Iguales o Distintos?

¿Alguna vez te preguntaste por qué tendemos a buscar a personas parecidas a nosotros? Es posible que la respuesta te sorprenda…

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Dr. Zev Ballen

Posteado en 13.01.2013

¿Alguna vez te preguntaste por qué tendemos a buscar a personas parecidas a nosotros? Es posible que la respuesta te sorprenda…

Dime algo: ¿Con quién te sientes más cómodo, con personas parecidas a ti o distintas a ti? Estoy seguro de que no los voy a sorprender si les digo que las encuestas dicen que preferimos a las personas que se nos parecen. Psicológicamente hablando, es muy lógico que tengamos preferencia por aquellos que comparten nuestros mismos valores, nuestras mismas creencias y nuestro mismo estilo de vida.

¿Alguna vez te preguntaste por qué tendemos a buscar a personas parecidas a nosotros? Es posible que la respuesta te sorprenda…
 
Yo personalmente conozco a un decano (Rosh Yeshiva) de una de las Yeshivas más destacadas del mundo entero. Este Rosh Yeshivá tiene nueve hijos varones. De más está decir que el Rosh Yeshiva mismo es un brillante erudito de Torá cuyo único interés en esta vida es estudiar Torá. El Rosh Yeshiva se pasa casi todo el tiempo estudiando y preparando sus conferencias. Incluso cuando está en casa con su familia, prácticamente todas las conversaciones giran en torno al estudio de la Torá.

Ahora bien: Imagínate cómo se va a sentir un hijo de este Rosh Yeshiva que no fue creado para estudiar todo el día. ¿Cómo se siente él viviendo en una familia como esta? Rodeado por ocho hermanos y cinco cuñados que comen, duermen y respiran la Torá y que aspiran a llegar a ser algún día como su padre, mientras que él, por su parte, espera poder dedicarse a los negocios. ¿Qué es lo que tiene que hacer? Este hijo, al igual que sus ocho hermanos y sus cinco cuñados, también quiere sentirse significativo, amado y aceptado por su padre por aquello que a él le gusta hacer: trabajar con las manos, escuchar música y divertirse junto a sus amigos.

Al Rosh Yeshiva esto le resulta todo un reto, por no decir más. Nunca antes en su vida tuvo que lidiar con un hijo que quisiera irse de la Yeshivá y ponerse a trabajar. Muchos fueron los que trataron de hablar el Rosh Yeshivá, incluyendo a su propia esposa. Le dijeron que debe amar a su hijo en forma incondicional y que debe demostrarle que lo acepta y que aprueba aquello que hace que su hijo se sienta alegre. Entonces el hijo va a poder calmarse, madurar, casarse y continuar con su vida. Desgraciadamente, todos estos esfuerzos fueron en vano y el hijo cada vez se sume más en la apatía y en la depresión.

En presencia de su hijo, yo le pregunté al Rosh Yeshivá si alguna vez se le pasó por la cabeza hacer algo en la vida fuera de estudiar. Él me dijo algo fascinante. Me dijo que él venía de una familia en buena posición económica. El padre del Rosh Yeshivá era un hombre de negocios y quería que su hijo, que poseía grandes dotes intelectuales, trabajara a su lado. Nos dijo que él y su padre hasta habían discutido por culpa de eso. Para el hijo fue excelente oír a su padre hablar de las discusiones que había tenido con su propio padre por el tema de ir a trabajar. Yo le hice “una broma” al hijo: “¡Ves que tienes permiso de discutir con tu padre!”. Hasta el Rosh Yeshivá se rió…

Pero fíjense lo que es la Providencia Divina. De repente el Rosh Yeshivá me dijo que hay una parte de su trabajo que no le gusta tanto y que le está causando mucho estrés. Siendo director de la Yeshivá, tiene la responsabilidad de recaudar un millón de dólares por año para mantener la Yeshivá. Entonces yo pensé para mí mismo: “¿Cómo hace un tipo que toda su vida se la pasó estudiando Torá para recaudar un millón de dólares por año?”.

Muy simple: aprendió a hacer dinero al observar a su exitoso padre.

Ahora podemos ver más claramente por qué el Rosh Yeshivá necesitaba un hijo al que le gustara hablar con la gente y hacer negocios. El hijo le fue enviado al padre para que este empezara a usar una parte de sí mismo que no sabía que poseía. Una vez que los dos se reestructuraron en una relación de mutuo amor y mutua aceptación, el padre puede aprender de su hijo a sentir más dicha y a sentirse más realizado recaudando dinero para una causa digna. Por su parte, el hijo aprende de su padre a creer en sí mismo y a hacer lo que siente que es importante a pesar de lo que piensen los demás.

Padre e hijo fueron puestos juntos para que se ayuden el uno al otro y se complementen el uno al otro, pero no podían hacerlo mientras estaban enfrentados.

En realidad, sí necesitamos personas distintas a nosotros más que a personas parecidas a nosotros. Es precisamente por eso que los hombres y las mujeres fueron creados con diferencias drásticas en la forma en que procesan las emociones y en las prioridades que tienen en la vida. Esa es la forma en que Di-s se asegura de que su matrimonio sea una fuente de crecimiento para ambos.

Porque cuando uno cree verdaderamente que todo es con un propósito y todo fue creado en forma deliberada, ahí es cuando puede ver que literalmente todas las partes encajan, formando un rompecabezas maravilloso.
 

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