Vulnerable

Me daba miedo, hasta me daba terror. Me sentí conmocionada por tanto amor, por tanta preocupación que casi me vuelvo loca.

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Anó- nimo

Posteado en 19.04.2019

Recuerdo cuando nació mi primogénito, hace más de 14 años. Además del shock de lo doloroso que es un parto, también tuve el shock de sentir algo que nunca antes había sentido.

 

Me sentí vulnerable.

 

Me daba miedo, hasta me daba terror. Esa diminuta criatura que de alguna manera milagrosa había crecido dentro de mí y de hecho acababa de salir de mi cuerpo casi matándome, era de repente la cosa más importante de mi vida.

 

Me sentí conmocionada por tanto amor, por tanta preocupación por su bienestar, que casi me vuelvo loca.

 

El hecho de que tenía muy poco control de cuándo se enfermaba, de cuánto se enfermaba, me hacía llorar un montón y me sentía absolutamente impotente.

 

¿Te sientes identificado? ¿Alguna vez amaste a alguien tanto que te sentiste vulnerable? ¿No es cierto que da miedo?

 

Cuando nos sentimos vulnerables, ahí es cuando nos damos cuenta de que no tenemos control y nos enfrentamos a la aterrorizadora realidad de nuestra frágil existencia, que en cualquier momento nos pueden quitar algo. Incluyendo nuestra propia vida.

 

En realidad, sentirse vulnerable es algo bueno o, por lo menos, tiene el potencial de ser algo bueno, si no caemos en lo negativo.

 

Y la buena noticia es que si no tenemos control, eso significa que Hashem tiene control, y eso significa que en este momento nos enfrentamos a la oportunidad de fortalecer nuestra emuná. Debido a que Dios tiene el control, eso significa que todo sucede para nuestro propio bien.

 

Además, tenemos que admitir que lo más probable es que Hashem sepa mejor que nosotros lo que es mejor para nosotros y que Él ve la imagen completa, más que nosotros. Una vez que nos damos cuenta de que Hashem tiene el control, ahora tenemos la oportunidad de formar una relación con Él. Cuando somos vulnerables, sabemos que tenemos que depender de Él para mejorar la situación o por lo menos para mantener el status quo. Entonces qué hacemos?

 

Hablamos con Él en este momento, y Le pedimos todo lo que necesitamos. Y como somos vulnerables, sabemos que ya no tenemos control. Y entonces adquirimos humildad. O humillación, porque el ego a veces es tan grande que no puede soportar que nadie más se meta en su territorio.

 

De cualquier modo, la humildad es una gran cosa, y nos protege del mal de todos los males, que es la arrogancia.

 

La arrogancia es lo peor de todo.

 

Por eso, la próxima vez que una situación te saca de las manos sucias de tu ego, recuerda:

 

La vulnerabilidad es tu oportunidad de dejar el volante en manos de Dios y dejar que Él te muestre quién es el jefe.

 

Porque tú seguro no lo eres!

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