Si Yo Fuera Rico…

Para nosotros, que vivimos en la generación de la abundancia y los lujos, “Si yo fuera rico” es una frase que ya pasó de moda. ¡Hoy en día hay de todo!

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 13.03.2013

Para nosotros, que vivimos en la generación de la abundancia y los lujos, “Si yo fuera rico” es una frase que ya pasó de moda. ¡Hoy en día hay de todo!

Para nosotros, que vivimos en la generación de la abundancia y los lujos, “Si yo fuera rico” es una frase que ya pasó de moda. ¡Hoy en día hay de todo!

Pero… y este es un “pero” muy grande… no hay nada. ¿Cómo puede ser?

El largo exilio lo hemos logrado sobrellevar por el mérito de la Emuná.

¿Por qué? Porque la luz de la Emuná,la fe auténtica en el Creador, es la luz más poderosa que existe en el mundo y es a través de ella que el ser humano puede salvarse a sí mismo de las mentiras de este mundo.

¿De qué puede salvarse? Del engaño de la Mala Inclinación que lo único que desea es robarnos esa luz y el gozo de la vida, o sea, robarnos la dulce vida de nuestro Judaísmo, la vida de fe.

La principal guerra del pueblo de Israel es contra la herejía, que en cada generación adopta un nombre diferente. Es esa la guerra contra la auténtica espiritualidad.

La Mala Inclinación trabaja horas extras con el fin de alejar al Pueblo de Israel del Judaísmo que es la dulzura de la vida en este mundo.

Porque si nos ponemos a pensar, ¿qué es lo que tiene este mundo para ofrecer, al fin y al cabo? Gracias a Di-s, nosotros vivimos en una generación de la abundancia. El Creador del Universo hizo que así fuera para que nos sea más fácil renunciar a este mundo, de manera que podamos ver claramente que todo es una mentira. Hay de todo… y no hay nada.

Ya no existe más el sueño ilusionado de “si yo fuera Rothschild, el millonario”. Porque hoy en día todo el mundo tiene más lujos que los que tuvo Rothschild.

Yo me encuentro todo el tiempo con personas que lo tienen todo en este mundo pero que sienten que no tienen nada; sienten que les falta todo, y es porque no lograron descubrir la belleza del judaísmo, pero en el momento en que se encuentran con el judaísmo sienten que lo tienen TODO; sienten que han encontrado la verdadera riqueza.

En una ocasión se me acercó un oficial del ejército y me dijo “Rabino, usted me salvó la vida”. ¿Qué?, se preguntaran ustedes… y efectivamente el recibió un libro que le salvó su vida… Frases como “me salvó la vida”, “el disco me cambió la vida”, “este libro ha transformado mi vida” son ya parte inseparable de mi rutina diaria.

Y con el entendimiento de la Emuná simple, el hombre empieza a sentir el maravilloso sabor de la vida. ¿Y en qué consiste el sabor de la vida? En la conexión que uno tiene con el Creador, porque Él nos endulza la vida en este mundo.

Y ahora una historia.

Me encontré con un joven que distribuye discos y folletos en los cruces de calles, al lado del semáforo y él me contó que un día, una mujer lo vio repartiendo CDs, lo llamó y con gran emoción le preguntó “¿Te acuerdas de mí?”. Por supuesto que este muchacho no podía recordar a toda la gente que pasa por el cruce y sobre todo porque él no mira a las mujeres, pero ella insistió y le dijo “Tú tienes que acordarte de mí, me diste el CD “Deja de Lloriquear”; yo en ese momento te dije que tenía una enorme deuda y que tenía que pagar muchísimo dinero, tenía mucha tristeza y desesperación; entonces tú me ofreciste ese CD y desde que lo escuché una vez y otra vez muchas veces, empecé a alegrarme y a agradecer a HaShem por todo lo que pasa; mi vida empezó a cambiar, empecé a observar shabat y empecé a hacer una hora diaria de Hitbodedut (Plegaria Personal en Aislamiento); un solo CD y ¡qué cambio impresionante en mi vida!”.

Y surge el interrogante: ¿Qué fue lo que le cambió a esta mujer la vida de antes de tener el CD y después de obtenerlo? ¿Acaso el CD le pagó todas sus deudas?

Obvio que no.

¿Entonces qué? ¿Qué fue lo que hizo el CD en su vida?

Muy simple… ella empezó a tener Emuná, fe auténtica, y al escuchar las palabras del CD una y otra vez, empezó a ganar fe.

La enorme diferencia que hubo en la vida de la mujer fue la Emuná que logró al interiorizar las palabras que escuchó. Ahora ya no está más triste y angustiada; ahora su vida con Emuná es luminosa y bella. La Emuná es la luz del Judaísmo.

El simple conocimiento de la fe en HaShem, el Creador del Universo, cada vez que los griegos vienen de cualquier forma con la misma influencia, pero con un disfraz diferente, con una belleza que quiere incitar al pueblo de Israel y conducirlo a la negación y a la idolatría como si hubiera algo mucho mejor, es solo “como si hubiera algo mejor”.

Lo que más busca la Mala Inclinación, aquello por lo que se esfuerza en forma especial, es derrocar al judío, al hombre feliz, y arrastrarlo a la tristeza, la desesperación, la depresión, el lloriqueo y la auto-persecución, todas esas cosas le hacen perder la conexión con el Creador.

¿Y la tristeza? La tristeza es la cosa más terrible que hay en el mundo, el pecado más grande y que causa que la persona pierda toda comunicación con HaShem. Cuando esa persona no es feliz con lo que tiene y no ve la gran recompensa frente a sus ojos, del cumplir un precepto, de hacer un acto de bondad, entonces se encuentra frente a un gran peligro y cualquier cosa lo puede derrumbar, de hecho la mentira finalmente puede tomar fuerza en él. Sin embargo, si él sabe y tiene un claro conocimiento de que todo lo que tiene en la vida son bondades del Creador y el solo hecho de estar vivo es una mérito muy grande, entonces nada ni nadie puede moverlo de su fe. Así hay que vivir con una enorme alegría por el simple hecho de ser hijos del Creador.

Un día me encontré con un joven que tenía su semblante triste y deprimido, “dime” le dije después de que me contó la causa de su situación, “¿no te avergüenzas? Tú necesitas bailar 100 años y agradecer sólo por la kipá, el solideo que llevas sobre la cabeza, otros 100 años por el pequeño talit, el manto de oración que tienes puesto y otros 100 años por los tefilin, las filacterias que te colocas por la mañana, e incluso sólo por una sola vez que te los has puesto… ¿Y qué con todos los demás años que te los has colocado? ¿Cuánto tú necesitas bailar y agradecer entonces?…”

Ahora es el momento de explicar que incluso una persona que realizó y cumplió con un solo Precepto en toda su vida – tiene una suficiente buena razón para alegrarse y bailar 120 años, como está escrito en el libro “Cojabei Or” (Estrellas de Luz). Si hay un judío que vino a este mundo y en toda su vida no cumplió con las mitzvot, los Preceptos, no se colocó los tefilim, no cuidó shabat, etc… Pero si sólo una vez en toda su vida tomó la natlá, el recipiente para lavar sus manos y se las lavó por la mañana, le vale la pena soportar el infierno de este mundo y después de morir, con tal de recibir recompensa por la única vez que tomó la natlá y lavó sus manos”.

En este momento cada uno debe tomar en cuenta lo que hemos dicho hasta ahora e intentar entender cuánto necesita cada uno alegrarse de poder hacer un sin fin de Preceptos día a día. La recompensa y el mérito por el cumplimiento de los Preceptos es imposible de imaginar.

Ciertamente es un gran mérito hacer la voluntad del Creador, esto en sí mismo es una gran recompensa. Se puede ejemplificar de la siguiente manera: Si un día te dieran la oportunidad de servir a un hombre grande e importante, tan grande como el Rey David o como Moisés, ¿Qué alegría sería hacer cualquier trabajo incluso una tarea pequeña? Lo harías todo con alegría y rapidez sin esperar ningún pago, y eso sólo por el hecho de saber que es un gran privilegio servir a un gran hombre como Moisés o como el rey David. Si es así, todos sabemos que la observancia y el cumplimiento de los Preceptos del Creador es servirlo, por eso debemos sentir una gran alegría al cumplirlos.

El honor más grande para HaShem, lo que más le da satisfacción, es el cumplimiento de los Preceptoscon alegría. Y también en el caso en que la persona no acostumbra a cumplir con muchos Preceptos, pero lo que sí cumple, lo hace con alegría, con un rostro alegre y con cariño y afecto, Le da al Creador mucho más honor que si cumple muchos Preceptos pero sin alegría. La alegría es lo que refleja el amor por HaShem.

La persona que tiene el mérito de agradecerle a HaShem, cantarle y alabarle, será iluminada con la luz de la Emuná y su gratitud será como una muralla que lo protegerá a él y a su hogar, de manera que no entre en él ninguna mala influencia ni herejía y entonces su vida estará plena de alegría y felicidad. Amén.

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Todo el que tiene un corazón altivo es una abominación para el Eterno; mano a mano no quedará impune. (Proverbios 16:5)

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