Uman: limpieza a fondo

Llegamos a Uman un viernes a la tarde, varias horas antes de Shabat...

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Jana Kogan

Posteado en 19.08.18

 

Yo quería saber a qué se debía todo el bullicio…

Mi hijo, el breslevero, había estado en Uman tres veces. La idea de visitar Uman ya hacía rato que me daba vueltas por la cabeza, pero ahora decidí tirarme a la pileta.

Mientras nuestro grupo avanzaba en el minivan a toda velocidad a través de los bosques de la ruta a Uman, sentí que algo me atraía hacia Rabí Najman. Jamás había sentido algo así (y ya habíamos estado de visita en otras tantas tumbas de tzadikim).

Llegamos a Uman un viernes a la tarde, varias horas antes de Shabat. En la tziun (tumba), encendí velas, puse dinero en la caja de caridad y me dirigí a la sección de las mujeres, una sala muy grande capaz de contener más de 200 personas. Tomé un libro de oraciones del estante y me senté en uno de los bancos.

 

El Baal Shem Tov hizo un comentario del Salmo 37:29 ─“Los justos heredarán la tierra y habitarán allí por siempre”─  que las tumbas de los justos tienen la santidad de la Tierra de Israel. Yo doy testimonio de que eso fue lo que sentí. ¡Estar en la tziun de Rabí Najman es como estar en Israel!

 

Empecé a hacer la vidui (confesión), la confesión que es un recuento de todas las transgresiones de cada letra del alfabeto.

 

A las 4.30 de la madrugada del Shabat volví a la tziun con un Tehilim – Salmos que le pedí prestado a una amiga. Y tomé un Tikún Haklalí del estante y me senté. Me tomé mi tiempo. Primero leí cada uno de los Diez Salmos en hebreo, luego utilicé el libro interlineal para leer el Salmo en inglés.

 

 

En el Salmo 77 llegué al pasaje que dice: “Recuerdo mi melodía de noche; hablo con mi corazón y mi espíritu busca” e hice una pausa, sorprendida de que Asaf, el autor de estas palabras, supiera exactamente cómo me sentía. Porque había estado empantanada desde que mi novela había sido publicada. Incluso tal vez desde antes.

 

Hashem, quiero volver a ponerme en carrera. Pero ¿cómo? ¿Qué quieres que haga, Hashem?

 

Completé el resto del Tikún Haklalí, el Remedio General, y lo devolví al estante. Entonces me acerqué a la tumba propiamente dicha y comencé una sentida sesión de hitbodedut (plegaria personal).

 

Después de varios agradecimientos iniciales, empecé a pedir compasión para poder abrir los bloqueos que estaban impidiendo que la shefa (abundancia Divina) llegara hasta mí.

 

De repente, en un regalo de inspiración Divina, me di cuenta de que mi “rama” materna a partir de la cual habían surgido las ramas de mis hijos solteros las había “infectado”. Dado que yo era su “mashpía” (influencia), el bloqueo había pasado a través de mí a ellos. ¿Quién podía asegurarme que su soltería no se debía a mi estado?

 

Cuando me vino este pensamiento me puse a llorar. Yo no suelo llorar a menudo así que sentir las lágrimas fue por un lado un shock pero por otro, un alivio. No sé cuánto tiempo lloré o cuánto tiempo me quedé en la tumba antes de retornar al banco. Pero después sentí que se había abierto una puerta a mi corazón, del cual había salido el más extraordinario tesoro.

 

Siempre había pensado de mí misma como la hija de mi padre, sin pensar en mi madre. Además no soportaba nada que simbolizara la suavidad y la vulnerabilidad: los colores femeninos (¡rosa!), la ropa femenina, las actitudes femeninas…

 

Pero en ese momento de encuentro con mi verdadero yo interior me di cuenta de que en gran medida soy la hija de mi madre: tengo su mismo sutil sentido del humor, su talento para la escritura, su apreciación musical, su profundidad espiritual…

 

Y como si todo esto no fuera suficiente, ahí mismo se abrió una puerta a mis deseos más profundos y salió un deseo que había estado encerrado dentro del corazón durante muchos años: ¡quería volver a casarme!

 

¡Qué mañana! Sentí que mi corazón había sido puesto a lavar en una lavadora de dos ciclos.  Y ahora que me había limpiado de todas las manchas, Hashem estaba cubriéndome de “acondicionador”, de mucho amor y apoyo, para que yo pudiera resplandecer con todo mi brillo.

 

Pero esperen… todavía hay más.

 

Después de la Havdalá, volvimos a la tziun de Rabí Najman para el pidión nefesh (rescate del alma), el método de anular los malos decretos y asegurar fertilidad, salud, sustento, casamiento y éxito en general.

 

Cerré los ojos mientras la organizadora del viaje decía los versículos correspondientes y cuando pronunció mi nombre en hebreo, literalmente vi una cascada de colores (amarillo, verde, blanco, plateado, azul) bajando a mi corazón. Como si Hashem hubiera hecho otro ciclo más de enjuague en la lavadora gigante…

 

Algo maravilloso…

 

Al oír mis entusiastas reminiscencias después de que volví a casa, mi hijo breslevero me dijo: “¿Ahora entiendes por qué yo voy a Uman cada Rosh Hashaná?”.

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1. eva vela

8/14/2020

Qué en señansa tan hermosa que me llegó al corazon

2. Maria janeth

8/30/2018

hermoso

Hermoso todo lo que publican pero no puedo visitar la tumba de ninguno de los sabios... Que podemos hacer los que no vivimos en Israel

3. Maria janeth

8/30/2018

Hermoso todo lo que publican pero no puedo visitar la tumba de ninguno de los sabios... Que podemos hacer los que no vivimos en Israel

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