El Seder que nadie se esperaba

Tú quieres que las cosas salgan de un modo, pero Hashem quiere que salgan de otro modo distinto. Cuando uno mira la vida con los anteojos de la emuná, entonces puede pasar todas estas pruebas con alegría y con felicidad, sin peleas, sin discusiones, sin exabruptos. Uno enfrenta todo con paz y con tranquilidad.

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 11.04.22

Hoy sé que los preparativos para la noche del Seder de Pesaj comienzan por la emuná. Además de oírlo de boca de mis maestros, esto lo aprendí en carne propia, en más de una ocasión.

Un año le dije a mi esposa: “Esta vez vamos a empezar los rezos antes, para que podamos comenzar el Seder temprano y podamos cubrir mucho hasta la medianoche. Avísales por favor a los invitados”. Cuando volví de la sinagoga, uno de los invitados y su esposa todavía no habían llegado, porque habían rezado en otra sinagoga, más tarde, y todos los esperamos a que llegaran, casi una hora y media. No me puse nervioso… les dije a mi esposa y a mis hijos que ese era el Seder que quería Hashem.

En otra ocasión, invité al Seder de Pesaj a una familia que no observa los preceptos, para que hagan con nosotros el Seder y así se acerquen un poco más al judaísmo. Conseguimos un departamento para que pasaran la noche y les dimos la llave. Cuando llegó la noche del Seder, ellos perdieron la llave. Y como no tenían ropa para cambiarse, no iban a poder disfrutar del Seder tranquilos y concentrados, así que antes que nada los ayudamos a buscar la llave. Eso nos llevó muchísimo tiempo, pero yo les dije a mi esposa y a mis hijos que ese era el Seder que quería Hashem. Así dispuso Hashem que empecemos el Seder.

Tengo un alumno que escuchó en mi clase que el Seder empieza por la emuná. La noche del Seder llegó a su casa después de los rezos festivos y el Halel en la sinagoga y vio que su esposa, que estaba muy cansada de todos los preparativos había aprovechado para recostarse a descansar un rato y mientras tanto toda la casa se había llenado de agua. Un rato antes de que él llegara, su mujer se despertó y se asustó mucho, temiendo la forma en que reaccionaría su marido y que se enojara con ella, y estaba segura de que se les había “estropeado” la festividad. Pero Hashem lo ayudó y él comprendió que se trataba de una prueba y que Hashem quería que ese Seder empezara precisamente con la escobilla de goma y la casa toda inundada.

Su esposa se sorprendió mucho al verlo tomar la escobilla y empezar a sacar el agua afuera, mientras cantaba, bailaba y Le daba las gracias a Hashem, sin enojarse en absoluto. Al cabo de unos minutos, se dio cuenta de que uno de los niños había abierto el grifo de agua del lavarropas mientras su esposa dormía y así fue como se había inundado toda la casa. Entonces cerró el grifo y le dijo a su mujer: “Hoy nuestro Seder empieza sacando el agua de la casa” y así fue como durante dos horas secaron el piso. Mi alumno me contó que en toda su vida no tuvo un Seder de Pesaj tan especial como el de aquel año.

Muchos otros alumnos me contaron lo mismo: todo el que logró superar las pruebas que se les presentaron en la noche del Seder –ya sea pruebas pequeñas, como por ejemplo, cuando los niños derramaron el vino, o pruebas mucho más grandes y complejas– dio testimonio de que precisamente ese año tuvieron un Seder lleno de luz, mucho más que en otros años en los que todo había ido sobre ruedas.

Es que uno no puede obtener esta luz sin antes superar un desafío. Así es en la vida. Hoy en día, el comienzo del Seder es ayudar a la esposa a servir la mesa. Hoy en día, el comienzo del Shabat es tranquilizar a la familia. Y entonces uno recibe la luz de la Redención que baja del Cielo.

Este es un principio que debemos recordar todo el año, no solamente la noche del Seder, sino en cada ocasión festiva, en cada comida familiar, en Shabat, en las festividades, en las celebraciones. Todo empieza por la emuná.

La emuná tiene que estar antes que todo: es verdad que tengo mis planes, pero Hashem quiere que sea de otra manera. En lugar de enojarme y de ponerme nervioso, quejarme o amargarme y transformar todo el Seder de Pesaj en un día de duelo, tengo que aceptar la voluntad de Hashem. Eso es tener emuná. ¿Hashem quiere que empecemos el Seder con una hora de atraso? ¡Excelente! ¡Eso es lo mejor para mí! Mientras tanto podemos bailar, cantar, estudiar, rezar. Eso es lo que Hashem dispuso.

Tú quieres que las cosas salgan de un modo, pero Hashem quiere que salgan de otro modo distinto. Cuando uno mira la vida con los anteojos de la emuná, entonces puede pasar todas estas pruebas con alegría y con felicidad, sin peleas, sin discusiones, sin exabruptos. Uno enfrenta todo con paz y con tranquilidad. Y lo más importante de todo es que alcanza la luz tan especial de la emuná.

Por eso, uno siempre tiene que vivir con esta conciencia: que a cada comienzo en la vida debe preceder otro comienzo, que es tener emuná. Uno no puede saber dónde ni cómo va a empezar el Seder, o cómo va a comenzar la noche de Shabat, la boda, los estudios, el trabajo, o lo que sea. Uno quiere que las cosas sean de una forma, pero a veces Hashem tiene otros planes completamente diferentes y uno tiene que ser consciente de eso y estar preparado. Tiene que saber que existe la Supervisión Individual de Hashem para cada cosa, para cada evento, según lo que Hashem sabe que es mejor para esa persona en ese momento. Y si uno pasa esa prueba, entonces recibe una luz muy grande, la luz de la Redención.

Cuando uno es consciente de que las pruebas se las puso Hashem por su propio bien, entonces no se enoja ni le echa la culpa a nadie. Esa persona piensa: “Yo hice mis planes. Si Hashem quiere que sea así, así será. Y si Hashem no quiere que sea de ese modo, entonces me voy a someter a Su voluntad y Le voy a dar las gracias por todo, por aquello que va según mis planes y en especial por todo lo que va según los planes de Él, que por supuesto es para mi propio bien, para fortalecer mi emuná”.

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Tengo recuerdos maravillosos de Pesaj. La casa reluciente, y la sensación de que está por suceder algo maravilloso.

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