¡Tengan mucho cuidado!

Rabí Najman explica que en el diario transitar la persona se enfrenta a cuatro peligros de los que debe cuidarse mucho

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 12.04.20

Rabí Najman explica que en el diario transitar la persona se enfrenta a cuatro peligros de los que debe cuidarse mucho: las calumnias, la idolatría, las relaciones ilícitas y el derramamiento de sangre.

 

Las calumnias – a la persona que no se cuida y habla mal de los demás, o escucha a los demás calumniando a un tercero, y acepta lo que ellos dicen como si fuera una certeza, se la castiga con pobreza, tal como está escrito: “A través de las conversaciones banales y las calumnias sobreviene la pobreza” (Likutey Moharán 4), y tal como está escrito: “Porque han muerto los hombres” (Éxodo 4:19) y enseñan nuestros Sabios: “Esta es la pobreza, vale decir, que Datán y Aviram, que pecaron con las calumnias, fueron castigados con la pobreza. Y al pobre se lo considera como un muerto; por lo tanto, es como si hubieran fallecido y hubieran desaparecido del mundo” (Nedarim 64).

 

La idolatría – A través de la idolatría –e incluso si se trata solamente de una emuná débil– sobreviene la pobreza. La emuná es lo contrario a la idolatría y a través de la emuná uno obtiene la abundancia. Porque la emuná es la fuente de todas las bendiciones, tal como está escrito: “El hombre de emuná tiene muchas bendiciones” (Proverbios 28:20). Por lo tanto, cuando uno daña la emuná, está poniendo un freno a la abundancia.

 

Las relaciones ilícitas – Aquel que comete la transgresión de mantener relaciones ilícitas se está causando una pérdida en el sustento. La inmoralidad comienza por los ojos y no se limita únicamente al acto propiamente dicho, sino incluso al pensamiento y al habla. La persona inmoral está dañando su alma, que es la vasija que recibe toda la abundancia y es por eso que Hashem, Quien aborrece la inmoralidad, castiga a esa persona haciéndole perder el sustento.

 

El derramamiento de sangre – en el judaísmo, el derramamiento de sangre no se refiere únicamente al asesinato propiamente dicho sino también al acto de humillar a otra persona y especialmente en público. Según el Talmud, cuando uno avergüenza a otra persona, está haciendo que se le vaya la sangre del rostro, lo cual equivale a derramar su sangre. Y no sólo eso, sino que cada vez que la persona humillada encuentra a aquel que la humilló, es como si volviera a vivir toda esa vergonzosa situación. Es por eso que la Corte Divina considera como un asesino a aquel que abusa verbalmente de su prójimo. Y a menos que le pida perdón a la víctima, va a acabar perdiendo todo su dinero.

 

Enseña también Rabí Najman que el engaño causa pobreza. Esta clase de engaño ocurre con frecuencia en el ámbito comercial, por ejemplo, si un comerciante dice que un determinado producto es de excelente calidad cuando en realidad no lo es o si vende ese producto a un precio mucho más alto del que vale en realidad. Del mismo modo, todas las formas de “robo intelectual”, o sea, manipular a la otra persona de forma tal que se le cause un daño o una pérdida, aunque sea sólo a nivel verbal, también es una clase de engaño y el que transgrede dicha prohibición sufre una pérdida en su sustento.

 

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