La dignidad ajena

Toda persona que pide perdón debe estar preparada para la posibilidad de que la víctima se niegue a perdonar.

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Rabino Shalom Arush

Posteado en 29.04.18

Al estudiar el tema de los preceptos entre la persona y su prójimo, hay algo a lo que debemos dar prioridad todo el año y en especial durante la Cuenta del Omer, cuando reducimos las actividades alegres a causa de la muerte de los 24.000 alumnos de Rabí Akiva que no se supieron respetar los unos a los otros.

 

Hay situaciones en la vida en las que una persona le hace daño a otra; el agresor lamenta lo que hizo, se arrepiente y le pide perdón a la víctima. La víctima se niega a perdonarlo. Entonces el agresor añade sal a la herida y le dice: “¿Quién necesita tu estúpido perdón?”. Y si la víctima es su esposa, que se niega a perdonarlo, él le dice: “¡Y qué me importa! ¡No me perdones! No necesito ni a ti ni a tu perdón!” y así continúa insultándola.

 

Toda persona que pide perdón debe estar preparada para la posibilidad de que la víctima se niegue a perdonar. Y debe anteceder su pedido de disculpas rezándole a Hashem para que esté dispuesto a perdonar. Y si la víctima aún se niega a perdonar, hay que aceptarlo de buena manera y decirle: “Estás justificada en tu negativa a perdonarme”. Y luego hay que hacer nuevamente el intento.

 

Imagínate que cuando tu esposa o cualquier otra persona se niegan a perdonarte es porque están terriblemente dolidos por lo que les dijiste o hiciste. La única solución es hagas un sincero esfuerzo por pedir perdón y enmendar la falta. Recuerda que el agravio a otra persona es un agravio al Creador. El Creador creó el mundo para que la gente se ame y se respete mutuamente.

 

No te confundas: sí, ya hemos explicado que el Creador creó el mundo para revelar Su compasión. La compasión del Creador se pone de manifiesto especialmente cuando la gente es compasiva entre sí, ya que eso revela el propósito esencial de la Creación: la compasión. La compasión es la raíz de toda la Creación. Y es por ese motivo que el Creador es llamado en el idioma arameo: Rajmana, el Compasivo. La Torá nos enseña que hay trece atributos de compasión, que corresponden a los trece principios de la lógica de la Torá, pues la Torá está centrada principalmente en torno a la compasión.

 

Debemos hacer todo lo posible por emular al Creador: así como Él es compasivo, nosotros también debemos serlo. Una de las tareas principales en el refinamiento del carácter es canalizar la ira en compasión. O sea, cada vez que una persona siente el impulso a enojarse con alguien, en lugar de enojarse, debe respirar profundamente y ponerse a pensar.

 

Una vez que se ha calmado, debe tomar la firme decisión de evitar las palabras duras, y en especial los insultos y el menosprecio. Segundo, debemos recordar que la compasión es el “oxígeno” de la Creación y debemos recordar que el Creador no quiere que nos enojemos. De hecho, es bueno pedirle al Creador que irradie Su rostro compasivo sobre nosotros para que podamos sentir compasión por la otra persona, en vez de enojo. Hashem va a estar muy feliz de ayudarnos, ya que a Él Le importa más el honor de Sus criaturas que Su propio honor. Por lo tanto, hagamos de la protección de la dignidad ajena una prioridad en la vida, porque de esa manera estamos preservando la dignidad de Hashem. Y cuando uno honra al Padre, está honrando también a Sus hijos.

 

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