El día que superé mi adicción

Vivimos en un mundo repleto de drogas, algunas muy fuertes y otras que parecen inocuas. Esta es la historia de cómo superé mi adicción...

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Tali Mandel

Posteado en 17.01.2017

Vivimos en un mundo repleto de drogas, algunas son muy fuertes y otras parecen inocuas. Pero no debemos bajar la guardia porque acechan a la vuelta de la esquina. Esta es la historia de cómo superé mi adicción a ciertas sustancias.

 

Debo confesarles que yo era adicta a un polvo blanco que se consume mucho en la sociedad de hoy en día. Mi adicción comenzó en la más tierna infancia, supongo que empecé a consumirlo de forma sintetizada desde que estaba en el vientre materno. Y lo peor es que no me daba cuenta de lo dañino que era. Incluso aunque me lo advirtieran y me repitieran hasta la saciedad que no debía consumir tanto, yo seguía haciéndolo. Había una vocecilla, comúnmente conocida como yetser hará, que me repetía una y otra vez que no pasaba nada por tomar un poco más, y un poco más y otro poco más.

 

Cuando tomaba esta sustancia, me sentía eufórica y mientras más consumía más alto subía. Pero después de un rato, el efecto se pasaba y me sentía desfallecer. Entonces volvía a consumir y vuelta a empezar. Me daba cuenta de que mi vida estaba gobernada por esta adicción. Si no lo consumía me ponía irritable y estaba siempre de mal humor. Por ello, no me concentraba bien al escuchar shiurim o intentar leer la parashá semanal simplemente. Siempre tuve muchas ideas y proyectos para realizar pero con este vaivén de emociones no conseguía abordar con éxito apenas ninguno de ellos. Recé y rogué a HaShem para que me ayudara a cambiar mi vida y encaminarla por un sendero más saludable y más acorde a Sus preceptos, uno de los cuales y de los más importantes es cuidar el cuerpo y no dañarlo.

 

Así que hace más o menos un año, decidí tomar cartas en el asunto. No me sentía bien, me enfermaba a menudo y siempre estaba cansada. Aconsejada por una buena amiga, fui a un naturópata reconocido en Jerusalem que me dijo que absolutamente debía dejar de consumir esta sustancia. Al principio pensé que era un reto imposible pero estaba decidida a mejorar mi salud y lo intenté. Me sometió a un régimen estricto pero sencillo. Los primeros tres días tuve un dolor de cabeza descomunal. Pero aguanté. Sabía que estaba haciendo algo realmente bueno por mi cuerpo, que eso era lo que HaShem quería de mí: ¡que me cuidara! Así que persistí hasta que el dolor de cabeza se pasó. Entonces, descubrí prácticamente una vida nueva. Una vida sin ansiedad en la que mi boca volvía a saborear los alimentos de una forma ya olvidada, donde ya no había esos altibajos tan demoledores. Gracias a Di-s, ¡superé mi adicción!

 

No les voy a decir que no me apetece nunca volver a probarlo. De vez en cuando lo hago… un dulce no le amarga a nadie. Pero siempre con moderación, manteniendo el autocontrol. Estamos en este mundo para satisfacer nuestros deseos espirituales, no corporales. Por supuesto, también debemos mimar nuestro cuerpo y nuestro organismo, pero de una forma sana. La adicción a la que me refiero es la más común en el mundo entero y hay niños que literalmente son dependientes de esta sustancia nociva que sus propios padres les suministran sin ninguna medida ni temor alguno.

 

Debemos ser conscientes del peligro que tiene este polvo blanco que recibimos muchas veces de forma gratuita y que se oculta en casi todos los alimentos. Por supuesto, la sustancia de la que hablo es el azúcar ¿qué habían pensado? Sí, sí, no pongan los ojos en blanco… ustedes también son víctimas del consumo excesivo de este polvo refinado, procesado y artificial que llena hoy en día nuestras mesas. No nos damos cuenta de cuán perjudicial es hasta que nos desintoxicamos. Yo he vivido este proceso realmente como lo que es, una desintoxicación. Y les puedo afirmar que ahora mismo me encuentro más feliz, tengo más energía, más vitalidad y más ganas de emprender proyectos nuevos que nunca. Gracias a Di-s, que me ha enseñado lo que es bueno para mí y lo que debo evitar a toda costa. Solo Él sabe poner a las personas necesarias en nuestro camino para que se nos abran los ojos ante tantos errores y adicciones innecesarias que sufrimos día a día en nuestra vida. Simplemente por un momento de placer podemos pagar un precio muy caro, la enfermedad. Por eso mismo, les recomiendo que tomen el control de sus vidas y de sus dietas y eliminen este producto tóxico de su régimen, que nada bueno tiene que aportarles y, por el contrario, puede arrebatarles mucho.

 

 

Si tienes alguna pregunta o quieres compartir tu historia o inquietudes, escríbeme a tali.mandel.18@gmail.com

 

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