Contra Viento y Marea

Cada uno que tiene problemas que le impiden estar alegre, debe acordarse de José el Justo. Debe reflexionar sobre la realidad que vivió José cuando fue arrojado a la cárcel...

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 20.12.09

La Fe y los Rasgos del Carácter #6:

 
Cada uno de nosotros que tiene problemas que le impiden estar alegre, debe acordarse de José el Justo. Debe reflexionar sobre la realidad que vivió José cuando fue arrojado a la cárcel…
 
 
Contra viento y marea
 
La historia de José el Justo es una buena lección para aplicar a nuestra vida. Cuando leemos sobre las pruebas sufridas por José, cada uno de nosotros debe detenerse e imaginar la realidad tal como fue, ponerse en su sitio, y pensar cómo reaccionaría si tuviera que vivir los mismos acontecimientos.
 
José no tenía la menor idea del tiempo que debería pasar en prisión. Tal vez debía permanecer allí toda su vida, lejos de su familia y sus allegados, sin ningún amigo, sin posibilidad alguna de poder progresar en la vida como todo el mundo, sin posibilidad alguna de trabajar o alcanzar una buena situación económica, sin poder casarse, engendrar hijos, comprar una casa, etc. Tampoco tenía ninguna posibilidad de servir al Creador como es debido. Naturalmente le pasaron por la cabeza todo tipo de pensamientos y desánimo, como a toda persona que tiene que atravesar una de esas pruebas, y tanto más, si tuviera que enfrentarlas todas de una vez.
 
Si José el Justo no hubiera fortalecido su espíritu y usado la simple fe que “Todo es para bien”, a pesar que aparentemente todo estaba muy mal, y si no hubiera anulado completamente su razonamiento sin procurar entender las cosas, ¿qué habría hecho? – lo que todo el mundo hace cuando algo no sucede como quiere: se habría quebrado, quejado y amargado. Habría acusado a sus hermanos de haberle sumergido en una situación tan difícil, habría estado lleno de odio y de espíritu de venganza hacia ellos, y lloraría por los difíciles acontecimientos de su vida.
 
Él podría empezar culpándose y odiándose, sintiendo desesperación, tristeza y amargura, o hasta podría haber llegado a tener malos pensamientos hacia el Creador, estar seguro de sus reproches y clamando: “¿Qué es esto? ¿Cómo puede ser que me traten de esta manera? ¡Soy un Justo! ¿Cuál es mi transgresión y mi pecado? ¿Acaso es esta la recompensa que recibo después de haber superado la prueba de la mujer de Potifar? ¿Esta es la recompensa por observar la Divina Voluntad? ¿Cómo es posible servir al Creador con tales pruebas? ¿Como es posible servirlo entre tantos idólatras y brujos?… Estoy tan lejos de mi familia, en un lugar impuro, sin el menor rastro de santidad y espiritualidad, ¿qué será de mí? ¿Cómo caí tan profundo?
 
¡Seguramente el Creador decidió acabar conmigo! ¡Él me odia! ¡No tengo ningún valor!; debo ser un malvado completo y no tengo esperanza; el Creador no me tolera más y decidió castigarme. ¡Basta ya, no puedo más!, ¡mejor que ponga fin a esta vida y acabe con estos sufrimientos!”…
 
¡Sin embargo, José el Justo se fortaleció! Se desembarazó de su razonamiento, comprendió que no entendía nada, y se reforzó en la fe que el Creador es siempre bueno; que todo lo que el Creador hace – es todo para bien; que el Creador lo ama siempre. Y de pronto, ¡comenzó a bailar!, ¡se alegró!, ¡Le agradeció al Creador por todo! Se esforzó en ocupar cada instante libre en cumplir la Voluntad Divina lo mejor posible, particularmente realizando “Aislamientos” rezando al Creador, que es de hecho lo mejor que podía hacer en la cárcel.
 
El éxito de José en la prisión se debe a dos elementos. El primero es, como ya fue dicho, que brincaba y bailaba en la cárcel sintiéndose contento con lo que le tocaba en suerte, y por eso mereció que el Creador esté con él y le ayude. El segundo, es que mencionaba al Creador incesantemente, y decía por cada cosa: “Con la ayuda de Dios”, “Si el Creador lo quiere”. Por lo tanto, el Creador le hizo tener éxito, y todos los largos años en prisión pasaron de una manera agradable. Finalmente, ¡José fue merecedor de reinar sobre toda la tierra de Egipto, todo gracias a su fortalecimiento espiritual, creyendo que “Todo es para bien”!
 
Aprender de la experiencia de los demás
 
Cada uno de nosotros que tiene problemas que le impiden estar alegre, debe acordarse de José el Justo. Debe reflexionar sobre la realidad que vivió José cuando fue arrojado a la cárcel sin sentencia judicial, sin saber cuántos años estaría allí, y que simplemente, en su cólera, su amo lo echó allí arbitrariamente. Y como en aquella época la expresión “derechos humanos” no era conocida, ¿entonces quién tendría piedad de este esclavo perdido e indigente y consideraría la injusticia cometida? Según el desarrollo “normal” de las cosas, no tendría ninguna posibilidad de salir alguna vez.
 
Por consiguiente:
 
Una persona que tarda en encontrar pareja y está segura que esto justifica no estar alegre, debe recordar que a José tampoco se le propuso ninguna pareja mientras estaba encarcelado, y aunque probablemente debía quedarse allí hasta el final de su vida – estaba pleno de alegría.
 
Una persona que no tiene hijos y está segura que no hay ninguna posibilidad de estar alegre en esta situación, debe recordar que José tampoco vio ninguna posibilidad de tener hijos, ya que estaba encarcelado posiblemente para toda su vida, y sin embargo – estaba pleno de alegría.
 
Una persona sin apartamento para vivir, o que tuvo que cerrar su comercio o que fue condenada a servicios comunitarios, y está segura que tiene justificada razón para estar triste, debe recordar que José tampoco tenía casa, ni comercio y fue forzado a servir a los otros prisioneros, y sin embargo – estaba pleno de alegría.
 
Una persona que observa sus desventajas espirituales, que le es difícil rezar y sufre grandes impedimentos para servir al Creador, o que posee muy malos rasgos o que está llena de apetitos, y está segura que la tristeza es un deber, debe recordar que José también, en prisión, tenía dificultades y enfrentó innumerables obstáculos: él no podía servir al Creador, ni rezar ni cumplir ningún Precepto. Sin embargo – él estaba alegre.
 
Una persona que tiene dificultades en su vida conyugal hasta tal punto que vivir en compañía de su cónyuge le parece una prueba insoportable, debe saber que esto es incomparable con la prueba de José, que estuvo obligado a vivir en prisión con todo tipo de asesinos, violadores y ladrones, y tuvo que arreglarse lo mejor posible con ellos. Y sin embargo, José estaba convencido que era todo para bien – y estaba alegre.
 
Una persona sin familia ni amigos, que se siente sola y miserable, debe recordar que también José el Justo estaba muy solo. Él no recibía correo; no gozaba de horas de visita en la cárcel y estaba convencido que nunca vería más a su familia, sin embargo… ¡estaba alegre!
 
¡Así, si cada uno de nosotros empezara a creer que también su situación proviene de que “Así el Creador quiere” y que “Todo es para bien”, se sentiría alegre en toda situación! – aun sin hijos, sin cónyuge (o con el peor de los cónyuges), sin ahorros, sin apartamento. Y tanto más, cuando en la mayoría de los casos, la situación no es tan terrible y sólo la falta de fe, el descontento de su rol y de su misión en la vida, enfatizan y agravan las dificultades de su prueba.
 
La guerra contra los malos pensamientos
 
Y si el lector dice: “¡¿José?! ¿Qué ejemplo es este? ¡Él era un Justo! ¡Todo le resultaba fácil!” – esto es incorrecto. José también se enfrentó con malos pensamientos: pensamientos de desesperación y de tristeza; pensamientos que quedaría soltero toda su vida; que nunca engendraría hijos; que nunca tendría su propia casa, ni ahorros ni comercio; estaba seguro que había caído en el olvido sin que nadie se preocupe por él. Él pensaba que nunca progresaría espiritualmente; que nunca se acercaría al Creador; que zozobraría entre los idólatras y los violadores sin poder cumplir los Preceptos Divinos, rodeado de idolatría e impureza. José, tenía pues, todas las razones para perseguirse a sí mismo, culparse por todo, y encolerizarse con el Creador, quejándose, refunfuñando y llorando.
 
No debemos olvidar que la prueba de José fue mucho más difícil que la de cada uno de nosotros, pues según la naturaleza de las cosas parecía claro que debía quedarse en la cárcel toda la vida, ¿y qué valor tenía esa vida? ¿Qué pequeño estímulo o asistencia se le podría dar? ¿Qué rayo de luz podría alumbrar su oscura existencia? Y en especial después de su estancia en prisión durante varios años y sobre todo en su duodécimo año. ¡Qué pensamientos de desesperación podrían llegar a su mente!
 
¡Pero José luchó contra esos pensamientos! ¡Se fortaleció! ¡Gritó su plegaria pidiendo fe del Creador, pidiendo la creencia que “Todo es para bien”! Rechazó su razonamiento y decidió que no comprendía nada, sólo creyó que “Así el Creador quiere”. Creyó que posiblemente esa era la corrección de su alma en este mundo – Tener fe en el Creador del Universo en todas esas difíciles condiciones hasta el fin de su vida, pues esta es Su Voluntad. Así, siguió alegre, ¡cantando, bailando y agradeciendo al Creador! Se dijo a sí mismo: “¡José!, o tú crees en el Creador, o no crees. Si tú crees que todo proviene de Él, entonces debes creer también que “Todo es para bien” – y entonces, ¡regocíjate, baila y agradécele!”.
 
Cuando José tenía los mayores motivos para estar triste, se decía a sí mismo: “Puede que tengas razón que existen todas las causas para sentirte triste, pero por medio de este razonamiento perderás todo. En el instante en que caigas en la tristeza, el Creador te abandonará. Perderás la fe, la poca espiritualidad que tienes, y te llegarán muchos problemas y maldades. Por lo tanto, en lugar de tener razón, sé mejor inteligente. Comprende que todo este “razonamiento” es tu perdición, es un hecho de la Mala Inclinación que pretende hacerte caer en la más completa desesperación.
 
¡No  tengas  razón!  Justifica  al  Creador,  porque  Él evidentemente  tiene  La  razón.  ¡Cree  en  Él  –  y  verás tu salvación!”.
 
Así, si cada hombre justificara al Creador y decidiera que cree en Él, que todo está bajo Su Supervisión y que “Todo es para bien”, también podría regocijarse de todo lo que le llega – sea lo que sea – ¡y vería luego grandes logros!
 
¡No entiendo nada!
 
Cuando la Mala Inclinación le dijo a José: “Mira dónde caíste, acabarás tu vida en la cárcel y nunca te casarás”, ¿cómo reaccionó José? Empezó a bailar y cantar: “¡No entiendo nada! ¡No me importa nada! Que sea lo que el Creador quiere que sea, pues lo que Él hace, es todo para bien; Si no me casaré, es para bien. ¡Te agradezco por todo, Señor del Universo! No comprendo nada, creo solamente que el hombre debe estar alegre y bailar toda su vida”.
 
Ésta es toda la elección del hombre en cada instante de su vida: estar alegre o estar triste. Y escoger la alegría es posible sólo gracias a la fe.
 
Así también se condujo José cuando la Mala Inclinación le dijo: “Nunca engendrarás hijos”, “Nunca tendrás ahorros”, “Mira con que tipo de personas insoportables deberás pasar tu vida”, “Estás clavado en esta tierra impura, ¿que será de ti? ¿Cuándo te arrepentirás? ‘No existen tribulaciones sin transgresiones’ – ¡debes ser el peor de los impíos y pecadores!”.
 
Frente a todos estos pensamientos, José bailó, cantó y agradeció al Todopoderoso: “Creador del Universo, muchas gracias por todo; no entiendo nada, sólo creo que todo es para bien y que la finalidad del hombre es creer en Ti; Te agradezco, puesto que estoy cumpliendo mi meta en este mundo, porque creo en Ti; ¡bailo, estoy alegre y Te agradezco por la fe que me das!”.
 
 
Continuará…
 
 
(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush, Director de las Instituciones "Jut Shel Jésed" – "Hilo de Bondad")

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