul y Tishrei. El camino de la teshuvá es nuestro camino durante todo el año. Comenzar el año con teshuvá no es más que la indicación de la dirección que debemos seguir durante todo el año.
Por eso, ante todo, armémonos de determinación para transformar todo ese despertar y todos los regalos espirituales que recibimos durante los días sagrados en un camino firme y constante, y hagamos un nuevo comienzo.
Y no hay nada más apropiado que la parashá Bereshit para un nuevo comienzo. Así que comencemos desde Bereshit.
Encendemos la luz de la verdad
¿Qué hacemos? ¿Por dónde comenzamos?
Muchos tienden a pensar que debemos comenzar por asumir compromisos prácticos, por cambiar nuestros actos. Y, en principio, esto es correcto, porque lo principal no es el estudio sino la acción, y la teshuvá también implica cambiar nuestros actos. Sin embargo, la sagrada Torá nos enseña algo nuevo: el verdadero comienzo está en la verdad, como está escrito: “El principio de Tu palabra es verdad”. Y es la verdad la que conduce a los actos correctos y a un cambio que perdura en el tiempo.
Por eso, la sagrada Torá comienza con las palabras “Bereshit bará Elokim” (בראשית ברא אלוקים), cuyas letras finales forman la palabra “emet” (אמת), “verdad”. Y la descripción de la Creación concluye con las palabras “asher bará Elokim laasot” (אשר ברא אלוקים לעשות), cuyas letras finales también forman “emet”. La palabra “laasot”, “hacer”, aparece al final, porque solo la verdad conduce a los actos correctos; los actos son el resultado.
Porque al comienzo de la Creación reinaba una gran oscuridad: “Y la tierra estaba desolada y vacía, y había oscuridad sobre la faz del abismo”. Rabí Natán nos enseña que la oscuridad representa la falsedad, porque este mundo es “alma deshikra”, un mundo de falsedad, y toda la fuerza del ietzer hará consiste únicamente en engañar al ser humano con mentiras. La única manera de crear una realidad sagrada y vivir en este mundo con una luz verdadera es por medio de la verdad, porque la verdad es la luz, como dice el rey David: “Envía Tu luz y Tu verdad; ellas me guiarán”. La verdad es esa pequeña vela capaz de disipar toda la oscuridad.
Si nos concentramos únicamente en nuestros actos, muy pronto la oscuridad puede imponerse y hacernos caer incluso en ese aspecto. Pero si nos aferramos a la verdad, como veremos a continuación, ninguna oscuridad podrá hacernos caer, como está escrito: “Aun la oscuridad no oscurece para Ti, y la noche resplandece como el día”.
¿Qué es la verdad?
Cuando queremos comenzar un nuevo año, debemos estar preparados para la oscuridad y para las luchas. Rabí Natán nos enseña que únicamente la luz de la verdad nos permite vencer verdaderamente en todas las batallas. Más aún: cuanto mayor es la oscuridad, más debemos esforzarnos por buscar y pedir la verdad más pura y refinada. Por eso, cuanto más arreciaban las luchas contra el rey David, más suplicaba: “Guíame en Tu verdad”. ¡Quiero Tu verdad, la verdad absoluta!
Por eso, queridos amigos, presten atención; escuchen y vivirá su alma:
¿Qué es la verdad?
La verdad es saber con absoluta certeza que Hashem siempre está contigo, en todo momento, en todo lugar y en toda situación, ¡y que siempre te ama!
Y aunque hayas caído, te hayas alejado y hayas hecho lo que hayas hecho, Hashem siempre, siempre está contigo, permanece a tu lado y te espera. No existe ninguna desesperación en el mundo. Si tan solo quieres hacer teshuvá, Él te recibirá, te ayudará y te acercará, porque Él solo quiere que estés bien, y cada vez mejor.
Una carta personal de Rabí Natán
Rabí Natán expresa de manera maravillosa y explícita palabras que siempre deberíamos tener presentes:
“Porque esto es lo principal de la teshuvá: saber y creer que Hashem siempre está con la persona, en todo momento y en todo lugar en el que se encuentre, como está escrito: ‘En todos los lugares de Su dominio’…
“Porque al principio hace pecar a la persona por medio de sus mentiras, engañándola de muchas maneras; y después, cuando la persona piensa en regresar, la desanima e introduce en su corazón la idea de que Hashem ya se ha apartado de ella y que se encuentra tan lejos que ya no puede regresar.
“Pero en realidad es exactamente lo contrario, porque Su reinado gobierna sobre todo, incluso sobre las diez coronas de la impureza (en el lugar más impuro), como está escrito: ‘Él habita con ellos en medio de sus impurezas’. Y como explica Rashi: incluso cuando están impuros, la Shejiná está con ellos.
“Los verdaderos tzadikim y quienes están unidos a ellos saben y nos hacen saber, de innumerables maneras, mediante advertencias y proclamaciones, que Hashem todavía está con nosotros, con todos y cada uno de nosotros, incluso con el peor pecador del mundo entero…
“Y mientras la persona repita esto en su mente y en su corazón y lo introduzca verdaderamente en su corazón, sin duda tendrá una gran esperanza durante todos los días de su vida de alcanzar verdaderamente el camino de la teshuvá…
“Porque Hashem, en Su misericordia, nos hizo saber por medio de Sus verdaderos tzadikim que incluso en las profundidades de los inmensos mares que se precipitan sobre la persona como una multitud de olas… y con mayor razón cuando la persona misma sabe todo lo que ha atravesado y hasta dónde ha descendido y ha sido arrojada a causa de sus actos, aun así, incluso allí siempre existe un camino y un sendero para regresar a Él.
“Y lo principal de ese camino consiste en saber y creer que Su reinado gobierna sobre todo y que ‘si hago del Sheol mi lecho, allí estás Tú'”, es decir, saber que Hashem está contigo incluso en el descenso más profundo.
Amar la verdad y acercarse a la Torá
¿Y cómo sabemos qué es la verdad?
Rabí Natán nos explica que lo esencial de la verdad es acercar y no alejar. La verdad es todo aquello que te acerca a Hashem. Saber que Hashem siempre está contigo, siempre te ama, siempre te quiere, siempre sabe que eres bueno y que, en el fondo, realmente quieres el bien: esa es la verdad que acerca a la persona a Hashem en cualquier situación y desde cualquier lugar.
Porque nuestra tarea principal es estar siempre conectados con Él: mediante la Torá, la plegaria, el agradecimiento, la teshuvá y la conversación personal entre la persona y su Creador. Y solo podemos mantener esa conexión con Hashem aferrándonos a la verdad.
Porque la principal mentira del ietzer hará consiste en hacerle creer a la persona que está lejos de Hashem; mientras que la gran verdad es que Hashem está cerca de ti en cualquier situación y que, desde cualquier lugar, puedes acercarte a Él. Como dice Rabí Natán: por medio de la verdad auténtica, la persona puede permanecer cerca de Hashem dondequiera que se encuentre.
Toda la verdad en una sola palabra
Y toda esta maravillosa verdad puede resumirse en una sola palabra: ¡Papá!
Cuando llamas a Hashem “Papá”, con una sola palabra lo estás diciendo todo: sé que me amas en cualquier situación; que tienes misericordia de mí en cualquier situación; que siempre quieres que me vaya bien; que siempre quieres mi bien; que siempre quieres acercarme a Ti; que siempre quieres que regrese a Ti y me dirija a Ti; y que cuando algo me duele, a Ti también te duele.
Por eso, si queremos comenzar con el pie derecho este nuevo año que llega para bien, siguiendo el camino de la verdad, debemos acostumbrarnos a dirigirnos a Hashem llamándolo: “¡Papá!”. Que la palabra “Papá” esté siempre en nuestros labios.
Ante cada caída, cada descenso, cada vez que el ietzer hará cobre fuerza, ante cada angustia, cada abatimiento, cada vez que el ietzer hará quiera alejarte y llevarte a la desesperación, simplemente di una palabra: “¡Papá!”. Al hacerlo, enciendes la luz de la verdad y expulsas toda la oscuridad.
Y con la palabra “Papá”, podrás llevar contigo la luz de los Días Solemnes y de las festividades, y mantenerte firme en cualquier situación. Y por este mérito, que tú y todos nosotros tengamos un año de crecimiento y de verdadero acercamiento a Hashem.






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